miércoles, 19 de octubre de 2011
En frío pero muy caliente
Granada 0 - Atleti 0
Lo bueno de escribir un blog porque sí, o sea, sin tener compromisos con una empresa que te pague o con una ingente legión de lectores, es que puedes hacerlo cuando te venga en gana. De este modo se disfruta más y nadie te puede echar nada en cara. Sin embargo, uno no puede dejar de tener pendiente una cuenta consigo mismo hasta que se pone a contar cómo vivió y qué vio en el último partido del equipo de sus entretelas. Y a eso voy.
El sábado estaba en Vizcaya, en la margen izquierda de Bilbao, disfrutando de mi mujer, mi hija, los abuelos de mi niña y los hermanos de mi mujer. Comimos todos juntos y lo único que me apenaba era que no podría ver al Sestao River en su primer partido televisado por la ETB contra la Real Sociedad B (ganaron los del River 0-2, bien). Después del cafecito y de renunciar a la siesta metí a mis chicas en el coche y pusimos rumbo a la capital sin idea de ver el partido del Atleti. Más que nada porque jugaban (eso es lo que pensaba a esas horas, que iban a jugar) a las 22:00 horas y yo tenía que levantarme a las 03:00 para coger un avión con rumbo a Roma. De modo que la idea original era llegar, bañar a la enana, contarle un cuento, cenar algo ligerito con mi chica y meter horas de sueño antes de darme el madrugón para ir a Barajas. Pero el Atleti es más fuerte que yo.
Mi mujer no aguantó ni cinco minutos. Me dio un beso y se fue a leer mientras yo me apropiaba del sofá en toda su integridad, colocaba un cenicero a mano y me disponía a ver al Atleti aún a riesgo de no pegar ojo y llegar a la ciudad eterna con unas ojeras del quince y huyendo de las garras de Morfeo ante una reunión de ocho horas que venía preparando desde hacía meses.
Lo que pasó en el partido de todos es conocido.
Han pasado ya cuatro días desde aquello. Supuestamente tendría que estar todo muy frío. Es más, ahora mismo debería de estar especulando sobre las lesiones de Silvio, Salvio y Turán para enfrentarnos en la UEFA al líder del calcio, al Udinese. Pero nada de nada. O mencionar aquí la nueva publicidad del Atleti anunciando una empresa que aún no sabemos qué vende, a qué se dedica o si se confirma que es un pufo más del dúo prescrito. Tampoco. El escozor del empate y el desastre de partido atlético (que no rojiblanco, porque los granadinos hicieron con nuestros colores un partido más que meritorio) aún no me deja centrarme en futuros inmediatos. Y supongo que hasta que no arroje fuera de mí la mala leche de los 90 minutos que perdí de sueño por su culpa, no me quedaré tranquilo. Voy a ello.
Lo de Manzano y su trivote me tiene hasta los cojones. Lo de Manzano y sus experimentos con Juanfran de lateral derecho como si no tuviéramos cantera, no lo soporto. Lo de Manzano y sus gafas de colores, su cara de tristeza, su traje de comunión y sus peroratas al acabar los partidos es ya de traca. No se puede justificar un empate contra el Granada. Y no hablo sólo de presupuestos, ni de historia, ni de los 600 aficionados de nuestro equipo que pagaron un dineral por una entrada en los Cármenes, ni siquiera de los internacionales y el puto virus fifa y la madre que los parió a todos. Lo que no puede ser es que el equipo salga a jugar contra el Granada como si tuviéramos que defender el empate a cero, con un solo punta que acababa de llegar de un viaje de ida y vuelta a Bolivia (que yo me fui a Roma el domingo y el lunes cuando llegué a Madrid estaba medio muerto. Bueno, sí, es cierto que el Atleti me jodió unas horas de sueño y que la cena en el Trastévere se alargó con la grappa y todo eso). En realidad, lo que no puede ser, es que el Atleti juegue sólo con un delantero contra el Granada.
Que sí, que vale, que mucho toque (horizontal e inútil, por otra parte), pero que no podemos jugar sólo con Falcao arriba. Y mucho menos sin meterle un balón en condiciones desde el lateral. Los pocos que le llegaron fueron en vertical y, claro, Falcao remata, pero no le podemos pedir que haga como Agüero, como Forlán, que reciban, controlen, regateen, inventen y la claven (porque, entre otras cosas, siempre tenían un compañero de ataque que les facilitaba toda la maniobra anteriormente enumerada).
Lo de Reyes comienza a ser desquiciante. No sólo quiere meter siempre el gol de la jornada (por lo que falla el gol necesario para ganar un partido) sino que está todo el santo partido revolcándose en el suelo. Cuando le dan y cuando quiere hacer ver que le han dado sin que esto suceda, que es lo más habitual. Está poco fino el gitano. Pero la culpa, insisto, es de un entrenador que tiene más miedo que vergüenza y de unos futbolistas que eran absolutamente geniales en sus equipos de procedencia y que, nada más llegar al Atleti, parece que se contagian de la sinvergonzonería de sus dueños. Parece que esperan a que su trabajo prescriba mientras siguen cobrando. Parece que pueden robarnos impunemente las ilusiones y, lo que es peor, el fútbol que nos ofrecieron durante tres partidos seguidos (Sporting, Racing y Vitoria).
Creo que con esto ya es suficiente por hoy.
Lo que más rabia me da es que yo estaba absolutamente convencido de que este año teníamos mejor plantilla (lo sigo creyendo, que conste). Y también de que este año veríamos, por fin, fútbol del Atleti (no me queda otra que seguir confiando en esto). Esperemos que, como dicen los gurús de las pelotas, sea sólo una mala racha y que el Atleti encuentre su estilo y, sobre todo, el camino al gol. Porque, señores, aún no hemos marcado fuera de casa. A ver si mañana contra el Udinese me compensan desde Italia la mala leche que me llevé yo allí.
Vamos, Atleti, vamos.
lunes, 3 de octubre de 2011
No era el día
Atleti 0 - Sevilla 0
A veces, cuando llego a casa después del partido, me pongo a ver los resúmenes, las tertulias, a hurgar en la red, y me planteo si realmente he estado en el Vicente Calderón. Entonces carraspeo y noto la garganta anestesiada de gritar y fumar, la cara ardiendo de soportar el sol durante toda la primera parte, el sabor a pipas en la lengua y una mala leche propia de las malas tardes rojiblancas. Y claro que he estado en el campo, los que no han estado son esa panda de mangantes que se ganan la vida tirando de título periodístico y rellenando minutos de radio y televisión, de papeles y digitales. Conclusión: no han visto el partido, hablan según les dictan sus bastardos jefes, cuentan la peli siguiendo el guión marcado.
No voy a dar nombres. Entre otras cosas porque no los recuerdo. Soy más de ahorrar materia gris para asuntos realmente importantes. Pero lo cierto es que ayer por la noche, agotado tras el bochornoso espectáculo del antifútbol sevillista, ante la parsimonia y la lentitud del Atleti, oí a varios de estos lameculos diciendo que el Atleti había hecho un gran partido y que le había faltado el gol. En fin. Lo peor es que Manzano había dicho lo mismo en la sala de prensa. ¡Ah, claro! ¡Ahora lo entiendo! Estos tíos que van de periodistas deportivos se limitan a buscarle argumentos y darle pábulo a la voz oficial del club de Gil y Cerezo. O al monigote de turno, al Manzano que toque. De modo que seguí zapeando por la tele y por el móvil hasta que me topé con varios resúmenes donde volver a ver con detalle, desde otro ángulo, con las pertinentes repeticiones y cámaras lentas lo que desde el estadio sólo veo una sola vez desde mi sitio y siempre que no haya algún tonto del culo que se levante de su asiento sin motivo aparente.
Lo que yo vi
Desde mi sitio vi a un Atleti temeroso del Sevilla. A un Sevilla que vino a racanear un punto desde el minuto uno perdiendo tiempo y jugando como sólo ellos saben hacer: el más cochino y asqueroso antifútbol. Da igual el entrenador que esté (y mira que Marcelino me cae bien) es que lo llevan en los genes. Todo el partido con marrullerías, perdiendo absurdamente el tiempo, provocando, amenazando, insultando, destrozando la moral del contrario y del público hasta que logran sacarles y sacarnos de nuestras casillas. Un espectáculo bochornoso. Aunque esta vez les salió muy bien. Y mejor que pudo haberles salido si el gabacho impresionante -que se irá el próximo año- que tenemos bajo los palos no hubiera hecho tres intervenciones de mucho mérito. Muy bueno el no-fichaje. Gracias, Caminero. Gracias a los que siguen enriqueciéndose con el Atleti que nos robaron.
También vi a Silvio muy flojito. Perdiendo balones atrás y casi sin entrar en juego por la banda derecha. Especialmente en la primera parte. Parecía que todo el juego tenía que entrar (cuando entraba por banda, que no era lo normal) por la izquierda de un Filipe Luis que sigue sin explotar, que sigue temiendo equivocarse, que no confía en sí mismo y que no había caído en la cuenta de que tenemos al mejor rematador de la Liga aunque él no le ponga un solo balón en condiciones.
Vi a Domínguez fallando en su línea, muy trabajador, pero errando en lo sencillo. Y junto a él a un Godín fuera de sí ante las provocaciones de los sevillistas. Mención especial al chileno Medel, un futbolista (o lo que sea) que se pasó el partido entero peleándose, insultando, amenazando y calentando al personal. De vergüenza. Eso sí, muy en la línea del Sevilla FC.
En el centro del campo alineó Manzano (mira que es triste este tío) un rombo, o algo, con Turán y Reyes por las bandas, Mario Suárez más retrasado y Diego en la parte más ofensiva, tanto que en ocasiones estaba por delante de Falcao. El colombiano baja a defender los córners y ayer tenía que ir a buscar la pelota casi hasta el centro del campo. Luego se la echaban para que corriera y, claro, Radamel es rematador, no es un Fernando Torres, un Agüero, un Forlán de la vida. Que lo queremos todo, coño.
