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miércoles, 7 de diciembre de 2016

Que sí, que el Atleti está fatal y tal


Bayern 1 - Atleti 0

No hay más que consumir mierda para que tu vida sea una ídem. O verse dos partidos del Atleti al año para sentar cátedra sobre el juego de los del Cholo. Esto, por sabido, no deja de ser cargante... pero lo que más llama la atención es que los propios seguidores del Glorioso, los que se ven todos los partidos, los que conocen su historia, defienden sus valores y son conscientes de dónde estamos y por qué (aunque sería más exacto decir "por quién") se contagien del virus fatalista, tremebundo y apocalíptico que, de tanto repetir, acaba por calar en las filas de los nuestros: "el Cholo tiene los días contados". En fin... el propio argentino dijo ayer que sí, que lo que vosotros queráis, que se va a ir a entrenar al Inter y al Lazio y al Sevilla y a lo que os apetezca, pero que ahora, aunque os joda un rato, está en el Atleti haciendo partidos asquerosos y perdiendo y eso. O lo que es lo mismo, que estamos clasificados primeros de grupo en la Champions, que quedan dos tercios de Liga y nos separan nueve puntos del primero habiendo jugado con todos los de la parte alta de la tabla y que en Copa seguimos vivos con una goleada a un Segunda B de esos que nos eliminaba antes de que llegara este tipo que sueña con irse del Atleti aunque no lo diga. En fin, santa paciencia. Y que sí, que el Atleti está fatal y tal.

En 113 años de historia atlética los cinco últimos, con el Cholo, han sido los mejores. Nunca hemos ganado tantos títulos en menos tiempo ni hemos llegado tan lejos en la máxima competición continental: Una Europa League (Bucarest), una supercopa de Europa (al Chelsea que lo ganaba todo), una Copa (al Madrid en el Bernabéu), una Liga (al Barsa en el Nou Camp), una supercopa de España (otra vez al Madrid), y dos finales de Champions que no perdimos, que nos tuvieron que ganar con una prórroga y con unos penaltis. Pero sí, que sí, que el Atleti está fatal y tal.

Alarmistas de mierda

El partido de ayer en Múnich fue algo así como celebrar tu cumpleaños el día de Reyes. No das valor a los regalos. Te confundes. Y no sabes si tienes que estar contento porque han venido los Magos o porque te cantan el cumpleaños feliz. Y te da por sentir que has perdido un día de celebración, o que si no coincidieran tendrías más regalos. Y de tanto quejarte y llorar por las esquinas, se te pasa el día y ni Reyes ni cumple. Que es lo que les pasa a los atléticos sin memoria. Y a los que comen mierda. Me explico: Ayer jugábamos contra el Bayern de Múnich, repito Bayern de Múnich, en su campo, en Champions, con la clasificación asegurada, con el primer puesto asegurado. Así, como suena. Y lo puedes volver a leer. Temporada 2016-2017. Máxima competición europea. Clasificados automáticamente. Primeros de grupo pase lo que pase. Y contra el Bayern de Múnich. Esto, queridos amigos, ni en el mejor de nuestros sueños habría ocurrido antes de que llegara Diego Pablo "el Cholo" Simeone. Así os lo digo. Y sí, el partido fue un truño. Pero es que hay que ganar cinco de cinco para poder permitirte el lujo de jugar con unos cuantos de los menos habituales (Lucas -tremendo partidazo del francés-, Vrsaljco, Savic, Gaitán, Saúl, Thomas, Correa...) y, aún así, mantener a raya al tremendo equipazo teutón. Al final el partido se decidió por un gol imparable de libre directo. Y que sí, que el Atleti está fatal y tal.

Ahora a esperar rival en octavos. A no consumir porquerías y a animar a los nuestros. Que no se nos meta dentro el virus de los nuevos ricos. Disfrutemos cada partido como si fuera el último. Pero insisto, que sí, que el Atleti está fatal y tal.

Dale, dale alegría a mi corazón...

jueves, 29 de septiembre de 2016

Tocando el cielo con los pies en el suelo


Atleti 1 - Bayern 0

Dice mi hermano que el Calderón de Champions no se parece al Calderón de Liga. Que se nota que viene mucho atlético de fuera con ganas de fiesta, con ganas de animar, con ímpetu renovado y sin los vicios que provoca el tener el Atleti tan cerca, tan a mano, tan de ir en metro o dando un paseo. Y creo que tiene toda la razón. Y que, además, le pasa lo mismo al equipo. Nada que ver el Atleti de Champions con el de Liga. Pero nada de nada.

La previa

Ayer la noche se presentaba tranquila. Era el primer partido en casa de esta competición que tenemos clavada como una estaca en el corazón. Nos estrenábamos después de haber conseguido los primeros tres puntos en un gran partido de estrategia y pundonor en Eindhoven, ante los holandeses del PSV. Y enfrente teníamos al todopoderoso Bayern teutón, un equipazo con más estrellas que el escudo de la Champions y que ahora entrena Ancelotti, el italiano que nos ganó la final en la prórroga de Lisboa tras empatarnos en la prolongación del descuento.

