Sin portero el resultado hubiera sido el mismo. Lo primero que he hecho al llegar a casa desde el atasco del Calderón ha sido ver las estadísticas. El Villarreal ha tirado cuatro tiros entre los tres palos y ha metido los cuatro. Es de risa.
Vengo anunciándolo desde principio de temporada. En el post anterior dediqué un capítulo especial a Leo Franco, ese hombre. Y, para mi desgracia, y la de los 55.000 rojiblancos que hemos llenado esta tarde el Calderón, se han cumplido las nefastas predicciones: A Leo le pasa algo. Los que no estamos metidos en el día a día de los jugadores ignoramos la mayor parte de las cosas que se cuecen en el vestuario, pero al argentino le sucede alguna cosa. ¿Tendrá problemas con su pareja? ¿Los vecinos estan de obra y no le dejan dormir? ¿No se lleva bien con los compañeros de la defensa? ¿Por qué no se besa el escudo ni saluda a la afición de los fondos? ¿Por qué no sale del área, no la pide, no manda, no deja de pisar la raya de gol? ¿Le ha dicho Aguirre que no la coja? Son preguntas sin respuesta.
Siete goles en dos partidos
El miércoles el Sevilla llegó cuatro veces y metió tres. Hoy el Villarreal ha hecho pleno. Leo no ha tocado el balón nada más que en cinco ocasiones y ninguna de ellas era cuando iba entre los tres palos. No ha hecho ni una parada.
Si el otro día Zé Castro cedía el balón con la cabeza y Leo se la comía porque se le ocurrió salir (la única vez en todo el partido). Lo de hoy ha sido de escándalo y lógica pitada en el campo (y eso que yo creo que hay que animarle, no ponerle aún más nervioso). En el primer gol se ha quedado a media salida, en el segundo se ha comido un balón de córner que era suyo, en el tercero no ha hablado con Perea tras la cagada del "negrito" y en el cuarto ha hecho la estatua arrodillada. De pena.
Perea, artista invitado
Lo de Luis Amaranto son rachas. Hoy no ha tenido la tarde. También ha hecho un par de pifias como las de Zé Castro contra el Sevilla, pero se le pueden perdonar porque pone garra, ímpetu, tiene una velocidad descomunal y no todas las tardes son iguales.
Sin embargo, estar tan desafortunado una vez tras otra en la misma tarde tiene que hacerle reaccionar. Insisto, de nada sirve que la grada le silbe, lo único que conseguimos es ponerle más nervioso. Ya le pitaremos luego, hay que animar.Por fin, Simao
Estábamos todos esperando algo del portugués. Y no me refiero al nuevo Maniche (nada que ver con el peñazo del año pasado). Preciesamente el medio centro de la melenita le mete un pase de 30 metros cambiando el juego y Sabrosa se saca un par de quiebros y una vaselina con fuerza que se cuela por toda la escuadra. Era el 2-0 y llevábamos 28 minutos de la primera parte. Nadie se podía imaginar que nos empatarían antes del descanso, que fallaríamos un penalti nada más comenzar la segunda parte, que el Kun apareciese cuando más le necesitábamos poniendo de cabeza el 3-2 y que Leo Franco no quisiese saber nada del partido, de sus compañeros y de los cientos de miles de atléticos que nos veíamos luchando por la Liga. En fin, ver para creer.
Almería y Valladolid
Mi hermano, que tenía hoy un dolor de cabeza inmundo (yo creo que el sol y el Atleti juntos no son buena combinación) dice que ahora comienza la liga de verdad. Que es una pena haber perdido de esta manera, pero que lo que hay que hacer es sacar los puntitos contra el Almería y luego en casa contra el Pucela. Y que valen lo mismo que estos aunque no sepan igual ni sean rivales directos. Y estoy de acuerdo. Ahora hay que ponerse las pilas, seguir sumando, no olvidar la UEFA, evitar lesiones y quitarnos al Granada 74 de la Copa sin demasiadas complicaciones y sin confiarse.
En días como hoy, y aunque cueste un poco: VAMOS, ATLETI, VAMOS.



