El turco me gusta. Ayer también me gustó. Un tío serio, trabajador y con criterio. Lo de Reyes supongo que no tiene arreglo. Por mucho que le castigue Manzano con el banquillo (antes o durante el partido) creo que no conseguirá que suelte la pelota. Es un cartero que, además, ayer falló dos goles por su puñetera manía de querer meterla para que le saquen en el telediario, como el de la Real Sociedad contra el Bilbao desde su campo, como la chilena del Málaga contra el Getafe en el descuento. Y no puede ser, Reyes. El bueno de Diego es un fenómeno técnico. A veces parece más un jugador de fútbol sala que de hierba. Toca el balón con gusto y maestría, pero no sé por qué me da que no está muy en forma y que necesita demasiada atención. Vamos, que es de los que tiene que tener a todos a su servicio para recibir y para dar balones. Ojalá me equivoque. De Mario Suárez no haré sangre. El chaval es demasiado lento. ¿Por qué siempre para el balón con el pecho? ¿Por qué todos los partidos pierde una bola comprometida que se convierte en contraataque peligrosísimo? ¿Por qué es tan blando? ¿Por qué no sabe hacer faltas sin que le saquen tarjeta? Necesita mejorar, y mucho.
Y de Falcao todo está dicho. Ayer no le pusieron un puñetero balón en el área. Y el único que le llegó a la cabeza no lo pudo rematar porque le hicieron un penalti de libro. ¿Hay que tirarse si te hacen penalti? ¿Si no te caes, aunque no te dejen rematar, no es penalti? Luego los centrales se pasaron todo el partido repartiéndole credenciales sin que el árbitro se enterase de nada. Violencia de baja intensidad. Eso sí, falló un gol en la segunda parte a metro y medio de la portería que lo meto hasta yo. Estaba visto que no era el día.
Y así se pasó la tarde. Una tarde soleada y veraniega para lo que viene siendo el otoño de octubre junto al río. Una tarde en la que nos sobró un abono que no quisimos poner a la venta por si la entrada la compraba un sevillista, una tarde en la que mi hija tenía fiebre en casa, una tarde de poco fútbol y muchos errores, de más de lo mismo, de cánticos repetidos y absolutamente infames que no representan a los aficionados al fúbol, y menos a los atléticos. Una tarde sin goles, sin alegría, con un árbitro calamitoso y un juez de línea pelirrojo empeñado en ser protagonista. Una tarde donde lo mejor, sin duda, fue llegar a casa y ver a tu hija curada ponerse la gorra del Atleti y pronunciar con su lengua de trapo el nombre de nuestro equipo.
Vamos, Atleti, vamos.
lunes, 26 de septiembre de 2011
Cuatro minutos de alegría
Barça 5 - Atleti 0
Todo el santo día esperando que lleguen las 22:00 horas con nerviosismo. Toda la mañana encerrado en el despacho de casa para adelantar trabajo intentando olvidar que a las diez de la noche, esta vez, plantaríamos cara a un Barça que lleva años y años llenándonos la red de balones. Pero esta vez teníamos a Falcao maravillao, a Diego maravillas, a Turán y Adrián. Veníamos de hacer dos tres buenos partidos antes rivales supuestamente más pequeños, pero había fútbol, equipo y optimismo (aunque con los pies en la tierra, claro, que aún estamos en pretemporada por culpa de la desastrosa planificación del club). Lo dicho, que este año parecía que podríamos plantar cara y, sobre todo, ver un buen partido de fútbol.
La tarde parecía no terminar nunca en el parque con los amigos, los hijos de los amigos, las mujeres de los amigos. Merienda, columpios, más columpios, vuelta a los columpios y el Atleti haciéndome cosquillas en la tripa, como cuando uno está enamorado y espera un gesto de su chica. Como cuando tu hija ve el escudo del Atleti en tu despacho y te suelta un "Papá, Atleti" que te quieres morir de felicidad.
Y llegó la hora. La niña acostada, mi chica decide irse a leer a la cama y me quedo solo, con todo el salón y la tele grande casi sin voz iluminando con el verde del césped todos mis sueños. A los cuatro minutos Tiago lanza suavemente desde fuera del área y pega en el larguero. Pego un salto que casi despierta a María, mi mujer da un par de golpes en la pared para pedirme tranquilidad y comienza a golpearme con fuerza el corazón en el pecho. Y hasta aquí el partido, señores.
Relajarse y disfrutar
Después llegó el chaparrón de lluvia, de juego y de goles. Un Messi en estado de gracia asistido por un Xavi estratosférico. Cinco pepinos que pudieron ser diez. Una exibición de fútbol con y sin balón, de movimientos, de control, de disfrutar. Y el Atleti absolutamente desaparecido. Sin centro del campo, con una defensa desbordada, con un Courtois aburrido de ir una y otra vez a la red a por la pelota. De un espectáculo infame para un rojiblanco esperanzado. Nada de lucha. Un dato: el Barça hizo más faltas que nosotros. Increíble. Nada de intensidad. Ni rastro de entrega. Un absoluto bochorno donde el Barça (fantástico equipo, señores) hizo un rondo con los nuestros sin que se viera una pizca de todo lo que habían demostrado en los partidos precedentes.
Y como no entendía nada me dio por imaginar que el Barça estaba jugando contra cualquier otro equipo (fue fácil, el Atleti no era reconocible, no existía) y empecé a disfrutar del partido. De Messi, de sus goles de play station (saca de banda, se la devuelven y entra como un cuchillo para clavarnos un golazo), de las carreras blaugranas, de los pases infinitos, los controles perfectos, los regates mágicos... una delicia.
Se sucedían los mensajes en las redes sociales de vikingos defraudados por las maravillas que había contado sobre el juego del Atleti. No pude resistirme: "Realmente, tenéis razón, nos han metido cinco, como al Madrid, y eso sí que es vergonzoso".
Y ahora a pensar en lo larga que es la temporada, en no volver a hacer un ridículo semejante, en conseguir los tres puntos europeos ante el Rennes y en que el domingo, en el Calderón, vuelva la magia del fútbol ante un Sevilla que empieza a encontrarse a sí mismo.
Vamos, Atleti, vamos.
jueves, 22 de septiembre de 2011
El sobrino de Dios
Atleti 4 - Sporting 0
Radamel, Radameeeeeel, Radamel Falcaaaaao, lo rolo loro loló, loro lo, loro lo lo, Radameeeeeel Falcaaaaaooooo (Cántese con música de "Carnaval, carnaval" y con giro de bufanda al aire).
Lo nunca visto en el Calderón. Y no lo digo por los cuatro goles al pobre Sporting, que ya les endosamos la misma cantidad el año pasado en un espectacular partido con el que iniciábamos una temporada que se quedó en eso, en un partidazo de inicio de temporada. Lo de ayer fue distinto, muy distinto.
Fui al campo acompañado de mi amigo Juan Sancho, un culé amante del fútbol. Y lo primero que me preguntó es si echábamos de menos al Kun y a Forlán, que qué tal se habían ido del Atleti. Ni tiempo me dio a responderle porque el sobrino de Dios, Radamel Falcao, remataba un balón a la red y lo celebraba con su tío, con sus compañeros y con la grada. Iturralde, con ganas de protagonismo, lo anula sin que nadie sepa por qué. El propio Falcao fue a preguntar -educadamente, por supuesto- al juez de línea que tampoco sabía nada. Era el minuto ocho y apenas un par de minutos después el sobrino divino de nuevo hace un jugadón en el área y la zaga asturiana sólo puede pararle con un penalti de manual. Iturralde se lo pasa por el forro de las gónadas y decide que hoy el Atleti lo tiene jodido, y el sobrino del Señor, aún más. Vamos, que el del colegio vasco estaba en plan satán; muy hijoputa, vaya.
A todo esto, y a pesar de los Iturraldes de la vida, el Atleti seguía carburando, el pariente de Dios encarnado en nueve rojiblanco iba a todas, se ofrecía, bajaba a defender y recuperar, abría espacios y pedía perdón cada vez que hacía alguna falta táctica. Un jugadorazo, un ejemplo... y gol. Otra vez Falcao. En una posición acrobática, haciendo un escorzo en el aire mitad tijereta mitad la tengo que seguir enchufando. El balón toca en un defensor sportinguista y, esta vez sí, Iturralde concede el gol. Aunque luego en el acta se lo haya robado a Falcao y lo haya anotado como en propia puerta. Da lo mismo. La generosidad del sobrino de Dios no está para discutir estas tonterías, y más a un ritmo goleador en el que no tendrá que andar mendigando por aquí y por allá para conseguir el trofeo del periódico de los vikingos.
En el descanso -esta vez sin bocata- mi hermano Ricar y yo le explicamos al bueno de mi amigo culé que hacía muchos, muchos años que no veíamos fútbol en el Calderón. Que era como una excepción que sucedía cada cuatro o cinco meses. Destellos fugaces. Pero señores, es que llevamos tres partidos con un Atleti en pretemporada que carbura que da gusto. Todos los futbolistas son importantes, todos juegan y aportan. Saben lo que tienen que hacer. El fútbol es así de sencillo. El portero es un cerrojo (sólo dos goles encajados en lo que llevamos de temporada), la defensa vuelve a carburar como hacía tiempo. Los laterales suben y se incorporan como extremos, los centrales no dan un mal pelotazo, el balón sale jugado y es muy fácil encontrar compañeros en el centro del campo donde, sí, por fin, hay criterio, toque de balón, entendimiento, pases en profundidad, verticalidad cuando toca, toque cuando corresponde, cariño a la pelota, criterio y buen gusto para ponerla en el lugar adecuado donde, por cierto, suele estar el sobrino divino, Radamel Falcao, el futbolista bendecido con el gol.
El Sporting comenzó la segunda parte arreando fuerte cuando el Atleti aún no se había dado cuenta de que Iturralde estaba deseando arruinarnos la vida. Supongo que por aquello de que siempre que nos pita ganamos. O sea, que tenía ganas de joder la estadística. Y tuvieron diez minutos de oportunidades que no supieron aprovechar. Preciado sacó más tarde a Bilic, cuando Domínguez se había contagiado de Radamel rematando un córner a la red. ¡Un córner! ¡Quién nos ha visto y quien nos ve! Después de tres años aguantando a Simao lanzando el balón desde la esquina sin llegar al área pequeña... pues ahora tenemos peligro a balón parado siempre. Y si no es Radamel, es algún contagiado por la aureola gloriosamente divina de este futbolista brutal.
Después del segundo llegó el recital del colombiano criado futbolísticamente en argentina, madurado en Portugal y que se está consagrando como el auténtico sobrino de Dios a orillas del Manzanares. Jugadón por la izquierda y suelta un zurriagazo desde fuera del área que se estrella en la misma escuadra. ¡Uy! Impresionante. Al poco recibe un balón dentro del área, le rodea una nube de defensas y entre rebotes favorables, regates y demás ayudas de su Tío consigue salir airoso y pegar un zapatazo que se cuela junto al poste más lejano. Es el tercero y el segundo del colacao, del tigre, de Falcao dinamita. El éxtasis en el Calderón.