Ya les habíamos ganado el año pasado cuando el entrenador era Guardiola y Saúl se inventó uno de los mejores goles de la competición. Hasta aquí nada nuevo. A mí, ya digo, me valía con puntuar. Me valía con un empate. Mucho más después de oír a los del megaequipo bávaro declarar que a ellos también les parecía un buen resultado salir con un punto del Calderón. Esto, ya digo, pensaba hasta las 19:30 que quedé con mi hermano y con mi amigo Alberto. Ahí la cosa cambió. Y, de repente, se me metió muy dentro que íbamos a ganar 2-0. No sé si fue el ron, la cerveza o fruto del ambiente previo que se monta en torno al Vicente Calderón (cómo lo vamos a echar de menos).

Al entrar al estadio nos encontramos enfrente, en el primer y segundo anfiteatro del fondo norte, nada menos que ocho "cuadrados" (sectores) de aficionados bávaros, teutones, "comesalchichas", alemanes que deben de andar sobrados de guita y con facilidad para pedir el día libre. Os recuerdo que ayer era miércoles y el partido a las 20:45. Me cuesta entenderlo, aunque me encantaría tener su misma disponibilidad económica y horaria. 


Intentaron los muniqueses entonar algún cántico sin éxito. Cada vez que se ponían a ello les tapaba un Calderón enloquecido a una sola voz. Impresionante -otra vez- el ambiente de Champions -una vez más- en la grada de ayer -y van enecientas-. El campo no dejó de animar. Hoy he desayunado ponche con yema de huevo para recuperar la voz. Tremendo.

El partido

Hacía tiempo que no veía un Atleti igual. Es más, no recuerdo haber visto un partido tan completo al equipo como el de ayer noche. Casi todo lo hicieron bien. Casi todos jugaron a un altísimo nivel. El equipo era un engranaje perfecto en defensa y un auténtico puñal en ataque. Las ocasiones se sucedían y se veía que acabaríamos por marcar. Desde el inicio nos fijamos en Carrasco. Era el más flojo. Perdió hasta cinco balones ante nuestra desesperación: "está blandito", "no está en el partido", "parece un flan" comentábamos en la grada. "Ya sabemos quien va a marcar", bromeé con los de la Peña Villaverde. Y ¡zas! Carrascazo al canto. Aunque a decir verdad, antes de que soltase un latigazo ajustado al interior de la base del poste, todos le gritamos indicándole que pasara el balón a un Fernando Torres absolutamente solo y desmarcado. Menos mal que la bola entró. Golazo del belga que había sido el más flojo en defensa. Golazo de un futbolista que ya había avisado antes con un zurriagazo que sacó Neuer en una parada de mucho mérito -aunque la de Oblak lo fue mucho más por encontrarse el rematador mucho más cerca de la portería-. De Torres no digo nada porque no hay adjetivos suficientes para el partidazo que se marcó ayer el de Fuenlabrada. Pero es que todos estuvieron inconmesurables: Oblak, Juanfran, Savic, Godín, Filipe Luis, Saúl, Koke, Gabi, Carrasco, Griezmann y el Niño. Todos. También Gaitán, Gameiro y Thomas el rato que jugaron. Gracias, Cholo. 

En el descanso no apetecía ni cenar. Y eso que había traído chapata rellena de jamón con tomate y aceite (gourmet clásico de las noches de Champions). Estábamos empachados de fútbol del rico y nos estábamos metiendo un atracón de salchichas. Los 4.000 bávaros no sabían si cantar, beber, comer, seguir frotándose los ojos o sentarse, disfrutar y aprender. Mi miedo era saber si en la segunda parte el equipo sería capaz de mantener la concentración, la intensidad y el toque de balón. Y lo hicieron. Incluso mejor.

La segunda parte fue más de lo mismo, incluso con un Atleti más confiado, más seguro, más afilado y afinado. Ancelotti hizo cambios para proteger a los que tenían tarjeta y evitar que fueran expulsados (el árbitro no fue rígido y les perdonó la segunda amarilla a Thiago, a Müller, a Vidal y a Boateng) y pensando en fortalecer el centro del campo y tirarse un poco más al ataque. Filipe recortó en el área rival y el chileno Arturo Vidal le arrolló como un trolebús: penalti de libro. 

Griezmann lo volvió a estrellar en el larguero. Es el segundo en un partido de Champions. Esta vez no fue decisivo. Quizá el único punto negro del partido. Mi pregunta es ¿por qué coño no los tira Koke? ¿O Gaitán? ¿O Gabi? ¿No hay ningún especialista en el equipo? Me toca mucho los huevos el rollo de los protagonismos particulares, el hecho de que Gameiro declare que ha venido al Atleti para que Griezmann gane el balón de oro, o la bota de chicle o la madre que parió a Panete. Esto es un deporte de equipo. Si alguno quiere estar por encima del grupo, que cruce la acera. Lo mismo pienso de las celebraciones ridículas rodeadas de márketing y soplapolleces. Griezmann es muy bueno, un grandísimo jugador. Espero que no se 'ronaldice' más o acabaré cogiéndole el mismo repelús que al portugués. Respiro. Vuelvo a respirar. 

