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domingo, 17 de septiembre de 2017

Los ritmos del Metropolitano



Atleti 1 - Málaga 0
Inauguración del Metropolitano 

Por fin nos juntábamos con la familia atlética. Muchos meses a golpe de whatsapp deseando que llegara este momento tras la triste y emotiva despedida de nuestro Vicente Calderón. Cuarta jornada contra un Málaga cerísimo (cero puntos y cero goles) dirigido por un madridista de la Ciudad de los Ángeles (Villaverde) y donde juegan su hijo Adrián y Borja Bastón, canterano del Atleti y vecino del mismo barrio que Míchel, Michel, Michel... (no pudimos contenernos. Y no es homofobia, es tradición e historia. Que le pregunten a Valderrama si no).

Cambio de ritmos y de rutinas. De espacios y tiempos. Era el día de la inauguración del nuevo templo atlético, del Metropolitano que ya sustituye al Vicente Calderón. El partido, uno de los 18 que jugaremos esta Liga en casa, contra un equipo que ni fu ni fa. Horario de bocata. Pero con los nervios, todos bien pronto en los alrededores de la antigua Peineta para inspeccionar, localizar, marcar el territorio y, los más impacientes, a hacer cola para entrar.

La SAD montó atracciones para niños y mayores en la inmensa explanada encementada que rodea el Metropolitano (me niego a usar el Wanda de esta panda). Colas interminables para los baños químicos. Colas considerables para las atracciones infantiles. Colas insoportables para los tickets de las copas y las cervezas que se dispensaban en furgonetas muy hipsters y "modelnas" con nombre anglosajón (food trucks) en sustitución de los bares tradicionales inexistentes en los alrededores. Porque el Metropolitano es acojonante, pero está en un descampado. Hay terreno suficiente para sembrar trigo, cebada, marihuana o lo que quiera que le den al nuevo Indi para tener esos ojos tan espídicos. Nuevos ritmos, nuevas costumbres, nuevos tiempos y odio eterno al fútbol moderno. Que sí, pero que no. 

Nosotros logramos escabullirnos porque conocemos bien Las Musas y Canillejas. Fuimos primero de bares, y después a las "fudtrac". Rodeamos el Metropolitano y vimos a Manuel Briñas esperando en la entrada del túnel de los autobuses de las dos plantillas. A Capón con una joven guiándole por entre las atracciones infantiles. Saludamos a algunos miembros de la Peña Los50 implicados en poner ritmo de "rocanrol" en los alrededores del nuevo estadio. Hicimos fotos a la bandera con el logotipo enderezado y a la placa de Arteche después de comprobar que la del traidor mexicano era la que más expectación y residuos concentraba a partes iguales.

Nos encantó el gran aparcamiento para los autobuses de las Peñas rojiblancas junto al Metropolitano. Nos extrañó que no hubiera ni una escalera mecánica para subir a lo alto de la zona de la antigua Peineta. Ni a ninguna de las otras gradas. Tampoco vimos ascensores. Cosa rara en el siglo XXI. Demasiada escalera para mi gusto.

Ya dentro del estadio todos nos quedamos maravillados. Nosotros seguimos en el fondo sur, encima del Frente Atlético. Entramos en cota cero. Cero escaleras. Ni lluvia, ni sol. Baños de sobra y limpios. Asientos amplios y pasillos anchos. Nos han dejado el viento. Y seguro que encontramos pronto algo de lo que quejarnos como los nuevos ricos cuando pasan de un piso de 90 metros sin garaje a un ático con piscina y pádel en urbanización con vigilante privado. El wifi de Wanda ancha, muy bien, pero con la contraseña "madridistashijosdeputa" tampoco funcionaba.

En el asiento abatible e ignífugo una bandera conmemorativa de tela. De tela!!! Nos la llevamos a casa después de agitarla sin descanso al tiempo que aprendíamos, a golpe de golpes, a bajar el asiento del culo para sentarnos después de habernos levantado. Uy!!