Parecía que todo el pescado estaba vendido, que sólo nos quedaba aplaudir los cambios, seguir disfrutando con uno y mil cánticos, enjugándonos las lágrimas de alegría e incredulidad, esperar que Arda Turan tuviese su recompensa por el partidazo en el centro del campo, o que Reyes se quitase el ansia metiendo su gol, pero de nuevo un balón colgado al punto de penalti y un salto prodigioso, espectacular, descomunal, fuera del alcance de los mortales, eleva a los cielos al sobrino de Dios para sostenerle durante los instantes necesarios para conectar un cabezazo potente, preciso, seco, certero y colocado por toda la escuadra. El delirio.
Mi hermano y yo nos prometemos comprarnos la camiseta de este tío (jamás hemos tenido camisetas con nombres, somos del Atleti, no de un futbolista), pero es que jamás hemos visto nada igual. Lo más parecido era Hugo Sánchez, le digo a mi hermano. Ya, pero es que éste además de rematar, tiene regate, pase, técnica y calidad, y encima está bendecido por Dios. Debe de ser pariente, apunto yo, por lo menos, su sobrino.
El sábado, contra el Barça, nos pilla aún en pretemporada. Pero aunque perdamos (que no lo doy por perdido) estoy seguro de que el equipo dará una buena imagen, de que volverá a carburar, de que los futbolistas seguirán esforzándose y trabajando juntos para llegar lejos. Y más ahora, que ya saben que Radamel Falcao es el sobrino preferido de Dios.
Vamos, Atleti, vamos.
lunes, 19 de septiembre de 2011
Mi hija, el bebé y el Atleti
Atleti 4 - Racing 0
Los fines de semana son cada vez más cortos. Se me acumulan las citas y compromisos y los planes no siempre salen como uno tenía previsto. El domingo había quedado con mi hermano Félix, su chica y su primer vástago, Manuel. La idea era tomar el aperitivo, comer en mi casa y luego el cafetito en la suya, que es junto al Calderón, en el Paseo Imperial. Una previa estupenda para disfrutar del primer día de Atleti en directo junto a mi Eva y mi María. Pero ya digo, a veces las cosas no suceden como uno había pensado. Y mucho menos cuando se trata de bebés.
Al final mi hermano Félix, su chica y el bebé Manuel (que apenas tiene veinte días), llegaron a casa pasadas las dos de la tarde. Yo ya tenía las puntas de solomillo maceradas y preparadas en el horno; los canapés dispuestos con todos los ingredientes para untar, colocar y servir; las natillas reposando y pidiendo un rato de nevera; el vino descorchado... vamos, que en un pis-pas comíamos y poníamos rumbo al Calderón para tomar café con ellos y con mis hermanos para disfrutar del Atleti, de mi mujer y de mi hija. Además el sol estaba respetando y la lluvia no tenía intención de presentarse. Era la tarde perfecta. Pero los bebés tienen estas cosas. Y mi hija también.
A María, que estuvo toda la mañana en el parque con su prima -atlética también- la pelirroja, le dio por tomarse un batido y cuatro "aspitos" justo antes de comer. Y claro, le dio por no comer. Y se cogió tal berrinche empujada por el público al que se debe -a saber: mi hermano Félix, su chica y el bebé Manuel- que acabó agotada y durmiendo una siesta descomunal que se comió el partido.
Mientras mi hija dormía yo ignoraba que el partido se podía ver en directo por Gol TV, y me enchufé a la radio mientras fumaba en la cocina que he convertido en refugio. Después, a petición de los padres, saqué la herramienta de cortar el pelo y me dispuse a empaparme de sudor mientras Félix e Inma sostenían al bebé Manuel y yo procuraba no hacerle daño con el peine, no clavarle las tijeras y trataba de que no le cayera la pelusa rubia en la carita de recién nacido. Una odisea. Mientras le cortábamos el pelo a plazos tuvimos varios descansos para que se alimentase, se desalimentase, se durmiese, se despertase. A todo esto María seguía con su interminable siesta. Gol de Falcao. Lo anulan y es legal. Ya empezamos, pienso mientras mi hermano se rompe las palmas en el primer anfiteatro del fondo sur y disfruta como un enano viendo, por fin, fútbol en el Calderón. Pero al poco marca y este sí que vale. 1-0, golazo de nueve. Arrastra a los centrales, recibe, se escora, suelta un latigazo y lo cuela junto al palo. El tigre da su primer zarpazo en Liga y comienza a amortizar los 40 millones que, de seguir así, serán una calderilla.
María sigue durmiendo y Manuel tiene la pelusa casi igualada. El rape es serio. Ahora está medio dormido después de haberse zampado toda la teta. Y descubro que el Atleti está en directo en Gol TV.
Al padre de la criatura le entran escalofríos y no sabe como quitarme las tijeras de la mano sin apagar la tele o cambiar de canal. Le tranquilizo y yo mismo me pongo de espaldas a la pantalla, pero no puedo evitar seguir oyendo el partido en directo. Penalti. Me giro y es claro. Absurdo pero claro. Diego es muy bueno y muy listo. Falcao demuestra que es un fenómeno en este arte. El segundo entra con una facilidad que asusta.
Acabo de cortarle el pelo al bebé Manuel y se despierta María justo cuando el árbitro indica el final de la primera parte. No quiero ver más. Apago la tele con la idea de verlo después en diferido. No quiero saber el resultado. Mi hija se levanta con un hambre canina y se merienda todo lo que no había comido. Manuel duerme y bajamos un rato al parque. Intento olvidar el partido y consolarme pensando que el miércoles podré ir en moto al Calderón, a verles contra el Sporting (mi querido Sporting), pero no podrán venir María y su madre. Bueno, aún así, disfruto infinitamente conversando con mi hermano Félix, con Inma, su chica, con mi Eva que es Cristina y viendo jugar a mi cachorra rojiblanca que cada vez que ve la pantalla verde del fútbol en la tele me mira muy seria y me suelta: "Atleti" con su lengua de trapo.
El bebé Manuel se va a su casa junto al Calderón en el 18 que ha tardado menos de lo habitual. Su padre es del Barça y está casi tan feliz como yo por la marcha de su equipo. El partido ha terminado. No sé el resultado y subimos a casa con la idea de verlo en diferido. Es enchufar el GolTV +1 y ver a Falcao recibiendo un pase de fantasía turca y colocarla por encima del portero para flipar a colores. 3 - 0. Suena el móvil. Mi hermano acaba de llegar a su casa y me llama emocionado: "Te lo has perdido, te lo has perdido", me suelta con tono de chincha rabiña. "No me digas el resultado que estoy viéndolo en diferido". "Pues seguro que Adrián mete el cuarto". "Joder, Ricar, eres un cerdo". "Menudo partidazo que te has perdido. ¿Qué tal la niña? ¿Le has cortado el pelo al bebé? El miércoles nos vemos".
Y mientras mi mujer baña a María para que le entre un poco de hambre antes de cenar veo el cuarto gol del Atleti en diferido y recibo un mensaje en el móvil. "Los vikingos pierden en Levante. España campeona de Europa de básquet. En tenis a la final de la Davis. Domingo glorioso". Y yo pienso: realmente glorioso, he estado con dos buenos amigos que acaban de ser padres, he estado con mi familia, he disfrutado de la vida y, encima, el Atleti ha ganado jugando bien sin necesidad de que yo haya ido a animarles.
El miércoles más y mejor. Estaré allí.
Aúpa Atleti.
viernes, 16 de septiembre de 2011
En moto, mucho mejor
Atleti 2 - Celtic 0
Pero muchísimo mejor, dónde va a parar. Uno se sube a la moto un rato antes de que empiece el partido, la deja al ladito del Calderón y entra para ver a un equipo que ayer hizo un partido de los buenos. Y no hay que agobiarse porque el puñetero 18 de la EMT pase cada media hora o esté de bote en bote al acabar el encuentro. Ni te tienes que comer dos transbordos infames sin que refuercen el metro porque somos el equipo "escoria" de la capital. Ni hay que darse un madrugón con el coche para aparcar de mala manera y pasarte los fueras de banda y las pérdidas de tiempo dándole al coco por si al munipa vikingo le han crecido los cuernos y te ha puesto una multa o ha llamado a la grúa. Vamos, que no hay color. En moto, aunque sea una scooter de segunda mano, se disfruta mucho más (y eso que es blanca. Se admiten pegatinas atléticas para decorarla).
Antes
Mi hermano y yo (él también viene en moto, pero desde La Peineta) hacemos nuestras previsiones. "3-0, hoy marca Falcao". Mi hermano Ricar, el mayor, lleva muchos años de Calderón y Atleti visto. Y sabe de qué va esto. Yo, que aún me emociono y me pongo cardiaco cuando cantamos el himno, era muchísimo más optimista: "Hoy va a ser una goleada de esas absurdas que luego echaremos en falta en otros partidos, de cuatro para arriba". En cuanto a las alineaciones mi hermano lamenta que Joel no tenga minutos porque el chaval, aunque inseguro y un poco sobrado, necesita foguearse para que el próximo año no nos pase lo mismo. Yo hubiera apostado por Asenjo, pero los dos estamos de acuerdo en que Courtois es un porterazo como la copa de un pino y en que habría que ficharle ya, antes de que nos arrepintamos y el Chelsea lo recupere rodado y revalorizado... más de lo mismo. Discutimos sobre Miranda. A mi hermano le encanta que saque el balón jugado, a mí se me ponen los pelos como escarpias viéndole regatear en el área pequeña. Y luego convenimos en que estaría bien que el triste y fúnebre Manzano, vestido con su traje de ir de boda, recuperase a Godín. Y nos felicitamos de ver a Perea en su sitio, de lateral. Había esperanzas en Diego, Turán y Falcao, pero no nos creíamos que el brasileño aguantase todo el partido.
Durante
Sorprende la escasa presencia de escoceses. Apenas un millar. Sobre todo si lo comparamos con la última visita de un equipo de ese país al Calderón. Fue el Aberdeen y eran casi más que nosotros. De vergüenza. Aún así el campo no registró una grandísima entrada, ni mucho menos. Parece que los socios no han querido cotizar el extra que supone el abono total para la Copa y la Europa League. El club da números que no concuerdan con lo que se vio ayer en la grada. Unos 30.000 atléticos, calculo yo.