Un último apunte. El árbitro polaco descontó más de cinco minutos permitiendo a los alemanes rematar a puerta una última vez. Mal el colegiado alargando más de lo necesario y mal el Atleti desquiciado con el descuento y permitiendo el cabezazo final. Dicho lo cual, partidazo histórico, liderazgo, seis de seis y a pensar en el Valencia, en las pantallas gigantes, en los 50 años de Vicente Calderón y en el 'tocomocho' de la Peineta. El lunes tengo cita para elegir asiento. En fin, que no quiero dejar de disfrutar el momento que estamos viviendo, pero que tampoco quiero olvidar quienes somos y dónde estamos. No nos volvamos locos, somos el Atlético de Madrid, un equipo al que el Cholo ha devuelto la gloria que los dueños ilegítimos no le podrán robar. 

Dale, dale alegría a mi corazooooooooooón, la Liga de Campeones es mi obsesiooooooooón.


jueves, 28 de abril de 2016

El Atleti por dentro

Atleti 1 - Bayern 0

Me pedí el día libre. Me conozco y sabía que no podría concentrarme en nada que no fuera el partido. Mi mujer se había ido temprano a una reunión y me tocaba levantar a las crías. A las ocho subo la persiana de la habitación y les doy un beso de buenos días. "¿A que no sabéis quien juega hoy?" "¡El Atleti!" me contestan muy contentas las dos. Y es que siempre seguimos el mismo ritual cada día de partido. "Hoy quiero llevar la camiseta", me dice María, la mayor, que tiene seis años. "Que el otro día me lo prometiste y se te olvidó", me echa en cara porque no sabe que a su madre no le hace demasiada gracia hacer apología rojiblanca entre sus compañeros y amigos de mayoría vikinga e incolora. "No te preocupes que no se me olvida", le digo yo mientras ayudo a vestirse a Lucía, de tres años, que se apunta al carro de la camiseta con su lengua de trapo: "Yo también papá, con el Atleti por dentro", me dice para explicarme que se la ponga debajo del baby. Y tengo que morderme el labio y mandar una orden urgente al cerebro para evitar que los lacrimales comiencen a fabricar agua con sal que delate mi satisfacción y mi emoción. Me contengo y preparo el desayuno.
Entre sorbo y sorbo de leche sigue el interrogatorio: "¿Hoy es un partido importante?" "Ayer me dijo Jose, mi amigo el del Madrid, que ellos han ganado a unos que eran muy buenos". Y les explico despacio que hoy el Atleti juega contra unos alemanes que nos ganaron cuando yo era como ellas. Y que no hagan caso a Jose, que se inventa todo. Que ayer los de su equipo no pudieron meterle un gol a unos ingleses que son muy malos. Y que nosotros somos del Atleti siempre: perdamos, empatemos o ganemos. Siempre. Y Lucía, la pequeña, me pide a gritos: "¡Cántanos la canción nueva, papá, la de 'contigo la final'". Le digo que en la mesa no se grita y le pido a su hermana mayor que la cante conmigo, porque como es una esponja ya se la ha aprendido del tirón: "Los años han pasado... el Frente sigue igual... honrando tus colores... por toda la ciudad... No importa lo que pase... no nos separarán... Atleti yo te amo... contigo hasta el final... Alé, alé, alé..." y levantamos los tres la mano como si agitáramos la bufanda. "Venga, chicas, que hay que lavarse los dientes y se nos echa la hora encima".

Preparamos la fruta para el recreo y se ponen la camiseta del Atleti por debajo del baby y de la chaqueta. María lleva el 7 de Griezmann en la espalda. Lucía el 6 de Koke. Son camisetas piratas. Las compré el año pasado en un mercadillo al norte de Benín, en Toko-Toko. Cada una, con su pantalón, me costó 1,5 euros al cambio. A punto estuve de llevarme el tenderete completo. 

Llegamos al cole y después de darme un beso en la puerta, María me pregunta si las voy a ir a buscar. "Claro, hija. Vengo a por vosotras y así me dais un abrazo como si hubiéramos marcado un gol. Que el partido es de noche y no lo vais a poder ver. Así, con el abrazo del gol y soñando que vamos a ganar, seguro que los alemanes no tienen nada que hacer". Y María, que es lista como una ardilla, me suelta: "Claro, papá, porque cuando tú eras como nosotras nos ganaron y hoy nos toca a nosotros ganar". Y me deja con la boca abierta, sin posibilidad de lanzar a tiempo la orden para contener las lágrimas al hemisferio cerebral pertinente. Y las dos entran corriendo al cole mientras algunas madres se me quedan mirando con cara de preocupación viendo a un tipo sonriendo, con lágrimas en los ojos y vestido del Atleti en la puerta del cole del barrio, a las nueve de la mañana, un miércoles de abril, mirando a sus dos hijas con la rojiblanca asomando bajo la chaqueta, por el cuello del baby. Con el Atleti por dentro.