lunes, 26 de agosto de 2019
Thomas Partey es del Atleti antes que vosotros
Leganés 0 - Atleti 1
Las redes sociales, el anonimato y la ignorancia son una cóctel peligroso. Tanto que, lo mejor, es dejar de seguir o bloquear a ciertos 'infraseres' sin otra ocupación que la de insultar sin conocimiento, sin sentido y, con mucha probabilidad, sin vida offline.
Ayer en Butarque el Atleti se encontró con un Leganés al que jamás había vencido. Nunca. Un equipo aguerrido y ordenado capaz de desactivar un centro del campo con la calidad de Lemar, la polivalencia de Saúl, la experiencia de Koke y el músculo versátil y espectacular de Thomas.
No fue el mejor día del "sueco", que es como mi hermano llama al bueno del ghanés. Ni mucho menos. Thomas Partey estuvo muy desacertado en el pase, lento en las recuperaciones y cometió errores soeces incluso dentro del área. Pero de ahí a insultarle como se le insultó en las redes sociales hay un abismo.
El bueno de Thomas Partey tiene 26 años y juega en casi todas las posiciones que un entrenador pueda soñar. Y lo hace con garantías -aunque no siempre tenga su día-. El africano llegó al Atleti con 19 años para hacer un temporadón en el Madrileño de Alfredo Santaelena. Luego se fue una temporada cedido al Mallorca en Segunda y después otra al Almería en Primera. Esta es su quinta temporada en el Atleti de Simeone.
Ha jugado la friolera de 140 partidos con la rojiblanca y ha metido 12 goles sin ser su cometido. La mayoría auténticos obuses por la escuadra. Y algunos tan decisivos como el pepino que le clavó al Depor de falta directa en el último minuto y que supuso el 0-1 de la victoria en la 2017-18.
Ayer, en Leganés, no tuvo un buen día. Hizo un mal partido. El Cholo le cambió por Marcos Llorente y, sin que el compañero que le sustituyó tocase el balón, marcó el Atleti su único gol. Trippier -un lateral inglés con pinta de encofrador del que soy devoto- se la puso a Joao Maravillao para que, en una de sus diabluras (quizá la única en la que no le rascaron el tobillo) se la dejó a Vitolo para que la depositara, con esa finura canaria que tanto nos gusta, en el fondo de la red.
Faltó tiempo para que los que se han apuntado al Atleti ganador del Cholo se tirasen a la yugular de Thomas. En lugar de celebrar el gol que nos ponía por delante, la jugada espectacular, la resurrección de Víctor Machín, el récord de partidos de Koke, la portería a cero de Oblak y el ambientazo rojiblanco de un Butarque con la rabia vikinga entreverada en sus gradas... no, lo mejor es hacer comentarios asquerosos contra uno de los nuestros. Contra un futbolista que se entrega y lo da todo cada vez que se enfunda nuestra camiseta.
Podrá gustar más o menos un futbolista pero, si lleva la rojiblanca, hay que animarle hasta reventar. Y si tiene un mal día, se dice, pero con respeto. De lo contrario, a la otra acera a berrear.
No digo nada de la lucha sin premio de Morata, el carácter de Savic -y su gesto de sicario kosovar-, los Cholocambios que volvieron a funcionar y, como bien dice mi amiga Helena Platas, esa posición ahí arribita en la tabla que nos convierte en CHOLÍDERES (con dos goles a favor, seis puntos de seis, que los del equipo del pueblo somos muy 'apañaos' y administramos lo poco que tenemos).
Para los ciervos que echan espuma por la boca y berrean contra "lo mal que juega el Atleti" sólo queda advertirles que si jugando mal llevamos seis de seis, ojito a cuando empiecen los de rojo y blanco a jugar bien. Mucho ojito.
Señores, yo soy del Atleti...
lunes, 19 de agosto de 2019
Los nueve nuevos y Joao Maravillao
He de confesar que hasta que no le fichamos desconocía quien era Joao Félix Sequeira, el portugués de Viseu que en noviembre cumplirá 20 años y que tenía enamorada a la afición de las águilas en la capital lusa. Del Benfica ya nos trajimos a Oblak. Ahí lo dejo.
En una pretemporada televisada desde Estados Unidos y Alemania, en la que el Atleti ha jugado siete partidos -sólo uno en España, en el Burgo de Osma- y ha salido invicto, la joven perla portuguesa ha brillado con goles, asistencias, desmarques, detalles, brega y mucha humildad. Un espectáculo, vaya.
El domingo 18 de agosto se estrenaba el Atleti en Liga, frente al Getafe, para inaugurar la temporada 19-20 en el Metropolitano. Hay nueve nuevos: Felipe, Nico Ibáñez, Lodi, Mario Hermoso, Trippier, Héctor Herrera, Marcos Llorente, Saponjic y Joao Félix.
Atleti 1 - Getafe 0
El nuevo Atleti es el Atleti de siempre. Vuelve el unocerismo del Cholo que provoca espumarajos en la boca de todos los gurús balompédicos. Diego Pablo dio ayer un nuevo golpe en la mesa y sacó a los feos en el once titular. Enfrente estaba el Geta de Bordalás, un hueso que se metió en Europa y que hizo un grandísimo partido impidiendo el fútbol del Atleti yendo continuamente al choque, al límite. Parecía el Atleti del Cholo cuando la plantilla era como la del Geta. Puro sacrificio.
Las nuevas normas y el penoso colegiado apellidado Cuadra dejaron el partido en diez contra diez a la media hora, poco después del cabezazo de Morata tras espectacular servicio del profundo, certero, serio y trabajador lateral derecho que ha venido desde el Reino Unido para deleitarnos con sus pases medidos tras envenenada carrera. Me enamoró ayer Trippier.
La expulsión de Lodi, por doble amarilla en menos de un minuto, parecía una pésima compensación arbritral tras la roja directa -VAR mediante- por entrada de Molina tocando el talón de Aquiles a uno de los nuestros. En dos minutos, dos expulsiones.
Lo mejor del partido, sin embargo, no fue el gol de Morata-Trippier, ni ver a los nuevos derrochando coraje y corazón como los viejos. Tampoco la falta de trabajo de Oblak, o los nuevos dorsales que recordaban a Godín en el cuerpo de Josema Giménez. Lo mejor del partido, sin ningún lugar a dudas, fue el jugadón de Joao Maravillao.
Juan Félix recupera en nuestro campo y regatea a un contrario que le hace falta. Pero sigue. Sortea a otros dos, que también le hacen falta. Continúa. Se mete en el área y le vuelven a hacer falta. Penalti.
En una misma jugada creí ver la velocidad de Futre, la potencia de Vieri, la clase de Torres, el regate de Alemao, la sabiduría de Luis, la picardía de Sabas, el duende de Kiko, la personalidad de Arteche y la humildad de Gárate. El penalti lo tiró Morata. El portero del Geta lo paró. ¿A quién le puede importar esto después de contemplar esa obra de arte rojiblanco concentrado?
Uno cero. Tres puntos. Y el Cholo -una vez más- ejerciendo de entrenador animador.