Empieza el partido y Diego saca un córner magistralmente (no como los de Simao, que no llegaba al primer palo) y Falcao entra a rematar como un cabeceador de tronío. Golazo en el minuto 2. Falcao debuta marcando. Los que vinieron en coche ni siquiera lo vieron porque aún andaban buscando sitio para aparcar o subiendo las escaleras del estadio. Locura en la grada, abrazos, gritos, ojos brillantes de alegría y un atlético vecino que grita: "Muy bueno, Colacao, muy bueno". Con lo que el tigre colombiano queda rebautizado en el primer anfiteatro.
En la siguiente jugada Courtois confirma lo que ya sabíamos. Es un porterazo. Le saca un mano a mano a un escocés después de un jugadón del gigante griego de las melenas.
Y el partido discurre con un juego alegre, de toque, de tronío, de paciencia y movimiento. Los nuestros se mueven, se desmarcan, no están quietos. Todos son solidarios, hay coberturas, mi hermano se disgusta con la posición de Perea como extremo derecho cuando tenemos el balón y advierte que cuando la recuperan los escoceses está demasiado lejos del griego para marcarle. A mí me encantó Perea. Lo hizo todo bien (todo lo que sabe hacer) menos poner el balón en el área (que no lo sabe hacer) y hasta regateó (que no sabe y no debe). "Tres toques, Perea, tres toques máximo", gritaba mi hermano y el colombiano parecía hacerle caso.
Bueno, lo cierto es que los nuestros tiraban a puerta desde lejos sin pensárselo mucho. Como si Manzano les hubiera dicho que el portero es muy alto pero que no tiene casi reflejos. Y aún así, el chopo tuvo un par de buenas intervenciones que impidieron que se cumplieran mis previsiones.
No voy a ir jugador por jugador, pero el equipo me encantó.
En la segunda parte Diego siguió demostrando que tiene mucho fútbol, que este año, si no se tuerce, vamos a pasar grandes tardes en el Calderón. Pases al hueco espectaculares, regates increíbles, visión de juego, trabajo, se ofrece, dispara, apoya, la pide, manda, es un auténtico fenómeno. Y lo sabe. Ojalá nos lo demuestre en cada partido. Ayer dio la asistencia del primero y marcó el segundo tras jugadón por la izquierda de Antonio López y Turán que le dio el pase de la muerte desde la línea de fondo para que el brasileño la colocara en el palo izquierdo de un portero más largo que un día sin pan.
Falcao me sorprendió mucho. Muchísimo. El colombiano no sólo remató a los dos minutos un balón a la red. El "Colacao" va a todas. Se pasó todo el partido sacando del área a los centrales que le perseguían dejando vía libre a Turán. No espera el balón, lo busca. Y juega en equipo. Y regatea. Me gustó muchísimo. Más de lo que imaginaba.
El turco no dejó de correr en toda la noche. Muy peleón. "Lástima que Turán y Diego tengan la sangre muy caliente. A estos dos nos los van a expulsar mucho", vaticinó mi hermano. Y yo espero que se equivoque, pero me temo que no.
Y no voy a ser más pesado. El partido de ayer fue espectacular. El Atleti vibró y nos hizo vibrar. Es cierto que el Celtic es lo que es, que el domingo juegan el derbi contra el Rangers y que reservaron jugadores, que ni siquiera usaron su camiseta original (y mira que me gusta), que apenas si tienen al gigantón griego y a un coreano que nos encantó (el tío dio un recital en la segunda parte de control en el medio campo, de llegada y de buen disparo. Muy bueno el tal Ki).
Después
"Un gran partido, y seguro que en octubre jugarán mucho mejor", sentencia mi hermano. "Yo me conformo con que jueguen así todos los partidos". Nos quedamos, como siempre, hasta el pitido final. Esta vez un poco más para aplaudir a los que nos habían hecho un poco más felices.
Salgo, cojo la moto y en doce minutos estoy quitándome el casco en el portal de mi casa, con la bufanda puesta, una sonrisa de oreja a oreja y deseando que llegue el domingo para ir con mi hija María, por primera vez, a ver a nuestro equipo en el Calderón. Ahora sólo falta convencer a su madre para que venga ella también. Seguro que veremos un buen espectáculo. Seguro que ganamos.
Te quie ro Atleeeeeeeti, loro lolo lolo, te quiero Atleeeeeeti....
lunes, 12 de septiembre de 2011
Desde Lisboa a ritmo de fado
Valencia 1 - Atleti 0
Andaba uno rematando sus vacaciones con un fin de semana sin niña en Lisboa cuando me encuentro en el hall del hotel, agotado de subir y bajar cuestas, con la parienta medio dormida y una tele en la que entra una cortinilla de la Liga BBVA. ¿Echarán el Atleti? Le digo a mi Eva, que se llama Cristina, cariño, si televisan al Glorioso nos quedamos. Y así fue. Bueno, al menos la primera parte.
Y mientras tomábamos una cervecita portuguesa en un hall de un hotel con muchas estrellas, leía una alineación que no tenía nada que ver con la de la temporada pasada y me sorprendía (aunque cada vez me sorprendo menos) con la lista de suplentes que me gustaba casi más que la de titulares. Nada que ver con la temporada pasada.
Y comenzó a rodar la pelota en un campo valenciano abarrotado de gente dispuesta a desafiar los horarios cambiantes de esta desquiciada Liga gobernada por un cacique televisivo y consentida por una débil y cochambrosa LFP manejada al antojo de los caciques audiovisuales ya comentados.
En la cafetería enmoquetada estábamos nosotros, un chaval con acento andaluz que decía ser del Atleti, cuatro portuguesas de mediana edad esperando en uno de los sofás a quién sabe quién y un camarero que no dejaba de hablar a pesar de que yo no le hacía ni puto caso. Supongo que como me veía removerme inquieto en el asiento, levantar la voz, gesticular y cagarme en los muertos del árbitro cada vez que pitaba y yo no entendía nada... pues decidió por su cuenta y riesgo avisarme de lo malo que era Falcao, de que en el Porto todos jugaban para él, de que no iba a cuajar en un equipo grande, de que cómo hemos dejado ir a Elías, de que el Atlético este año ha tirado el dinero... una brasa, en serio. Le lancé un par de miradas como diciendo: "cierra la boca o rompo el vaso en la barra y te la cierro yo con él". Ni por esas.
El Atleti parecía que quería y no podía. El centro del campo con Gabi parecía pero no era. La delantera con Falcao y Adrían también quería, pero sólo podía tímidamente el guaje que vino del Depor. Reyes ni parecía ni podía. Atrás Filipe parecía que quería, pero sigue con su timidez y su falta de arrojo. Silvio estuvo bien, en su línea, a pesar de que el puñetero camarero de pajarita, chaleco y lengua incontrolada insistía en que el chaval no vale para un equipo grande, que en Portugal no había demostrado nada, que era una eterna promesa... al final no pude menos que levantarme cuando sonó el pitido de la media parte y decirle a mi Eva que es Cristina. Vámonos a la habitación.
Dicho y hecho. Tiramos de ascensor y tardé cinco minutos en recorrer los cien canales de televisión hasta que di con el partido. Mi chica, en estas, ya dormía como un mirlo después de tanto ascensor, funicular, cuesta, barrio alto, fado, luces en el Tejo y bacalao a granel.
Yo me puse mi camiseta de dormir y enchufé la radio en el iphone para no escuchar al tedioso comentarista luso que apenas se sabía los nombres de los futbolistas. Me di cuenta enseguida que la retransmisión por internet en la radio iba casi con dos minutos de retardo sobre la imagen. Mejor, así no me joden los goles. Pero sólo hubo un gol. Golazo, dicho sea de paso. Soldado recibe un pase impresionante del denostado y trasnochador Miguel para clavar un cabezado después de una maniobra con el cuerpo que le hace ganar un metro sobre su marcador, Miranda, para clavarla por donde el bueno de Courtois no puede llegar. Nada que objetar. Bueno, sí, que me hubiera gustado ver a Falcao haciendo lo que Soldado.
Salen el turco y el brasileño. El Atleti comienza a tener el balón, a crear ocasiones de peligro, a descubrir que el Valencia tiene en Guaita un porterazo como Courtois (un añito y vuelta al Chelsea). Diego se sale con un caño espectacular (otro añito y a pagar un pastón o adiós). Arda Turán también se ve con ganas. El equipo quiere y no puede. Se acabó lo que se daba.
Me duermo con una mala leche espectacular y me levanto al día siguiente con las palabras de Manzano pidiendo paciencia, con un montón de crónicas disculpando el resultado y diciendo que el Atleti apunta maneras, que tiene una plantilla más compensada que el año pasado (esto a mí también me lo parece), que aún están en pretemporada porque acaban de llegar los refuerzos (alguien tendrá la culpa, digo yo) y que seguro que estamos al final de temporada ahí arriba y peleando por la Copa y la UEFA...
Y me entra un resquemor que no veas. Porque los que somos del Atleti no podemos hacer nada. Aguantar. Esperar. Alegrarnos con un partido donde hemos perdido porque durante media hora el equipo parecía que sabía a lo que jugaba (sin marcar)...
Y el jueves comienzan las tres citas seguidas en el Calderón. Primero los escoceses (qué miedo me dan los miles de seguidores del whisky que llenarán las gradas), luego viene el Racing el domingo y el miércoles mi querido Sporting de Gijón.
Seguro que si ganamos los tres partidos la cosa cambia y empezamos a ilusionarnos (a pesar de la calamitosa gestión y la mierda de dirigentes que tenemos).