Y comenzó el sarao de la inauguración. El campo no se llenó. Y nunca se llenará. Hay demasiadas zonas VIP para un equipo con una afición tan popular (y peculiar). Los huecos que vacíos correspondían a estas zonas de guiris y adinerados, de gente cool y guapa que la SAD quiere traer al Metropolitano que llama. Wanda para llenarse el bolsillo y seguir forrándose el riñón vendiendo una experiencia en la que los aficionados y abonados formamos parte de su espectáculo. Nos convertimos en figuración con nuestros cánticos y danzas para alimentar su negocio con nuestra pasión. Otros ritmos, los mismos timos.

El ritmo de la inauguración fue trepidante. Y como dice Jose, hermano de fondo y padre de Darío, mezclaron churras con merinas, minutos de silencio en recuerdo al fallecido socio número uno con la ovación de agradecimiento al rey colchonero, El Preparado, el sexto. La patrulla Águila pintó la bandera en el cielo redondo del nuevo campo y, aunque somos más de la Patrulla Canina, aplaudimos a los paracaidistas que salían del campo con la bandera de España al tiempo que Gárate, Torres y Hugo hacían el saque de honor y el de la megafonia avisaba que después del partido nos quedásemos justo antes (o a la vez) que su voz era atropellada por el himno del Calderón a un volúmen ensordecedor. Y mira que gritamos. Porque durante toda la previa el Frente y el público del Metropolitano alzó fuerte la voz. Fallaron los ritmos. Abarcar mucho en poco tiempo. Las prisas. Los miedos. Hacer las cosas sin consultar y no dejar espacios ninsilencios no sea que los atléticos se puedan manifestar. La dictadura de la modernidad, de los delincuentes del palco, de los ilegítimos propietarios que cambian escudo, campo y lo que haga falta a fin de engrosar sus ingresos. Y todo sin preguntar.

El partido fue lo de menos. El Atleti salió a no perder. A marcar en el segundo tiempo en la portería del
fondo sur. Los futbolistas estaban más pendientes de la grada que del balón. De si los videomarcadores dejaban otra vez de funcionar que de su par. De si se escuchaban los cánticos en todo el estadio que de presionar. El Atleti tuvo el balón, estuvo en el campo del Málaga, pero no creó peligro. Sólo Correa se mostró con ganas. La defensa, muy sobria y segura ante un equipo inofensivo como el Málaga paralizado ayer ante los fuegos artificiales del estreno del Nuevo Metropolitano. Oblak tuvo dos intervenciones de mérito. Un mano a mano con Borja en la primera parte que sacó con unos reflejos  prodigiosos y un lanzamiento por arriba en la segunda mitad que tocó lo justo y necesario para evitar el empate.

El gol lo marcó un desaparecido Griezmann adelantándose a la defensa tras una jugada eléctrica de Angel Corazoncito Correa. Justo cuando Torres estaba en la banda sin la sudadera para entrar por el gabacho. Desconocido, ausente y más centrado en su Twitter y sus anuncios que en hacer lo que mejor sabe: jugar como Dios al fútbol.

Tres puntos. Estadio estrenado en Liga. Me encanta el Metropolitano. Lástima que con estos dueños los aficionados seamos mera figuración a la que seguir exprimiendo. No queda más que resignarse, que coger el ritmo, que adaptarse a los nuevos tiempos. Es lo que tiene estar enamorado del Atleti, que. Onlo pueden entender, que no se puede explicar.

"Muchaaaaachos, hoy viajamos juntos otra veeeeez..."

Aúpa Atleti. Siempre. 


miércoles, 25 de enero de 2017

Hermanos rojiblancos

 
Los seis de Los50 desplazados a San Mamés.

Athletic 2 - Atleti 2

"Habéis venido de Madrid? Pues buen regreso. El partido, bonito, no? Y el empate justo" Todo dicho con el inconfundible acento de Vizcaya. Era el resumen que hacía un orondo y vasco seguidor del Athletic Club después de aplaudir a los jugadores y antes de darme la mano en un gesto espontáneo de hermandad rojiblanca y rivalidad futbolística en la grada de San Mamés.