Luis Aragoneeeeeeees, Luis Aragoneeeeees, Luis Aragoneeeeeeees, Luis Aragoneeee eee eeees.
lunes, 27 de agosto de 2018
Atleti, las cosas de casa
Atleti 1 - Rayo 0
El sábado estrenamos la temporada 2018-19 en el Metropolitano. Segunda jornada tras el empate en Mestalla contra un Valencia muy sólido, primera en casa frente a un recién ascendido Rayo Vallecano que se encontró con un Oblak soberbio y con un equipo que, jugando muy mal, tiene a Griezmann arriba y es capaz de meter gol en la única que toca. Así es la vida de los ricos, gastar poco y ganar mucho, esforzarse al mínimo para rentabilizar al máximo. Aunque esto último no es del todo cierto. El Atleti corrió. No le salieron las cosas como otras veces, pero corrió. Y no es una sensación subjetiva, basta con repasar el partido para ver las carreras de Rodrigo y Saúl tras cada pérdida para recuperar el balón. Pero no hay por qué poner paños calientes: mal partido y muy buen resultado. Primera victoria en Liga. Cuatro puntos de seis posibles. Todo por mejorar.
La prensa, que no suele tratarnos nada bien, se ensañó con el césped del José Zorrilla, el campo de otro de los equipos que ha recuperado la Primera División. ¿Raro, no? Pues no. Allí jugaba el actual campeón de Liga y una de las dos multinacionales que copan el fútbol mundial. La verdad es que estaba de pena y es impropio de la que se autoproclama como "la mejor Liga del mundo" y todas esas gilipolleces de Tebas para vender fuera un producto que no cuidan en casa. Piqué lo explicó muy clarito. Pero a lo que iba, que me despistáis con vuestros rollos. Decía que el césped del Metropolitano estaba para llorar. Impropio de un supercampeón de Europa, del campeón de Europa League y del subcampeón de Liga. De pena. Y lo que es peor, el lunes -hoy mismo- el Rayo Majadahonda (que ha subido este año a la Segunda división) jugará en el Metropolitano contra el Real Mallorca para acabar de reventarlo. Veremos si alguien dice algo.
Un detalle que tampoco saldrá en los medios y que tanto mi hermano Ricar como mi vecino de abono Jose, el padre de Darío (que es el que sale en la foto con la camiseta de Fernando Torres), no dejaron de recordar -con una queja amarga, algún grito destemplado y muchos gestos de desaprobación- fue el pésimo funcionamiento de la megafonía del Metropolitano. Fatal. Sólo al final de la yanquicelebreision de la Supercopa alguien tocó el botón y pudimos escuchar la música y, sobre todo, la insoportable e innecesaria voz del tío del micro. En fin... con lo bonito que es ver a los jugadores dar la vuelta al estadio mientras los aficionados aplaudimos y cantamos con un mínimo de naturalidad. Y ya. Cada vez somos menos auténticos y más ridículos.
No saldrá tampoco en las televisiones ni dirán nada los periodistas, pero han puesto unas lucecitas en las tremendas escaleras de cemento que ocupan gran parte de la grada del Metropolitano y, cuando oscurece, al estar los aficionados del Atleti en la penumbra, se ven como si estuviésemos en el plató de Noche de Fiesta o algo así. Muy hortera todo. Aunque, intuyo, será cuestión de seguridad para evacuaciones y todas esas cosas modernas.
Otro detalle novedoso es la retransmisión del partido en las tres pantallas "gigantes" del Metropolitano en tiempo real. Que a mí me despista y me pone nervioso. Pero parece que este es el fútbol del VAR, el que empuja a los aficionados a verlo en el BAR. Y si no, que se lo pregunten a los que vinieron a animar al Rayito, que les calzaron 40 euros por subirles al ático del estadio, junto a una de las tres pantallas, envueltos en una red de pescar. Por cierto, el VAR no vale para nada si el árbitro hace lo que le sale de los cojones.
El sábado estrenamos septiembre y jugamos en Vigo. Espero que de rojiblanco, porque nuestra segunda equipación coincide en colores con la del Celta. Aunque igual jugamos con la tercera, o con la cuarta, o con la que a Nike se le ponga ahí mismo con el consentimiento de los dueños del negocio rojiblanco.
Por cierto, no he dicho nada de la emoción que supone volver al campo y encontrarte, como cada año desde hace dos décadas, a la misma buena gente. Comentar cómo ha ido el verano. Felicitar a Jesús por su paternidad, abrazar a Fran después de demasiado tiempo, comprobar que no eres el único que ha cogido peso, escuchar a Darío que este es su último año con abono infantil, ver a Jose con las mismas ganas de Atleti que tú tus hermanos, acompañar a tu sobrina que estrena abono y peña este año (Peña Mauri, de Valdemoro) y echar de menos a Alberto que desde Tenerife envía dos whatsapp de audio con sus críos Dani y Sergio cantando el himno del Glorioso con acento guanche al tiempo que miramos al Frente para ver si encontramos a Mayte y a Raúl que se han cambiado de sitio para cantar y bailar con su pequeña Saray un poco más abajo.
Cuántas ganas tenía de Atleti.
Aúpa. Siempre.
martes, 21 de agosto de 2018
No me gusta este Atleti
Valencia 1 - Atleti 1
No me gusta este Atleti vestido de azul turquesa, o celeste, o cielo o como quiera que se apellide este azul incomprensible y absurdo que vistió ayer en su debut liguero a orillas del Turia. No me gusta este Atleti supercampeón de Europa que ya no le cae simpático a los dos que se repartían la Liga y la Copa y la Champions y las teles y todo lo que hubiera que repartirse. Y que le hagan pasillo los rivales que aún creen en el fútbol. No me gusta este Atleti que ha dejado de ser el segundo equipo de casi todos para convertirse en el objeto de las iras y las envidias del resto de aficionados. No me gusta este Atleti del que los futbolistas que se han hecho grandes en él no quieren irse a ningún otro lugar donde les ofrecen más billetes y más títulos. Porque cuando llegó Griezmann hace cinco años no costaba lo que hoy quieren darnos por él. Porque cuando llegó Oblak tuvimos que aguantar las críticas por haber fichado a un portero errante, joven y desconocido por 16 millones de euros. No me gusta. No me gusta este Atleti que sigue teniendo casi la misma plantilla que cuando llegó el Cholo hace ya ocho temporadas. No me gusta que nos acusen cada año de una cosa. Esta temporada el mantra una y mil veces repetido es que el Atleti es el que más ha gastado en fichajes. No me gusta. No me gusta que hayan venido futbolistas desequilibrantes como Lemar y Gelson Martins, y mucho menos me gusta que Rodrigo haya regresado para convertirse en el mediocentro más espectacular del fútbol mundial, un Gabi moderno y joven con clase y talento para dar y regalar. No me gusta que mi tocayo Arias sea un lateral con vocación ofensiva dispuesto a darnos tantas asistencias de gol como Koke o Saúl. No me gusta que el tercer delantero sea un tipo del este como Oblak y Savic de esos que si te encuentras en una calle desierta cruzas inmediatamente de acera.
No me gusta que el Mono Burgos y el Cholo Simeone digan que tenemos que mejorar la clasificación de la temporada pasada. No, no me gusta, porque miro hacia atrás y veo que quedamos segundos en Liga y campeones de Europa League. No me gusta que Gameiro y Vietto hayan salido, ni que la pretemporada la hayan realizado los chavales de la cantera dejando bien claro que por detrás vienen arreando fuerte y son de la casa, de los que saben quiénes somos, de dnde venimos y dónde estamos. Pero, sobre todo, saben cómo lo logramos.
No me gusta que los que buscaban rival digno se suban por las paredes después de haber encontrado al más digno de los rivales. No me gusta que ya no les caigamos bien, ni que digan que ya no quieren que ganemos. No me gusta que Valdano se rinda a la evidencia y elogie el trabajo del Cholo en estos ocho años. No, no me gusta. Tampoco escuchar a Santiago Segurola diciendo que el Atlético de Madrid es uno de los equipos más importantes de Europa por su planteamiento claro y su capacidad de competir. No, claro que no me gusta.