Y aún así: Aupa Atleti.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
El día de la marmota
No me creo nada. Pero nada de nada. Todos los años, todos los ciclos, todos los Atletis desde que llegó la Sociedad Anónima Deportiva son igual. Los proyectos del desaparecido y orondo soriano que robó el Atlético de Madrid (entre otras cosas) son ahora repetidos por su vástago veterinario y el hombre de paja y cine que hace las veces de presidente. El año pasado quedamos los séptimos, hemos tenido que pasar dos rondas previas para entrar en la Europa League. Han vendido todo lo que han podido. Creo que han sido los que más millones de euros han ingresado en concepto de ventas, cesiones, traspasos y liquidaciones de futbolistas. Para esto usan el Atleti. Para llenarse los bolsillos y hacer negocio, para tener una plataforma desde la que manejar sus chanchullos, sus tejes y manejes, sus apaños varios. Vamos, que hoy el Atleti es una empresa (S.A.D.) en la que lo único que importa es el balance de cuentas (que jamás se hacen públicas porque la familia Gil y Cerezo tienen casi la totalidad de las acciones -que consiguieron sin poner un duro- y porque si alguien osa "auditar" tienen la increíble capacidad de hacer retractarse a los auditores, de lograr que no se publique una línea en los medios de comunicación contra ellos, que no se hable un minuto en las radios sobre el expolio, que no se dedique un plano en la televisión a recordar el modo como llegaron, la condena por apropiación indebida que fue sobreseída -mierda de Justicia-, ni las voces discordantes que piden que se vayan, que devuelvan lo robado y que dejen de robar).
Pero lo realmente triste es que los socios, los abonados, los seguidores del Atleti, seguimos ilusionados. Creyendo que "este año sí". Y nos traen a un tal Falcao (que será muy bueno y todo lo que quieran) y más de 10.000 personas van a saludarle al Vicente Calderón. Que viene cedido un año el díscolo brasileño Diego y todos a hablar de un nuevo proyecto, de una ilusión renovada, de que con el turco de las filigranas y el asturianín que vino con movida de Coruña todo se va a arreglar. Que lo de Diego Costa ha sido una suerte y que el Kun es un cabrón. Que Forlán se tenía que haber ido antes (¿por cinco millones?), que De Gea no es un mercenario, que de Ufjalusi si te he visto no me acuerdo y que siguen entrando y saliendo futbolistas en el mercado de la SAD rojiblanca que el señor de la cara torcida y su títere del tupé se encargan de rentabilizar a costa de vendernos humo y más humo.
Gestiones nefastas aparte y quedándome en lo meramente deportivo sólo puedo decir que me dejó frío, neutro y sin opinión el juego del equipo frente a Osasuna (lo vi por la tele desde la playa) y que fue muy aseada la victoria contra el Vitoria de Guimaraes en casa con dos goles de Elías (me recorrí 300 kms para ir al campo, vi el partido y me metí otros 300 para volver al lugar de vacaciones). Por cierto, Elías también ha entrado en el mercado de los ladrones prescritos.
A ver qué tal se nos da el Valencia, pero como vengo diciendo. No me creo nada. Es como estar dentro de la peli que da título a este post. Estoy deseando de que todo acabe ya.
Gil, cabrón, fuera del Calderón.
viernes, 29 de julio de 2011
Arranca la temporada con más de lo mismo
Atleti 2 - Impronunciable equipo noruego 1
Finales de julio. El Kun llorando bajo la lluvia de Manchester y nadando en millones. Aún seguimos currando porque este año las vacaciones nos tocan más tarde. Convenzo a mi mujer, le enfundo la camiseta del Atleti y quedamos con mi hermano y mi cuñada recién llegados de la Costa Blanca para cenar en el descanso del primer partido oficial. Es la tercera ronda previa de la UEFA Europa League contra un equipo de una pequeña localidad noruega a 40 kilómetros de Oslo. El partido es a las 21:00 y en Madrid hace un calor propio de las fechas. Vamos, que pega en serio.
Salgo pronto de trabajar y me hago el orejas para escaquearme de una reunión que no era tal. Mi chica ya está enfrascada preparando la tortilla de patata en la thermomix. Aparco la moto debajo de casa y subo para darle la vuelta a la cena antes de meterla en una barra de pan a la que quitamos la miga. Gran acierto a pesar de que cuaja regular y parece un poco seca.
Llegan mi hermano y mi cuñada y nos recogen. Aparcamos medianamente bien pero hay más gente de la que pensábamos en el Calderón. No nos da tiempo ni a tomarnos una caña porque vamos un poco pegados de tiempo. Entramos y los entusiastas noruegos ya están animando en la grada. Pensábamos que no vendría nadie. Primer error.
Aquí está la muchachada noruega que se desplazó ayer al Calderón para animar a su equipo que, como dice mi hermano, tiene nombre de mueble del Ikea.
Como siempre, pensábamos que esto iba a quedar finiquitado pronto. Saludamos a los compañeros que han renovado abono un año más a pesar de la venta del Kun, de la venta de De Gea y de que nos hemos quedado con bastantes inútiles que será difícil encasquetar: Diego Costa (lesionado toda la temporada), Raúl García, Valera... en fin. Más de lo mismo.
La primera parte acaba con un tristísimo 0-0, con el Atleti dominando y sin tirar a puerta una sola vez. Los nuevos no parecen estar muy entonados. A mí me gusta cómo manda Miranda en el centro de la defensa, pero como estoy gafado, en la segunda parte le expulsan por defender. El árbitro penoso y la grada se repite: "Puta, Platini; puta Platini". Más de lo mismo, lo dicho.
Adrián no se atreve a encarar y las dos veces que supera el miedo no supera al portero suplente de los jóvenes noruegos. "Es un delantero sin gol" le digo a mi hermano, o lo que es lo mismo, un coche sin ruedas. Al menos el chico, viendo su incapacidad para marcar, se dedicó a dar asistencias de gol que Reyes convirtió en la segunda parte. 2-0, faltaba un cuarto de hora y parecía que todo iba a quedar ahí. Pero ya digo que el árbitro se inventó una expulsión y los chavales nórdicos nos clavaron un gol típico de la temporada pasada. La defensa en Babia, todos mirándose como diciendo "¿no marcabas tú a ése?" Desastre. Más de lo mismo.
Vimos a Silvio en el lateral derecho y no le pasaban un balón. El juego estuvo volcado por la izquierda de Filipe Luis y Reyes-Juanfran (que se turnaban), pero al nuevo, ni una bola. También pudimos recordar por qué nunca echamos de menos a Gabi en su largo periplo fuera del Calderón. Más de lo mismo. Y en cuanto Tiago dejó su lugar a Raúl García, con pitada para el navarro antes de tocar un balón y con la temporada recién estrenándose, los noruegos nos clavaron su golito de la esperanza.
Y poco que contar. Que Forlán se quitó la espinita con la afición. Que la grada deseó la peor de las muertes al mercenario y desagradecido yerno de Maradona, que el respetable silbó al Frente Atlético cuando comenzaron a insultar a De Gea dejando claro que el de la cantera se ha ido por el bien de todos. Que el césped nuevo está muy bonito y que pensábamos que habría nuevos videomarcadores y son los mismos. Eso sí, con publicidad de La Caixa en mitad del partido (volumen incluido) para despistar a público y actores.
Un coñazo de partido que no presagia demasiados cambios. Claro que, aún es muy pronto. Yo ni siquiera me he ido de vacaciones.
Aupa Atleti.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Cabreo ontológico
Hay estados de ánimo imposibles de explicar. Lo mío he dado en llamarlo “cabreo ontológico”. Ya digo, lo de poner nombre a las cosas es un ejercicio necesario para que a uno le duelan menos. Y conste que bautizar los estados de ánimo, los sentimientos, las sensaciones, es un don que no me ha sido concedido. Pero me conformo con llamar a esto que me pasa “cabreo ontológico” a falta de mejores opciones.Pero no queda ahí la cosa. Es que hasta mi propio equipo de fútbol está para el desguace. Con unos dirigentes condenados por apropiación indebida que no han devuelto ni un céntimo porque el delito prescribió. En serio. No me invento nada. Unos tipos roban 6.000 millones de las antiguas pesetas, un tribunal les condena, y resulta que no pasa nada porque ya han pasado unos años y el delito no se tiene en cuenta. De modo que por mucho que yo proteste con una bufanda verde y oro, por mucho que me manifieste, por mucho que denuncie, que intente hacer ver a los que me rodean que mi equipo se ha convertido en una sucursal de negocio para dos mafiosos reconocidos, no me queda más opción que el puñetero pataleo, el “cabreo ontológico”.
Y lo peor de todo no es que los políticos nos sigan timando con una ley electoral fraudulenta y partidista, ni siquiera que el paro en la profesión me tenga compungido y maniatado, o que el Atleti siga deteriorándose a pasos agigantados. Qué va. Lo peor es que este “cabreo ontológico” se está convirtiendo en antológico.
Y para colmo es contagioso. Las educadoras de la guardería de mi hija me han mandado una nota que dice: “María ha venido un poquito salvaje. Empuja a sus amiguitos y les da patadas y puñetazos sin motivo”. Y yo no he podido menos que contestarles con otra nota: “No se preocupen. Cuando pasen las elecciones, descienda el paro y el Atleti vuelva a sus socios se tranquilizará”.
lunes, 9 de mayo de 2011
Bufanda de plomo entre rejas rojiblancas
El sábado el Atleti colmó mi paciencia. Mi hermano y yo nos fuimos antes de que el Málaga nos metiera el tercero en casa. Un Málaga que pelea por evitar el descenso, con un presupuesto (a pesar del jeque) muy inferior al nuestro, con una historia ridícula comparada con la nuestra. El tercer gol lo oímos en el semáforo de la glorieta de Pirámides. Y pensábamos que había sido del Atleti porque los 400 aficionados malaguistas gritaron más que todo el Calderón apesadumbrado y resignado a un equipo en el que no pinchamos ni cortamos. Somos aficionados pasivos.
Le decía yo a mi hermano al llegar al campo que iba al partido como quien va al trabajo. Sin muchas ganas. Esperando a ver qué Atleti nos encontrábamos. En cuanto vimos la alineación (con Quique es más fácil acertar una quiniela de quince que la alineación del fin de semana) nos miramos y dijimos: "la cagamos". Otra vez Elías en la banda, otra vez Raúl García dejando solo a Mario Suárez en el medio centro. Forlán en el banquillo y el inefable Diego "Rantamplán" Costa acompañando a Agüero arriba. Eso sin contar con que Perea volvía a estar en el once titular. Y encima no le colocan en su puesto, de lateral, sino que vuelve a ponerlo de central acompañando a un Godín tan inseguro como lento. Estaba claro que nada bueno podía pasar.