El partido se nos puso de cara muy pronto con el tempranero gol de Koke que pareció de Griezmann. Pero el equipo sesteó durante 30 minutos pensando que enfrente estaba el Betis y haciendo como que no se daban cuenta de que jugábamos en el maravilloso estadio de San Mamés. El Athletic se percató de la situación y fue adueñándose del partido por la incomparecencia de los nuestros. Hasta tal punto que, en un ataque intrascendente, Filipe se hace daño, se queda cojeando y, cuando arranca para molestar el disparo de Lekue ya era demasiado tarde. Gol. Fin de la primera parte. Un tiro a puerta en cada portería y empate a uno. El nuestro nada más comenzar y el de ellos a punto de terminar.

La segunda parte fue todo intensidad. Comenzó el Athletic muy serio y al Atleti de le veía con posibilidades de remontar. Un fallo en la salida de balón con Godín tratando de echarse el equipo a la espalda hace que Raúl García ponga un balón en el hueco dejado por el uruguayo para que De Marcos remate rodeado de defensas que esperan a Godín como quien espera el 18. Gol. 2-1. Los leones, sin Beñat y sin Aduriz, nos acababan de remontar. El Cholo mueve rápidamente el banquillo y saca primero a Torres por un Gabi amonestado. Al poco, cambio doble,  Gaitán y Correa por un Gameiro al que se le acaba el crédito (aunque le sobra el esfuerzo) y un Carrasco que juega pensando más en su lucimiento particular que en sumar para el equipo. Parecía que los Cholocambios no iban a funcionar pero... Griezmann mete un golazo y se lo anulan por fuera de juego. En el campo pareció más que dudoso, en la repetición no. Gol legal (ay el ojo de halcón, ay el videoarbitraje) Ahí empezamos a apretar. Un crío del Atleti que había venido con su padre y se sentaba dos filas más arriba gritaba sin parar: "presionad más, que acabáis de salir". Y parece que Correa, Gaitán y Torres le escucharon. El de Fuenlabrada recupera un balón, se la pasa al francés y el zurriagazo es tan genial que los seis de Los50, a pesar de haber hecho propósito de moderación, nos levantamos como un resorte y explotamos en gol. Abrazos, celebración y los de La Txapela de Neptuno, (presentes en la zona acristalada de la afición visitante) vuelven a la carga con los cánticos otra vez: "Atleeeeeti, Atleeeeeeti, Atleeeeeti". Estos valientes no dejaron de animar a los nuestros con el consiguiente enfado y respuesta de la afición local. Eran 20 gargantas vizcaínas del Glorioso contra 45.000 del Athletic. Se les oía a los del txoko de Sarriko. Y mucho. 

Valverde se temió lo peor y nosotros deseábamos lo mejor. Hizo un cambio para perder tiempo y el partido terminó. Si llega a durar cinco minutos más nos traemos los tres puntos. Aún así, seguimos sin perder en el nuevo San Mamés, un campo espectacular con una afición ejemplar. Nos traemos un montón de amigos, una experiencia increíble compartiendo mesa y cánticos con nuestros hermanos de La Txapela en su sede (gente increíble), una previa con otros miembros de Los50 y allegados que fueron con la familia (Javi, Carlos Treviño, Rubén Amón...), el ratito de risas con los de Cuatro, los zuritos, un chuletón a la carrera y las confidencias durante el viaje, entre surtido de chistes y regalos flamencos de piel de gallina. Ser del Atleti, es lo que tiene. 

Ya tengo localizada en Jaén la Peña "Los colchoneros" en la Taberna Pepón. A ver si acabo a tiempo para ver a los nuestros contra el Eibar. Ojalá la Copa. Ojalá en el Calderón. Ganarla sería el mejor colofón.