No me gusta que Costa se parta el alma para intentar marcar en Valencia aunque Gil Manzano pase del VAR. No me gusta que Correa vuelva a marcar el primer gol de la temporada y sea convocado con la selección de Argentina. No, que va, no me gusta. Ni tampoco ver a Koke y a Saúl como dos titanes en el centro del campo. No me gusta Lemar desbordando y dando rapidez, ni me gusta Juanfran subiendo y bajando, poniendo pases increíbles arriba y robando balones peligrosos abajo. No me gusta Godín con Savic mostrando poderío en el área (a pesar del fallo de ayer), ni tampoco me gusta Filipe Luis dejándose la vida en el campo con las botas cubiertas de cal por correr encima de la línea de banda. No me gusta Oblak parando todo lo que se puede parar, y hasta algunas de las que creíamos imposibles de atajar. No me gusta este Atleti supercampeón, no, qué va.
Y no me gusta este Atleti por una sencilla razón, porque me encanta, me enamora, me sublima, me flipa, me alucina, me entusiasma. Este Atleti es el mejor que he visto nunca. Este Atleti al que tanto amo no me puede gustar más. Pase lo que pase. Aunque empate en Mestalla.
P.D. Lo de las camisetas azules contra un equipo que viste de blanco no me gusta nada de nada. Odio eterno al fútbol moderno. Nike, vete a la mierda. Tebas, vete con ellos.
Aúpa Atleti. Siempre.
(Gracias, Cholo)
jueves, 16 de agosto de 2018
Déjame estar súperalegre con el súperAtleti súpercampeón
Supercopa de Europa
Real Madrid 2 - Atlético de Madrid 4
Llegaba el vigente campeón de la Liga de Campeones sin haber campeonado en su Liga y habiendo quedado por detrás del campeón de la Liga Europa. Un equipo, el de Concha Espina, sin su leyenda goleadora y estrenando en el banquillo al ex seleccionador nacional que nos dejó tirados en Rusia. En esa selección había tres atléticos: Diego Costa, Koke y Saúl (al que el sustituto, el también madridista Fernando Hierro, no le dio ni un minuto).
Enfrente, el cada vez más poderoso, reconocido y laureado equipo del hombre más legendario a lo largo de los 115 años de historia que contemplan al club Atlético de Madrid: Diego Pablo Simeone González, "el Cholo". Un entrenador que está batiendo todos los récords de la institución y que va camino de batir los de La Liga española en su octava temporada al frente del Atleti. Ya es el que más títulos ha ganado al frente del equipo (2 Súpercopas de Europa, 1 Súpercopa de España, 2 Europa League, 1 Liga y 1 Copa) y tres de ellos doblegando en distintas finales al eterno rival de la capital. Probablemente sea el que más temporadas seguidas lleva al frente de un club en Primera división.
El partido era muy importante para el Cholo, para el Atleti y para los atléticos. No en vano cada vez que nos habíamos enfrentado a los vecinos ricos en competición europea habíamos acabado eliminados o sin poder alzar el título. El equipo de Florentino llevaba 18 años sin perder una final en Europa. A esto había que sumar que la Supercopa continental siempre había caído del lado del ganador de la Champions salvo en 2010 y 2012, que se la llevó el Atlético de Madrid, ganador de la UEFA Europa League, frente al Inter de Milán y al Chelsea con exhibición de Falcao incluida. Y era muy importante este primer partido oficial de la temporada porque en el inconsciente colectivo de la afición rojiblanca estaba germinando un oscuro temor similar al que ennegreció los derbis ligueros durante casi tres lustros en los que el equipo fue incapaz de vencer a los de la otra acera. Algo a lo que el Cholo puso punto y final con su llegada, ganándoles en Liga, ganándoles otra vez la Copa del Rey en su casa y volviéndoles a ganar la Súpercopa de España. Pero en Europa... en Europa llevábamos dos eliminatorias apeados y dos finales perdidas en la prórroga y en los penaltis.
Resultado final de la Súpercopa de Europa: 2-4 en la prórroga. Empezamos ganando 0-1 con golazo de Diego Costa antes de que se cumpliera el primer minuto. Patadón de Diego Godín que controla por dos veces, en carrera, con la cabeza y zapatazo sin ángulo a la red. Impresionante. Ellos empataron antes del descanso. En la segunda parte se ponen por delante con gol de penalti y el temor oscuro se convierte en tumor negro. Los peores presagios vuelven a los corazones de la afición del Atleti. El Cholo, sancionado, dando vueltas en un palco del mini estadio estonio como un león enjaulado, quita a Rodrigo -que había sido el mejor hasta el momento- y saca a Vitolo. Antes había retirado a Griezmann que no había intervenido en el juego para dar entrada a un Correa siempre voluntarioso. No me gusta el cambio, pero no seré yo quien discuta al Cholo. A falta de diez minutos para el final, ¡zas! gol de Costa. Empate y a la prórroga. Nuevo cambio. Quita a Lemar (impresionante el debut del pequeño francés pidiéndola, ofreciéndose, repartiendo y regateando en ataque y recuperando y posicionándose en defensa. Todo un espectáculo) y pone a Thomas. No me gusta el cambio pero, como antes, lo comento a sabiendas de que el Cholo sabe más que yo. Dicho y hecho. Golazo europeo de Saúl y gol de Koke casi seguidos, los dos al primer toque, sin pararla, sin pensárselo, resolviendo lo que no habían sido capaces de resolver durante todo el partido en el que no dejaron de correr sin balón. Un espectáculo. 4-2. A los reyes de Europa. Todo un repaso.
Y claro, con la prórroga nos dieron casi las doce de la noche. Y aunque era fiesta el día de la Paloma, el jueves había que madrugar para ir al trabajo. Sí, sí, en agosto algunos trabajamos. A las siete iba a sonar el despertador, pero eran las dos de la mañana y todavía seguía disfrutando de las repeticiones de los goles, de Godín levantando la Súpercopa, de los mensajes de whatsapp de familiares y amigos alegrándose de mi alegría. También en las redes sociales se sucedían los parabienes. Sin noticia de los merengues de cérvida testuz. El Atleti había hecho el pasillo a los perdedores y en sus declaraciones se habían mostrado respetuosos con el equipo derrotado. Nadie habló de venganzas ni de cuentas pendientes. Todos coincidieron en que era la mejor manera de empezar la temporada, en que era un título europeo que siempre apetecía y en que el equipo tiene mucho que trabajar porque este año, como dijo el Cholo sin esconderse, este año hay que mejorar lo que lograron la temporada pasada (subcampeones de Liga y campeones de Europa League). Este año la plantilla es absolutamente increíble como para pelear de verdad por la Liga (con VAR), por la Copa que tanto me ilusiona y por la Champions (sin VAR) cuya final se celebrará en nuestro nuevo Metropolitano. Y es que miro al banquillo y tengo la misma sensación que cuando miraba el de las dos multinacionales del fútbol mundial que se reparten nuestra Liga: todos son jugadorazos.
Hoy en el trabajo apenas si me he podido concentrar. Estoy súperalegre con el súperAtleti súpercampeón. Aunque algunos amigos madridistas no acaben de digerir la derrota en Europa. Se viene una temporada muy entretenida. Este año, como dicen en Cádiz, "no ni ná".