Y así fue. El Málaga jugó como un grande (sin esperar al Atleti, sin especular con el empate, sin perder tiempo, sin conformarse con el 0-1). El Atleti ni siquiera jugó. Aquello parecía un corral en el que los rojiblancos hubieran perdido la cabeza. La única diferencia era que nuestros pollos no corrían, sólo caminaban desorientados por el campo mientras el Málaga (muy organizadito, muy colocado, muy serio) seguía generando ocasión tras ocasión. Y fueron cayendo las oportunidades y los goles mientras Quique dejaba que los socios viésemos cómo calentaba Juanfran en la banda para no sacarle y demostrar lo mal entrenador que es. Un tipo, el sobrino de la faraona, que no ha sabido gestionar una de las mejores plantillas de primera división. Un fulano que ha generado una tensión y desconfianza en los futbolistas que ha alcanzado cotas difíciles de igualar. Un elemento que pone de titular un mes seguido a Valera (alucinante) y luego le hace desaparecer del mapa, o que se quita de enmedio a Fran Mérida sin motivo aparente, o que hace debutar a Juanfran sin presentarle a sus compañeros en una eliminatoria copera contra el Real Madrid, que apuesta por Costa dejando en el banquillo a un tío que es doble bota de oro, máximo goleador del mundial y mejor futbolista de la máxima competición planetaria. Un fulano que insiste en cambiar de posición a los futbolistas. Que nunca pone a Elías en su sitio, que no sabe motivar a los chicos y que genera tanta incertidumbre que lo único que demuestra es que su puesto es el de un títere al servicio de los delincuentes que robaron el club y que no pinta nada en la institución, de ahí que tenga que hacer en cada alineación una demostración de poder en su parcela, la de desestabilizar al equipo. Quique, vete a la mierda. Y a ser posible llévate contigo a Pitarch, a Gil, a Cerezo y a toda la gentuza que se sirve de la emoción y el sentimiento de los que creemos en un equipo de fútbol para engañarnos una y mil veces. Aunque no hayamos entrado en Champions a pesar de tener el tercer mayor presupuesto de la Liga, aunque el fracaso de la Europa League (que aún no está segura) nos lo quieran vender como un gran éxito en una competición donde ya hemos demostrado que somos los mejores... y empezará el baile de fichajes mediocres a bombo y platillo, un nuevo proyecto, otra mentira infame... iros a la mierda. Que os den.
Mañana jugamos contra el Racing. Nos queda en casa el Hércules y acabamos en Mallorca una temporada triste, gris, mediocre, insana, llena de rutinas, de bufandas de plomo, de protestas verde y oro, de futbolistas desorientados, de partidos insípidos, de fracasos vestidos de fe, de esperanza, de que somos una gran afición y toda esa milonga.
A este paso no sólo dejo el blog sino que dejo de cantarle a mi hija el himno del Atleti, y prendo fuego al Calderón.
lunes, 11 de abril de 2011
Tarde de pipas y tertulia
Atleti 3 - Real Sociedad 0
Tarde de primavera en el Calderón. Mis hermanos deciden quedarse disfrutando del buen tiempo, de sus parejas e hijos y seguir con la huelga rojiblanca. Todos menos el mayor, que viene antes de su fin de semana en Soria para ver al Atleti. Invitamos a nuestro buen amigo txuriurdín, Txutxi, a que se venga con nosotros al campo para ver si los suyos son capaces de plantarnos cara. Antes de que empiece el encuentro ya nos avisa de que están bajo mínimos y de que les basta con sacar seis de los nueve puntos que tienen que disputar en Anoeta, lo que no imaginaba era la absoluta desidia y la falta de presión e intensidad de una Real Sociedad que, esta vez sí, jugaba con sus colores habituales fuera de casa. Por fin un partido entre dos equipos con sus camisetas correspondientes, como antes. Y como antes también el Atleti comenzó atacando en el fondo norte, con el Frente Atlético empujando desde atrás y viendo los goles de la segunda parte en la portería del sur. También como antes volvieron (por fin) unos cuantos aficionados de la Real Sociedad a nuestro estadio. Eran de la peña realista de Madrid. Muy poquitos, apenas una docena, pero con dos pancartas y mucho ánimo... sobre todo si tenemos en cuenta la pésima actuación de su equipo. Indolente durante toda la tarde. De excursión por Madrid. Como quien viene a ver lo chulo que está quedando el paseo del río Manzanares, su puente monumental en forma de tubería rota y toda la parafernalia. Quizá empujado por la buena hora y por el solete, me inclino por un plan ecológico y pillo el 18 en mi barrio para que me deje en la glorieta de Pirámides: 20 minutazos esperando en la parada de mi barrio. Casi tres cuartos de hora para llegar al lugar de destino. Joder, que si voy andando creo que llego al mismo tiempo. En fin.
El partido
De la Real poco más hay que decir. Bueno sí, que tienen un joven uruguayo con botas naranjas que salió los últimos minutos y creo más fútbol que sus diez compañeros juntos durante todo el partido (a excepción del portero. Bravo por Bravo). El Atleti, sin romperse los cuernos, metió tres que pudieron ser seis. Al ralentí, sin presión, sin mucha movilidad, pero bien colocado en el campo y marcando el ritmo del partido. Ya digo, tarde de partido amistoso, de pretemporada, de no jugarse nada, de una Liga donde sólo importan el Barça-Madrid y el Madrid-Barça. Como quien va al trabajo, oiga.
Lo más divertido, como siempre, es adivinar la alineación. Ayer Quique S. Flowers, el sobrino de la Faraona, nos deleitó con nuevas sorpresas. Filipe Luis volvió a su banda (y marcó el primer gol tras un soberbio taconazo del brasileño revelación: Diego Rantamplán Costa). Mario Suárez se hizo el dueño del centro del campo (y marcó el segundo gol tras un regate espectacularmente hermoso y propio de un gitano del fútbol-sala como Reyes que se lo puso en bandeja). No salió Juanfran hasta que faltaban diez minutos para sustituir a un Koke muy preocupado en no fallar más que en acertar. Aún está verde el chico, aunque hizo un partido correcto. Forlán en el banquillo salió a veinte minutos del final en sustitución de un peleón Rantamplán Costa muy pero que muy aplaudido (a pesar de que todos sabemos que es un paquete). Y volvió el Kun al once titular (marcó el tercer gol tras recuperar un balón y recorrerse todo el campo dejando secos a dos defensas y cruzando el balón después de comprobar que Forlán -sin balón- estaba muchos metros por detrás aunque arrancaran a correr a la par).
Poco más que contar en un partido en el que no hubo rival. Mucha tertulia en la grada, buen número de niños entre los aficionados y pipas a tutiplén.
Me cago en la EMT
Al acabar el partido mi hermano se volvió en moto, mi amigo Txutxi cogió el coche para su largo trayecto de vuelta y yo intenté coger el 18 en la parada habitual. No había nadie. Muy raro. A los dos minutos me sorprendo leyendo un folio cutre colgado por algún funcionario municipal que avisa de la interrupción del servicio hasta las 21:30. Mínimo media hora de espera a lo que hay que sumar los 20 minutitos que, aproximadamente, tardará en llegar el primer coche. Me cago en la puta EMT y comienzo a caminar dirección Legazpi. Un buen rato después llego a mi destino y compruebo en las pantallas informativas de la Empresa Municipal de Transportes calculan en 16 minutos la llegada del próximo bus de la línea 18. No puede ser. Estoy deseando llegar a casa. Cruzo la acera y busco la parada del 86. El panel informa que tardará 14 minutos en llegar. Y una mierda voy a esperar otro cuarto de hora. Encamino mis pasos a la boca de metro y una vez dentro escucho que están dando un aviso por los altavoces. No hago ni caso y me dispongo a sacar un billete en la máquina expendedora cuando estiro el oído y alcanzo a comprender a la señora de los altavoces: "Línea 3 interrumpida entre Embajadores y Villaverde Alto". A tomar por culo. Salgo de una mala leche impresionante y pillo un taxi que me clava casi 10 eurazos por llevarme a casa. (Menos mal que hemos ganado, pienso mientras recorro la Avenida de Andalucía).
Por cierto, hubo una manifestación contra la penosa gestión de los que robaron el club para convertirlo en SAD. En el estadio los de seguridad trataron de quitar una pancarta crítica con los caciques del palco y se llevaron el abucheo de la tarde. Algunos cánticos contra los mafiosos y el número de bufandas verde y oro que sigue creciendo.
El domingo, en el Plus, a las 21:00 contra el Espanyol. Yo estaré de vacaciones, espero que el Atleti no.
Qué alegres son los colores, de las rayas rojiblancas....
miércoles, 6 de abril de 2011
Ran - tan - plan
Osasuna 2 - Atleti 3
Aunque meta los mismos goles en un partido que en toda la temporada, aunque sea un tipo agradable y buen compañero en el vestuario, aunque pelee como un jabato y sea capaz de partirse la cara con el más pintado... lo siento, Diego "Rantanplán" Costa me cae bien, pero no es para el Atleti.
Sé que no es un buen momento para escribir esto después de los tres pepinos que le metió a Osasuna para traernos todos los puntos de un estadio complicado, muy complicado. Tampoco es un buen momento para expresar mi opinión sobre nuestro delantero cuando todos acabamos de ver el partido sin echar de menos a Forlán y al Kun. Ojalá me equivoque, pero lo de Rantamplán en Pamplona ha sido sólo un espejismo. Ya digo, ojalá me equivoque y estemos ante otro Rubén Cano. Un futbolista desgarbado, alto, sin maneras, pero con gol, con entrega y con la suerte del rebote de su lado... pero me temo que no es el caso.
En Lleida
Vi el partido en un bar de Lleida. Creo que se llamaba "El Nou" (El 9) en el paseo de Ronda, si no me equivoco. Lo cierto es que estaban con la final del tenis en Miami y no tenían intención de poner el partido. Al final, el capellán de la cárcel de Ponent, un mercedario aragonés y futbolero hasta la médula, les pidió a los dueños del garito (que eran amigos suyos) que pusieran el partido para que yo alucinara a colores con la penosa primera parte de los nuestros y la exhibición de Diego "Rantamplán" Costa intentando callarme la boca y dejándome mal delante de toda la parroquia futbolística del tugurio. En su mayoría barcelonistas militantes, dicho sea de paso.
A cada uno de los goles del brasileño nacido en Lagarto (casi le debíamos rebautizar como Diego "Juancho" Costa) los lleidatans acodados en la barra me preguntaban quién era este tipo y si era bueno. A lo que yo, con toda la seriedad que puede tener uno cuando acabamos de empatar fuera, cuando metemos el 1-2, el 1-3 y nos pitan un penalti a favor, contestaba: "Es un paquete, un negado, un manta, no tiene ni idea de jugar al fútbol..." Con lo que acabé perdiendo toda la credibilidad y confirmé sobradamente que era del Atleti, de un equipo de locos donde no conocemos a nuestros jugadores, donde no sabemos lo que tenemos, donde todo es posible y donde el fútbol es, más que en ningún otro equipo, una lotería.