Aúpa Atleti. Siempre.

lunes, 2 de junio de 2014

Lisboa: el campeón no siempre gana



"Te he visto por la tele". Este fue uno de los mensajes que más pude leer en mi móvil después de que el Glorioso no lograse rematar la mejor temporada de sus 111 años de historia en Lisboa. Pero el más repetido de todos fue este otro: "Felicidades, campeón". Un mensaje que me hacía recordar una y otra vez por qué soy del Atleti. Un mensaje que hacía brotar de nuevo las lágrimas de la felicidad que algunos confundieron con lágrimas de tristeza, de amargura, de rabia o resignación. 

Al parecer las cámaras de la UEFA eligieron nuestro sector rojiblanco para captar los recursos necesarios en toda retransmisión. En varios momentos se me pudo ver mostrando mis nervios y, sobre todo, animando al equipo. En la imagen que encabeza este texto he puesto la que considero más representativa. Es en la segunda parte de la prórroga. El Atleti había recibido ya varios goles, aunque la final la habíamos perdido cuando Godín perdió la marca de Sergio Ramos y Tiago no pudo enmendar el desmarque del de Camas aprovechándose de una pantalla en un saque de esquina cuando habían pasado tres minutos del tiempo reglamentario. Justo en un córner, que es lo que mejor hemos defendido (y atacado) durante toda la temporada. Justo en el descuento, que es donde este año hemos espabilado jugando cada minuto como si fuera el último. 

En la foto se me ve con la bufanda en alto, animando, orgulloso y agradecido, al equipo que me llevó hasta mi primera final de Champions. Al equipo que acababa de hacer el milagro de ganar la Liga de los millones, al equipo que, desde que nacieron mis hijas, no ha dejado de ganar (Europa League y Supercopa de Europa 2010 y 2012), ganar (Copa 2013) y ganar (Liga 2014). Pero lo que es más importante, el equipo que me ha hecho soñar despierto y despertar en un sueño. El equipo poderoso con una plantilla normalita que no ha perdido ni un solo partido esta temporada en el Calderón. El equipo campeón que no siempre gana. 

El bueno de Luis Aragonés (al que recordamos con nuestros cánticos una y mil veces antes y después de dejarnos esta temporada) tenía entre sus consignas para la motivación la famosa frase: "del subcampeón nadie se acuerda". Siempre lo decía con la boca pequeña. La frase es completamente cierta pero, como todo axioma, tiene su excepción. Y el Atleti, su Atleti, era esa excepción que todo el mundo recuerda. 

Él formó parte del Glorioso que disputó la otra final de Copa de Europa que el campeón no ganó. Ese partido que también perdimos cuando nos empataron. También en la prolongación arbitraria y arbitral. Ese trofeo que la historia nos debe y que, aunque no esté en nuestras vitrinas, es más nuestro que ningún otro. Esa competición que el Atleti ha engrandecido demostrando, cuarenta años después, que el campeón no siempre gana.

Por un año maravilloso. Por la Liga, por la final de Lisboa, por el partido de Copa contra el Sant Andreu, por demostrar a los que no son de los nuestros, partido a partido, latido a latido, que ser campeones no es una meta sino una actitud. Gracias. Gracias. Gracias.

Aúpa Atleti.
Siempre.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Desde Rusia: "Mi primera vez, a cinco bajo cero"

Champions League

Zenit 1 - Atleti 1




Mi primer día....

A un fan del baloncesto como yo, que en una noche gélida de ya casi diciembre, en Rusia, tiene la feliz ocurrencia de ir a ver un partido de fútbol le pueden ocurrir muchas cosas pero la única que es segura es que a pesar de la ropa de abrigo, de las estuf(ill)as que había en la tribuna, de los incansables intentos de calentarnos con té o vino caliente sin alcohol (oiga, que esto es deporte), el frío tarde o temprano te entra en los huesos y te arrepientes de ese momento en el que te animaste a cambiar el calor del pabellón por el "fresquete" del estadio.
Pasas mil y un controles, alguna que otra cola que los rusos hacen sin rechistar (están muy bien enseñados) y por fin estamos en los aledaños del estadio. Colores por todos los lados, sonidos, cánticos, olores y sensaciones... muchas sensaciones.. Niños, adultos, abuelos, andando, corriendo, en carritos, en sillas de ruedas e incluso con muletas...¡Pasen y vean señores, esto es fútbol!