Aúpa Atleti. Siempre.
viernes, 29 de junio de 2018
Hoy que juega España
Se verán menos camisetas que si gana. Hoy que juega
España nos levantaremos como si no nos importase el mundial de Rusia. Hoy que
juega la selección española de fútbol diremos que no nos representa, que son
unos mantas, que hay dos brasileños y un italiano, que el entrenador no es tal
cosa ni lo fue nunca –pregunten a los carbayones-, que otra vez De Gea bajo
palos, que Iniesta no está para noventa minutos y que parece mentira que juegue
Carvajal, recién salido de la lesión, teniendo a Odriozola. Hoy que juega
España diremos otra vez que nos gusta más Uruguay, o Francia, o México,
cabrones. Pero insistiremos en que no está prohibido jugar con dos puntas, que
Iago Aspas es el acompañante perfecto para Diego Costa y que Diego Costa lo es
para el mago de Moaña, para el príncipe de las bateas, para el díscolo celtiña
que nos metió de taquito en los octavos aunque la prensa se quedase en el VAR.
“En la mesa y
en el juego se conoce al caballero” dice
el refranero español. Y también al trilero, añado yo.
Hoy, cuando haya jugado España, se entenderá todo
mejor. Porque si pierde no dejaremos de escuchar, leer y ver un amplificado y
egolátrico “ya lo decía yo”, en boca y letra de cada uno de los falsos
periodistas vendidos al click, la audiencia y la difusión. Canalizaremos
nuestras frustraciones, iras y pocas luces contra los futbolistas,
desmenuzándolos por cualquier gesto, por un error, por haber jugado, o por no. Le
caerá la del pulpo a Hierro y su selección. A Rubiales. A la señora de pelo
liso y a Celades por ser el apuntador. Habrá leña para todos –menos para el
mejor club interplanetario del mundo interestelar que desestabilizó al grupo
fichando al seleccionador. A esos, que generan marca y mueven euros, a esos no-.
Los que tenían la camiseta preparada en la parte alta del cajón la volverán a
enterrar en el fondo del armario. Se inventarán cualquier estupidez para justificar
como buena la eliminación. Contra Rusia. Con Cheryshev. Y nadie irá con España,
con el equipo perdedor.
Hoy, cuando haya jugado España, se entenderá todo
mejor. Porque si gana veremos cómo el país entero se cura de sus males, olvida
sus penas y demuestra –una vez más- que el fútbol es la mejor medicina social. El
españolito medio se apuntará a caballo ganador, como si lo que es, como un
seguidor circunstancial de una causa provisional. Donde lo único que interesa
es ganar. Y se llenarán las calles de gente haciendo el ridículo sin pudor, enfundados
–ahora sí- en sus camisetas rojas. Aunque no sepan muy bien lo que es un fuera
de juego. Ni falta que les hace. Aunque se pasen el año y la vida quejándose
del fútbol, de sus seguidores, de que somos unos pesados y de que cómo es
posible que tú, siendo tan inteligente, te vuelvas con tu equipo tan
irracional. Aunque pierda.
Hoy, que juegan las dos Españas, toca aguantar el
chaparrón. Y los que somos muy de fútbol –y poco de selección- asistiremos con
vergüenza ajena a la lapidación y crucifixión del combinado nacional o a su
enésima exaltación y encumbramiento sin control. Dicho lo cual, ¡Arriba
España!, aunque a los viejos rojos de La Roja, les suene fatal.
miércoles, 23 de mayo de 2018
Fernando Torres, asignatura obligatoria
En la puerta del colegio me encuentro con una antigua
profesora de mi hija. Es del Atleti. Comentamos la despedida de Torres. ¡Qué manera
de llorar! soltamos a coro. Y le explico que una editorial ha incluido en sus
libros de texto de Religión para 1º y 2º de la ESO al Atleti y a Fernando
Torres. Que ser del Atleti lo ponen como ejemplo de fraternidad y a nuestra
leyenda como ejemplo de dignidad. “¿En serio? ¡No me extraña!” Continúa Sonia –que
así se llama la profesora- al tiempo que me explica los lagrimones que se le
caían a su marido leyendo un trabajo de Filosofía de su hija. “A ver si te lo
traigo. Son doce páginas que ha escrito sobre los valores del Atleti”. Yo la
escucho con un nudo en la garganta mientras los niños entran y los padres pasan
a nuestro lado saludándonos ajenos a la trascendencia de nuestra conversación.
Algunos se creen que hablamos de fútbol. Los que nos conocen saben que el tema
es el Atleti.
Llevaba varios meses detrás del documento en cuestión.
Mi amigo del feisbuc Alberto AC
(Albertini) me puso sobre la pista desde Salamanca. Sabíamos que en un libro de
texto se hablaba del Atleti. Le pedí más datos y, casi al mismo tiempo, lo
colgamos en la red. A ambos nos había llegado el vídeo por wasá. Casualidades. Causalidades. Como dicen mis amigos paraguayos “diosalidades”.
Se trata del libro de 1º de la ESO de la asignatura de Religión. En la página
102 se refiere al Atleti como ejemplo de fraternidad y es de la editorial SM
(Santa María), propiedad de los religiosos marianistas. Los mismos frailes que
dirigen el colegio Amorós, tan ligado a las categorías inferiores del Atleti,
la misma comunidad a la que pertenece don Manuel Briñas, el marianista que
descubrió a Fernando Torres, el que recibió su camiseta nada más marcar el gol
100 con el Atleti, el que leyó entre sollozos (los suyos y los de los 60.000
que estábamos en la grada) la carta de despedida a nuestro ídolo.
Enciendo el ordenador después de dos semanas en Sudamérica
y ¡zas! Se me aparece un compañero con el que compartí Teología y fútbol desde
Vigo. Chema es celeste y profesor de Filosofía en un instituto. Me cuenta que
en el libro de Religión de 2º de la ESO aparece un testimonio de Fernando Torres hablando sobre la dignidad. Es
parte de la entrevista que le hizo Pedro Simón y que publicó El Mundo. Le falta
tiempo para hacer un pequeño vídeo y enviármelo. También me hace una captura de
pantalla del texto en su versión digital. Es de la editorial SM otra vez. La de
los marianistas. Le cuento lo de la hija de Sonia y su trabajo sobre Torres. “¿En
serio? Hoy en 3º de la ESO han comenzado un trabajo sobre modelo de personas. Y
entre Mandelas, Fridas y Ghandis apareció Fernando Torres. Ya te enviaré copia
con permiso de los autores”. Lo dicho, casualidades. Causalidades.
Diosalidades.
Y no me extraña. Torres ha sido el portador de nuestro
amor al Atleti. El futbolista que todos hubiéramos querido ser. Un ejemplo de
humildad, coraje y corazón. Debutó en Segunda. Nos ascendió a Primera. Nos
devolvió a Europa con el dinero que dejó su salida. Ganó todo lo que puede
ganar un futbolista y regresó con humildad para sumar desde el banquillo.
Quería cumplir su sueño. Nosotros, gracias a él, seguimos soñando. Porque a
Torres, como al Atleti, no les queremos por lo que nos dan, les queremos porque
forman parte de nuestra vida.
El domingo, después de la catarsis colectiva en el
Metropolitano, mi hija Lucía -5 años- le contaba a todo el mundo que había
visto “la Copa” (por la Europa League), que Torres “había marcado mucho” y que “papá
había llorado”.
Lo de Lyon me pilló en Tacumbú
Mi trabajo tiene estas cosas. Que a veces te obliga a perderte la comunión de tu sobrina o una final de tu equipo porque las fechas estaban cerradas. Del 5 al 20 de mayo anduve evangelizando para la noble causa del colchonerismo en tierras uruguayas y paraguayas. La tarea no fue menor.