No diré nada de la pasividad de Quique cuando nos metieron el primero. Tampoco de una primera parte donde Osasuna nos comió por la banda de Antonio López. Ni siquiera comentaré el partidazo de nuestro portero, el error en el penalti de Reyes y el empate que se pudo llevar Osasuna en la ocasión final que pasó lamiendo el palo.
Pero sí que tengo que comentar el partidazo colosal de Rantamplán. El domingo, aunque yo no confíe en él, me demostró que sabe jugar al fútbol, que tiene gol, que es un portento en el desmarque y que si tiene campo por delante, para correr, es capaz de enchufarla tres veces. Aunque en cada zancada dé la impresión de que se va a caer, o de que va a pisar el balón, o de que se tropezará él solo.... Ante su eficacia y su derroche de coraje y corazón no pude menos que levantar mi Voll-Damm y, mirando a los culés que tanto preguntaban por Rantamplán, soltarles un: "Señores, yo soy del Atleti, y Diego Costa también".
Vamos, Atleti, vamos.
martes, 22 de marzo de 2011
Resignado, escéptico y harto, muy harto
Me he abstenido de comentar los dos últimos partidos del Atleti. El empate contra un Almería colista y la derrota (otra vez) contra un Real Madrid al que no le suponemos ningún esfuerzo especial. Hasta me he planteado dejar de comentar cómo vivo el Atleti, cómo veo los partidos, qué me parece que juegue fulano o mengano, si la táctica del míster me convence, si un fichaje puede venirnos bien o si deberíamos apostar más por la cantera o por el equipo de féminas para jugar en el primer equipo... estoy un poco harto. Bueno, más que harto, escéptico ante todas las milongas que nos cuentan los sinvergüenzas que robaron el club convirtiéndolo en SAD y resignado ante la imposibilidad de cambiar el rumbo de mi equipo. Un equipo que va a la deriva, que ya no se codea con los grandes, que no opta a ganar la Liga y ni siquiera tiene opciones para entrar en la Champions. Un club que sigue aprovechándose de la imagen de una hinchada que cada vez está más ciega y que se contenta con insultar a Marcelo, a Mourinho, a Cristiano Ronaldo o, simplemente, con cantar las típicas coplas contra el rival sin caer en la cuenta de que cada vez vamos a menos, que lo del año pasado fue un espejismo churrigueresco con carambola en las eliminatorias y que la decrepitud no se logra de un día para otro, que es un cáncer que poco a poco se va comiendo una institución centenaria sin que las células que lo componen se den cuenta. Y en esas ando. Cagándome en Cerezo, en Gil Marín y en las SAD mientras veo cómo nuestra Liga se convierte en un campeonato escocés y el dinero que debería entrar (menos del que nos corresponde) se queda en los bolsillos y cajones de intermediarios, directores deportivos, empresas de los ladrones sobreseídos y demás alimañas que viven gracias a la ceguera que conlleva el sentimiento irracional de amor a unos colores, a un escudo, a un equipo que ya nada tiene que ver con lo que fue.
Ahora nos quedan nueve partidos, 27 puntos, contra rivales de la parte media y baja de la tabla. Nos querrán vender otra vez que es posible entrar en Europa, que el próximo año lucharemos por la Liga, que vamos a fichar a un fulano que es un crack, que ganaremos al Madrid (como si esto fuera a salvar una temporada)... y la realidad será la misma de siempre: Gil y Cerezo sirviéndose de la SAD en beneficio propio, robándonos en nuestra cara, los grandes jugadores buscando un equipo que aspire a algo, fichando mediocridades peores que cualquier chaval de la cantera, arrastrando el escudo y la camiseta por esos campos de Dios y dejando que nos pierdan el respeto porque ya no somos un club grande y señor. En fin, que no hay más cera que la que arde.
Como dice mi buen amigo Youssef, un marroquí más rojiblanco que Vicente Calderón: "Hace falta una revolución". Pues eso. Yo, mientras tanto, seguiré con mi bufanda verde y oro acudiendo al estadio. Es lo menos que puedo hacer.
Y sin embargo... te quiero, Atleeeeti, loro lolo, lolo, te quiero Atleeeti....
lunes, 7 de marzo de 2011
La crónica del becario
Como ya advertí en mi último post, este partido no podría ir al campo porque tenía jornadas de comercio y bebercio familiar en la ilustre ciudad de Pucela. Como mis hermanos también aprovechaban el fin de semana para ver el Mediterráneo y mantener su "huelga de Atleti", pues le pasé los abonos al becario de la tele, un atlético dispuesto a pasar frío y jugarse a una carta rojiblanca la noche carnavalera del sábado. El tío, con más suerte que todas las cosas, ha visto uno de los mejores partidos de la temporada en el Calderón. Pero no le ha salido gratis. A cambio ha tenido que currarse esta crónica que os dejo a continuación.
Atleti 3 – Villareal 1
No me cabe duda, el Atlético es tan imprevisible como la vida misma. Todo hacía presagiar que el Villareal nos iba a hundir, y más visto lo visto la semana pasada en Getafe, pero no, este es el Atlético de las grandes gestas y de los “ridículos más absolutos”. Ayer, grandes gestas.
Tres a uno ante el conjunto amarillo, con un juego fluido, con una defensa como Dios manda (Godín, Domínguez, Ufa y Filipe) y una delantera para soñar, volvímos a ganar y no ante un cualquiera, sino ante el equipo que mejor juega tras el Barça de los records. Me gustó y mucho la pareja de medios Mario - Tiago siempre bien apoyada por un Elías incombustible en las ayudas defensivas (algo tenía que tener este chico para ser internacional con Brasil). Desde luego que ahí estuvo la clave del partido, en la media. La presión de los hombres de Quique fue fundamental para que Valero, Cazorla y compañía no pudieran encontrar los huecos para triangular. Del resto se encarga Reyes. ¡Qué merito tiene lo de este chico! Hace un año era persona non grata por el Calderón y ahora es la gasolina del 98 que mueve a este equipo. ¡Vaya gol! Minuto 4 de partido y el Atleti se adelanta. El Villareal no está cómodo, no se encuentra , pero no se preocupen que ahí está Iturralde para poner igualdad. Gol de Rossi y miedo en el cuerpo. 1 a 1 y al vestuario, el resto a por el bocadillo.
La segunda parte pintaba mal. Tengo que reconocerlo, si tuviera algo de dinero lo hubiera apostado todo al amarillo y como buen atlético lo hubiera perdido todo. De nuevo la media estuvo excepcional. Siempre conteniendo el juego de Borja y lo que es mejor, haciendo jugar al equipo. En esas llegó Filipe ( el “delgadillo” para la señora de mi izquierda) y nos recordó a ese lateral de antes de la lesión y cuajó una magnifica asistencia a Kun que resolvió con una vaselina marca de la casa. 2 a 1. Esto pinta bien, pinta muy bien porque 5 minutos después llega la reconciliación Reyes-Forlán (vaya semanita nos han dado con el “tú no me la pasas”) y gol del uruguayo. 3 a 1 y la grada respira con tranquilidad. El Villareal no está ni se le espera.
Pero lo más importante no fue el golazo de Reyes (por favor, Marqués, llévelo de vuelta con la Estrella), ni el resurgir de Filipe, ni el gol de Forlán tras varios meses con la pólvora mojada, no, lo verdaderamente importante son las 40.000 personas que corearon al unísono contra la gestión económica-deportiva de la familia Gil. Es algo a tener en cuenta porque el “populacho” no quiere más medianías, ni más mentiras, ni más comisiones. La afición quiere ver a su equipo de antaño, ese que infundía respeto allá donde fuera y que ganaba títulos cada 2 ó 3 años.
Y volviendo al tema deportivo, Quique, por favor, aunque la vida sea imprevisible haznos el favor de repetir alineación.
Aurelio Mateos
Becario de TVE
Por mi parte, lo seguí conectado a internet y entrando y saliendo de bares varios. Al final del partido mi hermano me llamó desde Castellón para contarme que habían jugado increíblemente bien. Que por fin la defensa era la que tenía que ser, que el tal Elías parece que no es tan malo y que si Forlán y Kun recuperan este estado de gracia la cosa puede pintar mucho mejor. Yo, por mi parte, lo tengo claro: A ver lo que tardan ahora en vendernos la Champions League... en fin.
Vamos, Atleti, vamos.
jueves, 3 de marzo de 2011
Un partido en el báter
Getafe 1 - Atleti 1
Que alguien tire de la cadena. Este Atleti es una mierda. Parece que durante la semana no entrenan, que los jugadores no se conocen, que el sobrino de la faraona no tiene una idea de juego, que la directiva sólo piensa en seguir robando y que la afición sigue tan gilipollas como siempre. Ayer, en Getafe, un equipo sin afición, sin historia, sin nada de nada, nos dio un repaso en todos los aspectos de la vida. Es para mear y no echar gota.
Andaba yo cagándome en las televisiones porque no tengo el Canal Plus y pago religiosamente un dineral por Gol TV cuando decidí poner la radio en el baño mientras bañaba a mi hija María. Empieza el partido y marca el Getafe. De repente gritan los comentaristas el gol como si les fuera la vida en ello y yo, sin ninguna duda, le digo a mi mujer: "Gol del Geta". En esto que mi hija se pone a aplaudir sin venir a cuento. "¡María! ¿Qué haces? No, no, no, no. ¡Que somos del Atleti!" Y mi mujer me mira con tanta pena y tanta ternura que no pude menos que darle un beso a mi hija y corregirme: "Bueno, también somos un poco del Geta".
Seguí pegado a la radio mientras le lavábamos el pelo, después durante el secado y el embadurnamiento de aceites y cremas hidratantes tiraban de nuevo al larguero los azulones. El Atleti no había tirado aún entre los tres palos cuando ya le habíamos puesto el pijama a mi niña. Pintaba mal, muy mal. Como toda la temporada, como los últimos 24 años, como la condena que aún tenemos por delante.