El partido en sí (quizá porque no fue el mejor que podía haber visto) no me llamó mucho la atención. Bueno, miento, me llamó la atención cómo podían los futbolistas, árbitros y demás familia aguantar el frío que debía hacer allí abajo (aproximadamente -5 graditos). Sobre todo los porteros que según me pareció tienen el trabajo más difícil de todos. ¡El Cholo que no se sentó ni un minuto! Increíble el pibe...

Sin embargo, me gustó mucho el ambiente que se respira en un partido de fútbol. No sé si será sólo en Rusia o si en todos los sitios será igual pero aquí los del fondo de estadio no pararon ni un momento. Todo el rato se les oía cantar, aplaudir, gritar, siempre con las banderas en movimiento y una fe inquebrantable en que su equipo iba a ganar. Me pareció increible cómo apoyaban a los jugadores. En ese momento creo que el jugador se debe sentir el rey del mundo, debe sentir cómo le hierve la sangre y entonces sí, dar todo lo que lleve dentro, y entonces sí, aguantar los -5 y todo lo que venga.

Cuando veía los partidos de fútbol con mis amigos (socializar siempre se me ha dado bien) siempre decían en la tele que el público es el jugador número 12, y creo que no cabe ninguna duda de esto. Eso te tiene que hacer volar. Ver que no sé, veinte mil personas te animan y te apoyan tiene que dar mucha seguridad y coraje para romper las líneas enemigas.

El primer gol del partido me lo perdí porque seguía esperando en la cola para comprar algo con lo que calentar estos 100 y algo kilos que ahora escriben. Oí un murmullo que de repente se convirtió en grito y eso, resultó ser el que iba a ser el primer gol en directo de mi vida. Cuando volví a mi asiento con un té calentito y un hot dog recalentado, resulta que el atlético iba ganando 1 a 0. 

Después de todo, al final resultó que mi primer gol en directo, fue uno en propia puerta ya ves. El pobre portero del Atlético se quedó paralizado (lo entiendo) y se le coló sin decir esta boca es mía. Después de esto, la locura de los fanáticos del fondo fue en aumento y empezaron a quitarse las camisetas (a modo informativo esta es mi vestimenta para el evento, aunque las comparaciones son odiosas: pantalón interno térmico, camiseta interna térmica, pantalón de pana, camiseta de manga larga, sudadera gordita, cazadora de nieve para -20 grados, calcetines polares, botas de nieve, bufanda del partido en el cuello y braga  térmica debajo, gorro de lana, gorro de la sudadera y gorro de la cazadora, guantes finos y encima los gordos) y a brincar como posesos animados por esa fe inquebrantable (y algunas botellas de vodka) en que su equipo ganaría. 

Al final, todo terminó como empezó aunque con más frío, menos dinero en el bolsillo, muchas ganas de volver a casa, recuerdos de la buena compañía y un poco de decepción por no haber visto aquel atlético del que siempre me hablan Santi o Artevic o del que dicen que está ilusionando tanto este año. 


Quizá la próxima...


Aunque si ni Napoleón pudo...



Óscar Rodríguez García y yo estuvimos en el mismo grupo scout, en "La Flecha" de Salamanca. Él es más joven y yo más pequeño. Seguimos en contacto por las nuevas tecnologías. Óscar es licenciado en filología árabe por la Universidad de Salamanca y máster en lingüística aplicada a la enseñanza de ELE por la Universidad Antonio de Nebrija. Se dedica desde hace más de 8 años al mundo de la enseñanza de español como lengua extrajera. Primero sus estudios y después su carrera profesional, no han hecho más que fomentar en él su ya de por sí desbordante deseo de viajar y conocer mundo, culturas y personas que es su principal vicio y necesidad en la vida. Actualmente es jefe de estudios del Centro de Lengua Española y Cultura Adelante, en San Petersburgo, trabajo que simultanea con la elaboración de manuales y materiales de enseñanza de español y de árabe marroquí como lengua extranjera.