En Uruguay pensé que encontraría el terreno abonado por el paso de nuestro bota de oro, Diego Forlán, la capitanía guaraní de Godín, la juventud del central internacional Josema Giménez, el trabajo infinito del "profe" Ortega y la inolvidable presentación del Pato Sosa. Nada que ver. Allí todos son del Barcelona por Luisito Suárez. Increíble pero cierto. Aquí, como en el resto del planeta sólo saben de las dos multinacionales del fútbol que copan el mercado y que, para nuestra desgracia, juegan en España. Su versión local es el Peñarol - Nacional. Mi estancia en Montevideo coincidió con el Nacional "campeonando".
En Paraguay la cosa no fue mejor. Y eso que su selección viste de albirrojo, que es exactamente igual que nuestro rojiblanco. Ni siquiera el recuerdo de las piruetas del "soldadito" Benítez, ni el de aquella pareja de centrales internacionales -Gamarra y Ayala- con los que descendimos a Segunda. Nada.
Para mi desgracia la final de Lyon me pilló en el Bañado de Tacumbú. Un barrio en los márgenes de Asunción que sufría su tercera inundación en cuatro años. Conclusión: en el refugio al que se habían trasladado los vecinos de esta versión paraguaya de la Cañada Real tampoco tenía luz eléctrica ni una televisión con cable para ver la final de la Europa League. Porque en esta parte del mundo, en el sur, sólo retransmiten en abierto si juegan el Barcelona y el Real Madrid, o sus versiones locales: Olimpia y Cerro (clásico que coincidió con mi estancia en la pequeña ciudad rural de San Roque González con victoria de los porteños por 0-1). Toda una experiencia en mitad de la nada.
Sin televisión por cable, con mi camiseta del Atleti puesta, sin wifi, con mucha tarea por delante, sin atléticos cerca y con un calor húmedo impropio del otoño austral casi me entra el vikinguismo y tiro la toalla. Pero no. Entonces se obró el milagro. Uno de los voluntarios que trabajan coordinando el proyecto de becas escolares que ha puesto en marcha el dominico español Pedro Velasco se me acerca y me muestra su móvil: "Vamos empate a cero". Ariel Franco (en la foto con un servidor. Al día siguiente le regalé dos camisetas del Atleti), así se llama este ángel que me envió el Espíritu Santo para mantenerme informado sobre el devenir de los nuestros durante la consecución de la tercera Europa League. No me separé de él. Desde las tres menos cuarto y hasta las cinco estuve pegado a su móvil celebrando cada uno de nuestros goles al tiempo que en mi teléfono sin wifi entraban los SMS de mi hermano (conocedor de las complicadas circunstancias en las que me hallaba). Así me fui enterando en estéreo de las buenas noticias que llegaban desde Francia donde marcaba el francés, volvía a marcar el gabacho y sentenciaba el Gabitán Fernández antes de que Fernando Torres saliese al campo para poder levantar su primer título como rojiblanco.
Esa noche apenas pude dormir. Los mensajes se apelotonaban en mi móvil complicánadome el visionado de los resúmenes. Las lágrimas tampoco ayudaban mucho a la hora de ver lo que había sucedido en Lyon antes, durante y después de una final que me pilló en el refugio donde los vecinos del Bañado Sur de Asunción esperaban a que se retirase el agua de las últimas inundaciones, en Tacumbú.
viernes, 23 de febrero de 2018
Hambre de ti, Atleti
A pesar de que la iluminación del Metropolitano favorece al equipo visitante ocultando el colorido y la fuerza de los aficionados del Atleti, los cánticos no se han podido silenciar.
(FOTO de RUBÉN DE LA FUENTE en La Vida en Rojiblanco)
Tres semanas sin ir al Metropolitano. Tres semanas sin vivir el Atleti en directo rodeado de mi familia rojiblanca. De Albertito que vino con el primo de su mujer, de Loli y su gorro ruso contra el frío de la estepa en Las Musas, de Jose llegando in extremis y preocupado por si habíamos cantado ya a Torres y al Cholo, de mi hermano que se olvidó el chocolate para invitar a todos en el descanso, de los chavales de atrás que se saben todas las canciones y no paran de animar, de mi vecino David y su hijo Asier que también son vecinos de abono, de los de la Peña Villaverde y su autobús repleto de buena gente, de Fran que no pudo venir porque tiene a su padre fastidiado, de Darío que cumplía partido de sanción porque el suyo -su padre- le había castigado. Tres semanas entre Guatemala y El Salvador echando de menos los gritos del fenómeno que anima con el inalámbrico a que los que animan animen para que nos animemos. Y ayer, otra vez, lo consiguieron. El Frente Atlético hizo botar a "los de arriba". Y también botamos "los del medio", los que estamos encima de ellos y debajo de los palcos del canapé y las teles con repetición. Ayer volví a cantar el himno con la bufanda en alto, a botar para espantar el frío con la excusa de no ser vikingo, a comentar el gol cantado de Gameiro y a cantar el gol que la prensa no ha comentado del mismo francés. A fijarme en el debut del chaval Sergi en el lateral izquierdo, de repetir una vez más lo de "qué bueno que es Oblak". Ayer pude disfrutar de Koke manejando el partido en la primera parte con Gabi haciendo de escudero. Y volví a sentir una descarga eléctrica con cada regate de Correa. Ayer, como cada vez que vivo un partido de los míos, sentí el orgullo de saltar con Giménez para pelear cada balón, de acompañar a Juanfran subiendo la banda con la ilusión de un juvenil, de empujar para que Vitolo entre más en juego y le pille el truco a este Atleti de rutinas y defensa inexpugnable.
Tres semanas sin vivir el Atleti son muchas semanas. Aunque me enfunde la zamarra del Glorioso cada día de partido, aunque llame a mi hermano desde una aldea quekchí para saber qué hemos hecho contra el Atlhetic, aunque en El Salvador no se salgan de la dichosa dictadura dicotómica de las dos selecciones mundiales a las que desafía el uncerismo práctico de nuestro dios argentino. Aunque me las vea y me las desee para regalarle una gorra con el escudo verdadero de nuestro equipo a alguien que merezca la pena, que sea normal, que no esté contaminado por las multinacionales del márketing balompédico. En este viaje he visto cereales con el escudo de los vecinos incoloros, autobuses urbanos decorados con los que van delante de nosotros y con los que están a siete puntos de nuestro culo. Relojes, paraguas, mochilas, material escolar, bolsas de papas fritas... un disparate. Tan es así que uno siempre piensa haber tocado techo con el sentimiento de rechazo al otro equipo de la capital. Pero no.
Tenía muchas ganas de ir al estadio. A pesar de que la eliminatoria estaba casi resuelta, a pesar de que el Copenhague no es un equipo atractivo (por mucho que se vista de azul Chelsea), a pesar del intenso frío, de la mala hora, de las polémicas inventadas por la prensa madridista -salta a la vista- para desestabilizar a la plantilla y dividir a la afición. A pesar de que cada vez hay más gente que se va antes del pitido final. A pesar de que los ladrones del palco quieren vender a Carrasco para tapar sus agujeros en China. Tenía hambre de Atleti. Por eso ayer cantamos bien fuerte, con el Frente, lo de "El fútbol no nos gusta, el Atleti sí". Casi tan fuerte como el "Ole, ole, ole, Cholo Simeone" y el "Fer-nan-do Tooooorres, loro lo lo, lolo".