Mientras se calentaba el puré de María puse en marcha el portátil y busqué un lugar para ver la segunda parte por internet. Una mala decisión. Fue entonces cuando comprobé que Valera (no me lo creía) había sentado a Domínguez en el banquillo, cuando seguía sin entender qué coño le pasa a Raúl García, cuando me di cuenta de que Koke y el Kun también estaban en la alineación. El único que se partía la cara (le dieron dos balonazos en toda la jeta) fue el bueno de Reyes. Pero en un equipo de once, con uno no basta.
Sintonicé en mi portátil "goltiví eichdí" o sea, Gol TVHD. Los comentaristas eran unos mexicanos graciosísimos que no dejaban de recordar que el Atleti no tiene personalidad, ni estilo de juego, ni una idea de esquema, ni nada que se le parezca. Que sin Simao los rojiblancos habían perdido mordiente, que Quique Flores tenía los días contados y que era una caricatura de equipo, completamente plano, a pesar de los buenos futbolistas que tiene en su "plantel". Y yo combinaba la resignación del corazón con una sonrisa ante cada una de sus expresiones y comentarios.
De repente, en una jugada aislada, "la rubia" mete un pase bombeado al interior del área y aparece Elías (el fichaje más caro del mercado de invierno) y le da un cabezazo (sin ironías, me pareció soberbio) que se cuela por encima del portero getafense. Hubiera sido un golazo si el equipo diera síntomas de remontar, de saber jugar a algo, de querer ir a por el partido... juro que no me inmuté (no sé si por mi pinzamiento lumbar o porque realmente estoy hasta los huevos de la familia Gil).
Luego hubo más de lo mismo. El sobrino de la faraona que no hace los cambios hasta que faltan ocho minutos. Sale Juanfran (con lo bueno que es este tío no sé por qué coño no juega de inicio) y empieza el Atleti a carburar por su banda. Sale Asunçao y el medio campo sigue igual que estaba, atascado.
Lo mejor de todo es que el árbitro sólo alargó tres minutitos. Entonces aproveché para leer algunas cosillas sobre el Atleti y leí las declaraciones de Quique S. Flowers: "En el peor de los casos iremos a Europa". Y me quedé tan frío que tuve que subir dos grados la calefacción de casa.
En fin, que el sábado, a las 22:00 contra el Villarreal, va a ir al campo Rita la cataora. Entre otras cosas porque yo tengo cenorrio con los primos en Pucela. Como veréis, no hay color.
A pesar de todo: "Qué alegres son los colores, de las rayas rojiblancas..."
martes, 1 de marzo de 2011
La afición más gil del mundo
Atleti 2 - Sevilla 2
Lo único bueno del partido del sábado fue el tiempo primaveral, volver al Calderón después de mucho tiempo, ver más verde y oro en la grada y, sobre todo, que un canterano como Koke saliese de titular y marcase un gol con la rojiblanca.
Lo demás está todo dicho. El Sevilla venía de reventarse ante un Oporto que se lo cepilló sin demasiado fútbol y con mucho músculo. Apenas hubo presencia de la afición sevillista en las gradas. No creo que fuesen más de 50 personas. Eso sí, era partido de "alto riesgo", o sea que el despliegue policial que pagamos todos (los aficionados al fútbol y los que pasan de esta película) fue de los de antología.
El Atleti salió escopetado, que dicen en mi pueblo. Con más ganas que posibilidades. La grada pitando a Raúl García (alucino a colores) desde el minuto uno. Que sí, que es cierto que el chaval en el Atleti no ha cuajado, que no acaba de convencer, que es un poco pusilánime, que no mete el pie, que está falto de confianza, que no nos gusta a casi ninguno... pero de ahí a pitarle. Quizá debiéramos preguntarle a Quique cómo es posible que un tío que juega de titular nada más llegar al equipo, de repente deje de estar en las convocatorias. O por qué cambia a Forlán con el 2-2 a falta de siete minutos dando salida al inefable brasileño Diego "Rantamplán" Costa. Que sí, que el chico pelea, pero que no resuelve un partido ni loco. O por qué coño no sale Juanfran si está en plena forma y crea muchísimo peligro. O por qué ahora Domínguez es titular si lo ha tenido castigado sin convocarle durante varias jornadas... en fin, que no entiendo nada. Es lo mismo que el caso de Koke. ¿No sabían que este chaval es lo suficientemente aseado para jugar en el primer equipo hasta el otro día? ¿Por qué Mario Suárez ha desaparecido del mapa? ¿Qué ocurre con Fran Mérida que no acaba de cuajar? ¿Saben en el Atleti que Cabrera -el que no jugó ni un partido el año pasado- ha sido uno de los futbolistas más destacados del sudamericano sub-20 en Perú? Mil preguntas sin respuesta.
La afición más gil del mundo
Estoy harto de que siempre se hable de la afición del Atleti como la mejor del mundo. A mí no me lo parece, lo siento. Quizá no sea muy popular esto que escribo, pero es la realidad. Una buena afición exige a su equipo y no le canta "Te quiero Atleti" cuando empata en casa a un Sevilla ramplón que juega al ralentí y nos mete un gol cada vez que llega a puerta, joder. Ni se acuerda de que los directivos delincuentes que robaron un club de fútbol que costaba 5.000 millones de las antiguas pesetas sólo cuando el equipo pierde. Una afición de verdad es la que anima a su equipo en las buenas y en las malas, sí, pero con un poco de dignidad. Una buena afición es la que no silba a uno de sus futbolistas, de sólo 23 años, como Raúl García, porque no le están saliendo las cosas.
Sin duda que somos la afición más gilipollas. Aguantamos que los dirigentes delincuentes nos vendan motos de todo tipo y que nadie pida responsabilidades. Somos gilidiotas, gilimbéciles, gilipollas de los cojones por aguantar a unos tíos como Gil y Cerezo que han convertido el Atleti en su excusa para hacer negocios y enriquecerse. Aunque ya no tengamos opciones de pelear con el Madrid y el Barça (ojo, a 27 y 34 puntos me parece que están), y los muy hijos de puta se empeñan en convencernos (y algunos ya lo están) de que nuestros rivales son el Sevilla, el Villarreal, el Valencia... es para ponerse triste, muy triste.
Me jode un huevo que me recuerden aquel funesto anuncio de "¿Papá, por qué somos del Atleti?" La respuesta es sencilla: "Porque somos la afición más gil del mundo, hijo". Y me cago en la puta. Mierda.
Que vuelva mi Atleti. Que se piren estos tíos. Que nos compre un jeque árabe, un mafioso ruso, un empresario hindú, pero que se piren estos tíos con Rumasa y su familia a engañar a los internos de Soto del Real.
Lo único bueno del partido del sábado fue el tiempo primaveral, volver al Calderón después de mucho tiempo, ver más verde y oro en la grada y, sobre todo, que un canterano como Koke saliese de titular y marcase un gol con la rojiblanca.
Lo demás está todo dicho. El Sevilla venía de reventarse ante un Oporto que se lo cepilló sin demasiado fútbol y con mucho músculo. Apenas hubo presencia de la afición sevillista en las gradas. No creo que fuesen más de 50 personas. Eso sí, era partido de "alto riesgo", o sea que el despliegue policial que pagamos todos (los aficionados al fútbol y los que pasan de esta película) fue de los de antología.
El Atleti salió escopetado, que dicen en mi pueblo. Con más ganas que posibilidades. La grada pitando a Raúl García (alucino a colores) desde el minuto uno. Que sí, que es cierto que el chaval en el Atleti no ha cuajado, que no acaba de convencer, que es un poco pusilánime, que no mete el pie, que está falto de confianza, que no nos gusta a casi ninguno... pero de ahí a pitarle. Quizá debiéramos preguntarle a Quique cómo es posible que un tío que juega de titular nada más llegar al equipo, de repente deje de estar en las convocatorias. O por qué cambia a Forlán con el 2-2 a falta de siete minutos dando salida al inefable brasileño Diego "Rantamplán" Costa. Que sí, que el chico pelea, pero que no resuelve un partido ni loco. O por qué coño no sale Juanfran si está en plena forma y crea muchísimo peligro. O por qué ahora Domínguez es titular si lo ha tenido castigado sin convocarle durante varias jornadas... en fin, que no entiendo nada. Es lo mismo que el caso de Koke. ¿No sabían que este chaval es lo suficientemente aseado para jugar en el primer equipo hasta el otro día? ¿Por qué Mario Suárez ha desaparecido del mapa? ¿Qué ocurre con Fran Mérida que no acaba de cuajar? ¿Saben en el Atleti que Cabrera -el que no jugó ni un partido el año pasado- ha sido uno de los futbolistas más destacados del sudamericano sub-20 en Perú? Mil preguntas sin respuesta.
La afición más gil del mundo
Estoy harto de que siempre se hable de la afición del Atleti como la mejor del mundo. A mí no me lo parece, lo siento. Quizá no sea muy popular esto que escribo, pero es la realidad. Una buena afición exige a su equipo y no le canta "Te quiero Atleti" cuando empata en casa a un Sevilla ramplón que juega al ralentí y nos mete un gol cada vez que llega a puerta, joder. Ni se acuerda de que los directivos delincuentes que robaron un club de fútbol que costaba 5.000 millones de las antiguas pesetas sólo cuando el equipo pierde. Una afición de verdad es la que anima a su equipo en las buenas y en las malas, sí, pero con un poco de dignidad. Una buena afición es la que no silba a uno de sus futbolistas, de sólo 23 años, como Raúl García, porque no le están saliendo las cosas.
Sin duda que somos la afición más gilipollas. Aguantamos que los dirigentes delincuentes nos vendan motos de todo tipo y que nadie pida responsabilidades. Somos gilidiotas, gilimbéciles, gilipollas de los cojones por aguantar a unos tíos como Gil y Cerezo que han convertido el Atleti en su excusa para hacer negocios y enriquecerse. Aunque ya no tengamos opciones de pelear con el Madrid y el Barça (ojo, a 27 y 34 puntos me parece que están), y los muy hijos de puta se empeñan en convencernos (y algunos ya lo están) de que nuestros rivales son el Sevilla, el Villarreal, el Valencia... es para ponerse triste, muy triste.
Me jode un huevo que me recuerden aquel funesto anuncio de "¿Papá, por qué somos del Atleti?" La respuesta es sencilla: "Porque somos la afición más gil del mundo, hijo". Y me cago en la puta. Mierda.
Que vuelva mi Atleti. Que se piren estos tíos. Que nos compre un jeque árabe, un mafioso ruso, un empresario hindú, pero que se piren estos tíos con Rumasa y su familia a engañar a los internos de Soto del Real.
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