Ayer volví a disfrutar del fútbol en directo. Porque nosotros no vamos a VER al Atleti, nosotros vamos a VIVIR el Atleti.
Atleeeeeeeeti, Atleeeeeeeeti, Atleeeeeeeti.
sábado, 20 de enero de 2018
De metonimias y mentiras en el fútbol
La metonimia es como una metáfora pero sin poesía. Un término se refiere a otro por proximidad. Es una figura retórica para simples. De hecho los periodistas la usamos mucho, muchísimo. Demasiado. Por ejemplo cuando nos referimos a lo específico utilizando el genérico: “Los madridistas eluden sus compromisos fiscales defraudando millones a la Hacienda pública del país que les da de comer”. Pero en realidad no son todos los madridistas, ni siquiera todos sus futbolistas. Apenas ocho o diez han tenido problemas con el fisco.
La metonimia, decía al inicio, es un tropo literario del vulgo. Se usa para llamar la atención simplificando y generalizando. Si, por ejemplo, Sergio Ramos es el jugador más expulsado en toda la historia de la Liga española con 19 tarjetas rojas y es futbolista del Real Madrid, los periodistas -tan dados a la metonimia, la simplificación y los titulares llamativos- podrían referirse a los jugadores de este club como “Los violentos jugadores del equipo incoloro” (de todos es sabido que el blanco no es un color). Y a nadie le resultaría extraño el uso de la figura retórica.
La sinécdoque es una suerte de metonimia con la que se utiliza el nombre del todo para referirse sólo a una parte, o viceversa. Por ejemplo: “La afición del Real Madrid está contratada por Florentino”, cuando en realidad el presidente del equipo de las Champions sólo tiene contratada a una parte del público, la grada de animación, con el fin de que no profieran cánticos contra él, contra su gestión ni contra sus intereses.
Todo lo dicho hasta aquí es de sentido común. El uso de la metonimia y la sinécdoque es muy habitual. Legítimo, aunque las más de las veces contenga una exageración que conlleva un cierto engaño.
Muy distinto es mentir. Directamente. Y eso no se le puede consentir a un profesional de la información. Porque un periodista vive de contar la verdad. Para ello contrasta distintas fuentes, pregunta, va al lugar de los hechos y luego explica de un modo sencillo lo que ha ocurrido. Y sí, puede que use metonimias y sinécdoques. Incluso que busque llamar la atención en un titular. Pero no se puede mentir.
Un ejemplo de mentira: “Un ultra del Atleti apuñala a un hincha rojiblanco en la previa contra el Sevilla”.
A ver, compañeros plumillas. El agresor (40 años) era un delincuente que sólo llevaba cinco meses en libertad tras diez años de cárcel por -entre otras cosas- atracar unas cuantas farmacias. El agredido (22 años) no era abonado, no tenía entrada, estaba de botellón con unos amigos y se había pasado con el alcohol. Puede que simpatizaran con algún equipo como puede que comprasen en el Corte Inglés. Incluso que tuviesen la tarjeta de ese supermercado. Es posible que fuesen musulmanes, que practicasen running o que les gustasen los hombres. En cualquiera de estos casos los titulares serían: “Un cliente de El Corte Inglés apuñala a otro en Las Musas”; “Dos musulmanes implicados en una reyerta en pleno botellón”; “Un `runner´apuñala a otro en Madrid” o “Un gay asesta tres puñaladas a un joven en plena calle”. Y estoy convencido de que ningún medio titularía así. Más que nada porque el Corte Inglés podría retirar su publicidad, la comunidad musulmana se podría ofender, los que corren cada tarde -y los que que no- se partirían de risa y el lobby homosexual volvería a protestar con razón.
Pues eso, que una metonimia no justifique una mentira; que informar no sea una excusa para enfangar el buen nombre y el honor de los aficionados del Atlético de Madrid.
lunes, 15 de enero de 2018
El año del triplete
Aún quedan 57 puntos en juego, toda una segunda vuelta, y ya hay quien le da al Barcelona la Liga por ganada. Yo no. Estamos a nueve puntos y creo que con Costa y Vitolo el equipo ha mejorado tanto como con la marcha de Vietto y -espero- de Gaitán. Son 19 partidos los que quedan hasta mayo. La Liga no será fácil, pero sí posible. Y el Cholo, aunque no lo diga, piensa lo mismo que la mayoría de los atléticos: partido a partido, pero ahí estamos. Segundos. Y van seis años seguidos en los que no nos apeamos del tercer puesto. Que sí, que muchos puntos nos los llevamos haciendo alarde del unocerismo y elevando a categoría máxima la defensa de la mínima ventaja. Pero este vivir al borde del ataque de nervios es también fútbol. Y Atleti. Que nosotros sabemos mucho de sacrificio, esfuerzo, de tener que currar el doble para conseguir la mitad. Y como muestra, ahí están los penaltis que nos han pitado a favor en toda la primera vuelta: Ninguno, cero, niente. Los mismos que expulsados en los equipos rivales en los primeros 19 encuentros de la mejor Liga del mundo (Tebas, nos tienes hasta los huevos). Y eso que el Atleti es uno de los que más faltas recibe. Pues eso, que estamos haciendo una temporada muy 2014. Y en aquella logramos la décima Liga.
En Copa nos ha sonreído el sorteo teledirigido y vergonzoso de la RFEF enfrentándonos a dos clubes que fueron grandes pero que militan en el bronce de la Segunda B. En dieciseisavos eliminamos al Elche aunque allí no pasamos del empate. En octavos el Lleida ofreció resistencia en las primeras partes, pero con Costa y Vitolo les metimos allí cuatro y aquí tres. Ahora empieza la competición de verdad. Cinco partidos por delante (si todo va según lo que yo vaticino) que nos pueden dar el mismo título que levantamos -por décima vez también- en 2013, en el Bernabéu, con goles de Costa y de Miranda en un cabezazo tan inolvidable en el descuento como el de Godín en el Nou Camp que nos dio la Liga el año siguiente. Este miércoles nos enfrentamos en cuartos al Sevilla. Hay que evitar que marquen en el Metropolitano. Y si nos adelantamos nosotros, mejor que mejor. Pero lo importante es que no marquen. Y luego, ya se verá. Cinco partidos para ganar uno de los títulos que más me gustan (a pesar de que los que mandan parecen estar muy interesados en acabar con él convirtiéndolo en un auténtico despropósito para que lleguen a la final las dos multinacionales del fútbol mundial que juegan en nuestro país). Ojalá se enfrenten en semifinales. En caso contrario, tendremos que eliminar a uno en semis y ganar a otro en la final.
La Europalí es una mierda, pero es nuestra mierda. Ganamos la primera edición, la de 2010 y repetimos en 2012. Con ella volvimos a la senda de los triunfos europeos. Y a viajar por Hamburgo y Bucarest. Fue la puerta para ganar dos supercopas de Europa en Mónaco y, aunque ahora hay equipos más fuertes que en las dos ediciones anteriores, la competición sólo es interesante económica y deportivamente si se gana. Esto no es como la Champions donde cada partido es un auténtico espectáculo televisivo y financiero. Aquí hay más fútbol y menos márketing. Por de pronto jugamos la primera eliminatoria contra el campeón de Dinamarca, un país con tradición futbolera y un equipo, el Copenhague, que ha participado en la máxima competición continental y que tiene una plantilla plagada de internacionales. Nada de confiarse. Será duro y poco vistoso. Pero mucho más agradable que echar cuentas en la Liga de los puntos que nos separaban del descenso, o que jugar la clasificación para la Intertoto con el fin de meterse en la antigua UEFA en una repesca infame y veraniega contra equipos absolutamente desconocidos. A mí, qué queréis que os diga, me pone ganar la tercera Europalí en 2018, como en 2010, como en 2012. Y en Lyon, que es un buen momento para cerrar alguna que otra herida. Y ojo, con Costa y con Vitolo.
Y lo escribo en enero. 2018 ES EL AÑO DEL TRIPLETE (partido a partido, sí. Respetando al rival, también. Pero soñando muy fuerte mientras otros sólo duermen, se quejan o sufren de pesadillas). Lo digo antes de que empiece la segunda vuelta de la Liga, con 42 puntos y a nueve del líder. Antes de jugar la ida de octavos contra el Sevilla en la Copa. Antes de que empiecen a despreciar a nuestros rivales en la competición europea en la que aún estamos vivos y en la que los próximos eliminados de la Champions no podrán entrar.
2018 será el año del triplete. Avisados estáis. Porque es tiempo de soñar en rojo y blanco. 2018. Triplete.
P.D. Si no lo ganamos, nadie nos podrá quitar el buen rato que hemos pasado soñándolo. Que nosotros somos de vivir a tope lo que toca. En las buenas y en las malas. En Primera, en Europalí o en el Carranza. TRI-PLE-TE. No vengáis luego con que no os lo dije: TRI-PLE-TE.
Aúpa Atleti. Siempre.
miércoles, 10 de enero de 2018
Los bocazas del Atleti
Los bocazas del Atleti somos mucho de ladrar y poco de morder. A los bocazas del Atleti se nos ve rápido el plumero cuando vienen mal dadas. Los bocazas del Atleti somos ese nauseabundo personaje de Torrente sacando pecho cuando el equipo gana y deshaciéndonos de la bufanda en una alcantarilla cuando hay que dar la cara. Los bocazas del Atleti nos reproducimos como setas con el viento a favor y no conocemos las lluvias torrenciales con sus inundaciones en Segunda ni lo que es una larga temporada de sequía bajo el sol abrasador en mitad de la tabla. Los bocazas del Atleti protestamos mucho cuando Gil y Cerezo se apropiaron el club para convertirlo en su cortijo sin poner un duro, pero no fuimos capaces de frenarles a tiempo, ni de plantarles cara después. A los bocazas del Atleti se nos engaña fácil con una campaña efectista de una buena empresa de publicidad porque somos gente predispuesta al enamoramiento, a la utopía, a la revolución y a los milagros del rock and roll.
Los bocazas del Atleti somos capaces de pagar diez euros por ver un entrenamiento y tragar a dos carrillos con un cambio de escudo que es como cambiarte el corazón; con un cambio de casa, que es como un desahucio en tu propia cara. Los bocazas del Atleti nos indignamos porque nos dicen que el Cholo cobra mucho sin caer en la cuenta de que ni con todo el oro del mundo se puede pagar lo que ha hecho por nuestro equipo.
A los bocazas del Atleti se nos llena la boca de millones cuando es lo que siempre hemos criticado de las dos multinacionales del duopolio futbolístico. A los bocazas del Atleti se nos reconoce rápido porque despreciamos por un mal partido o una temporada complicada a cualquiera de nuestros futbolistas comprometidos. Sin respetar que sean de la casa, sin tener en cuenta el verdadero rendimiento de los que, aún siendo leyendas, siguen batiéndose el cobre y sumando mucho al equipo.
A los bocazas del Atleti se nos localiza rápido. Hablamos mucho de cultura y de sentimiento y de valores y de historia pero somos incapaces de poner unos euros en un proyecto periodístico rojiblanco. A los bocazas del Atleti nos pierde consumir mierda envuelta en información deportiva. Y luego quejarnos mucho. Así somos los bocazas.
También se nos cala rápido a los bocazas del Atleti porque alardeamos de lo que se canta y se baila en nuestro estadio y cuando vamos no dejamos de criticar a los que de verdad cantan y bailan sin descanso. Se nos ve a la legua a los bocazas del Atleti cuando ponemos sobre la mesa lo de que somos la mejor afición de España y luego nos borramos porque hace frío, porque el horario es malo, porque el partido está resuelto o porque el rival no merece nuestra presencia. Ni siquiera nuestro equipo. Así somos los bocazas del Atleti, unos clásicos, los que no nos cansamos de repartir carnés y de explicarle al prójimo lo que hay que hacer. Porque los bocazas del Atleti aún no conocemos la diferencia entre ser del Atleti y estar con el Atleti, entre vivir en rojiblanco y diafrazarse a la rojiblanca moda.
Los bocazas del Atleti somos un clásico. Nos gusta tocar las pelotas. También a los que se creen que son de los nuestros.
Aúpa Atleti.
Siempre.
jueves, 4 de enero de 2018
La sonrisa del macarra pródigo
Lleida 0 - Atleti 4
Para nosotros siempre será Rantamplán. Diego "Rantamplán" Costa. Llegó al Atleti en el 2006 siendo aún un crío y no cuajó. Estuvo de cesión en cesión hasta que regresó la temporada 2010-11 donde apenas si contó para el sobrino de la Faraona, Quique "Sensaciones" Flores. Otra cesión la temporada siguiente y, ya con el Cholo, cuando parecía que no contaba, el de Lagarto sorprende en la pretemporada con sus ganas y su entrega hasta convencer al mejor entrenador del mundo para hacerle formar parte de su plantilla. Costa explota marcando 63 goles y jugando 136 partidos en las temporadas 2012-14 ganando una Liga, una Copa y dos Supercopas de Europa. El Atleti recibe una oferta millonaria por él y se va a la Premier a seguir triunfando. Se convierte en internacional de la selección española con la que ya ha disputado 16 encuentros.
Esta temporada, la 2017-18, vuelve a fichar por el Atleti en su tercer regreso a casa, pero por estas cosas que sólo pasan en nuestro equipo, no se le puede inscribir debido a que la directiva hace mal su trabajo con la cantera y es sancionada sin poder alinear nuevos futbolistas en ninguno de sus equipos hasta el 1 de enero de 2018. Ni siquiera puede jugar un amistoso una vez empezado el año porque desde los despachos del Atleti han sido incapaces de gestionar su transfer. Llega para iniciar la competición oficial en los octavos de final de Copa frente al Lleida. Él y Vitolo, junto a Griezmann y Thomas, son los cuatro futbolistas de campo que ocupan el banquillo. Ni un defensa se lleva el Cholo a Cataluña.
El partido es puro entusiasmo de los de Segunda B que, tras eliminar a la Real Sociedad, utilizan la misma táctica: "rasca y gana". Se emplean a fondo los del equipo ilerdense y llegan a inquietar a un Atleti concentrado pero sin chispa arriba. Gameiro y Torres apenas tocan el balón durante la primera media hora. Moyá hace una intervención de mérito y, finalmente, es Carrasco el que en jugada de estrategia coloca un balón en la cabeza de Godín que remata con suavidad al fondo de la red. Primer gol de 2018 para Godín. En Cataluña. De cabeza. Con Costa en el banquillo. Esta vez el Atleti vestía de rojiblanco con esa horrible camiseta de rayas diagonales y un absurdo e incomprensible pantalón rojo, no íbamos de amarillo y azul como cuando el uruguayo, en 2014, remató una Liga en el Nou Camp de Messi.
Antes del descanso Carrasco hace algo tan inaudito en él como dar un pase increíble -aún nos preguntamos cómo es que no siguió regateando mirándose las botas y procurando no despeinarse- y Gameiro se la pone a Torres al segundo palo. El de Fuenlabrada está en fuera de juego. Marca y vale. Algo está cambiando. El 2018 comienza raro, como el Atleti, como lo de Costa y Vitolo. La eliminatoria está encarrilada, pero falta ver si debutan los nuevos aunque Costa no lo sea.
El Cholo saca a Vitolo por Carrasco y luego, doble cambio: Griezmann y Diego "Rantamplán" Costa por Torres y Correa. Muy defensivo todo. Simeone el violento, el aburrido, el ultradefensivo y coñazo, juega con Vitolo, Griezmann, Costa y Gameiro para amarrar el resultado. Más de lo mismo. Pero todo distinto.
Costa en cinco minutos se pelea con todos los defensas, pide la pelota sin descanso, marca un gol de puro nueve metiendo la pierna sin contemplaciones, parece que se lesiona, nos deja a todos sin aire con el 0-3, parece que se recupera, el realizador enchufa la cara de Torres (máximo goleador del Atleti en Copa con tres goles en dos partidos) y tarda infinito en mostrarnos la pierna de Diego Costa agujereada y ensangrentada porque es un violento y ha marcado limpiamente un gol aún llevándose una patada de escándalo. Se incorpora nuestro macarra. Le siguen dando estopa los del "rasca y pierde". La grada canta algo de independencias y los desplazados del Atleti siguen animando a los nuestros hasta que Griezmann, al borde del tiempo y del área, lanza otra falta y marca de rebote. De rebote. Y entra. Estamos en 2018. Año par. Como el 2014 en el que ganamos la Liga. Como el 2010 y el 2012 en los que ganamos Europa League y Supercopa de Europa. Y con Diego Costa, nuestro macarra pródigo, el que sonríe cuando marca, el que nos hace sonreír cuando el resto rabia.
Aúpa Atleti. Siempre.
domingo, 17 de diciembre de 2017
Pero estáis eliminados de la Champions
Atleti 1 - Alavés 0
“El Atleti está fatal”. Esa es la conclusión que uno saca escuchando radios, viendo telediarios y leyendo prensa de la que se autodenomina sería y de la otra, de la deportiva. “El Atleti no juega a nada”. Y te lo suelta en el ascensor un vecino que asoma los cuernos al sol, en el trabajo una compañera que no ha ido en su vida a un campo de fútbol y en la cola del Mercadona una señora con zapatillas de andar por casa ataviada con el chándal de la multinacional incolora en rosa chillón.
Y claro, el que no tiene la oportunidad de ir al Metropolitano, o de ver todos los partidos del Atleti, acaba creyéndose que este es el peor año del Cholo, que en el nuevo estadio no hace frío y que el Frente Atlético y los aficionados no increparon ayer al peor presidente que ha tenido el equipo en sus 114 años de historia. Eso sin contar que sigue sin llenarse el campo y que, debido al exceso de zona VIP, nunca se llenará. Pero sigamos con el fútbol. No hablamos de negocio, ni de pasión, sino de competición.
Ayer el Alavés hizo una gran primera parte. Si juega así lo que resta de temporada el año que viene volverá a Europa. Sólido en defensa y muy rápido al contraataque. Ayer el Cholo volvió a dar una lección de fútbol. Tras una primera parte de atasco en el centro y sin llegadas claras, dejo en el vestuario a Thomas y dio salida a Correa en la segunda mitad para que inventase algo. Y se notó. Pero no era suficiente. En nuestro sector ya se pedían los Cholocambios. Y como si le hubiéramos parido. Torres y Carrasco por Saúl y Gameiro. Sí, por Saúl. Raro. Pero el Cholo los conoce mejor que nadie. Volvió a acertar.
El hombre sin vocales y sin explicaciones, el misterioso balcánico de la banda derecha, nuestro “Venancio” sin lesionar y a medio vender, se vuelve a sacar otro balón desde la banda como el del Benito Villamarín. Torres hace de nueve y se estira como la madre de Los Increíbles. Gol. Éxtasis. Porque en el Calderón o en el Metropolitano los goles del Atleti son una explosión pero los de Fernando José Torres Sanz son un regalo de Dios, una epifanía, la exaltación del amor.
Y así salimos del congelador cubierto en el teso del páramo, a orillas de la M-40. Con una sonrisa de oreja a oreja. Con otro uno cero de esos que tanto joden. Con gol del cojo, el acabado, el que nunca quiso fichar por el lado oscuro y fácil de la vida. Segundos en Liga. Contradiciendo el discurso oficial. Molestando.
Llego a casa, enchufo el móvil y leo incrédulo: “Pero estáis eliminados de Champions”. Y me sobrecoge una ternura... criaturitas.
Aúpa Atleti. Siempre.
miércoles, 6 de diciembre de 2017
A la mierda
Chelsea 1 - Atleti 1
A la mierda la Champions. Se acabó. No hemos pasado la fase de grupos. El Chelsea al que empatamos ayer y que nos ganó en el último suspiro en el Metropolitano fue segundo de grupo. La Roma que se nos escapó viva en su casa, arañándonos un empate sin goles y a la que superamos con poderío en casa, esa Roma que no nos ha podido vencer, fue primera de grupo. Porque empatar dos veces contra el desconocido e inolvidable Qarabaj tiene este merecido castigo. A la mierda la Champions.
A la mierda de la Europalí (el Gabitán dixit). Una Europalí que, para los del calentón excusable post partido, para los de nuevo cuño y para los de frágil memoria, nos ha dado mucho. Sin ir más lejos nos devolvió a la senda de los títulos europeos casi medio siglo después, en 2010. Y luego repetimos en 2012. Curiosamente los mismos años en que nos convertimos en súpercampeones de Europa sin haber ganado la maldita Champions. Que somos únicos también en estos asuntos de ganar Intercontinentales sin campeonar en el continente.
Al poco de caer eliminados los vikingos asomaron sus cuernos recordándome que este año no nos podrían eliminar. Otros me pedían un análisis comparativo de presupuestos con el Qarabaj. Y aunque me da mucha pereza dedicarles un segundo de mi vida, les volví a explicar que somos únicos, especiales, invencibles en la derrota, orgullosos de ser, no de estar. Les recordé que el premio es ser del Atleti, que lo otro sólo son títulos. Que como bien dice el Cholo, “para motivarnos no necesitamos una competición o un trofeo, para motivarnos nos basta la camiseta rojiblanca”. Y sé que no lo pueden entender, que para ellos el fútbol está unido al triunfo, aunque sea injusto, inmerecido, a costa de ultrajar y saquear al rival. Pero para nosotros, el Atleti es mucho más. El Atleti es un modo de entender la vida. Es elegir el camino difícil, es luchar el doble para conseguir la mitad.
En el grupo de correo de Los50 uno enviaba su reserva en Lyon para la final de la Europalí 2018. Otro apostaba on line a que la ganábamos y prometía gambas para todos en la comida de julio. Todos se mostraban jodidos por la eliminación al tiempo que orgullosos de ser del Atleti y del rendimiento de la plantilla. Uno aclaraba que no se trataba del final, sino que ahora empezaba otro camino. Porque lo bueno del Atleti no es que juegue Champions, Europalí, Copa, Liga o el Villa de Madrid. Lo bueno del Atleti es que nos hace sentirnos vivos. Tocar el cielo con los dedos y besar el suelo con los piños. Lo bueno del Atleti es que es real, como la vida misma, no un mundo virtual de triunfos propio de amargados sin nada que celebrar.
Gracias Atleti por esta mierda de fase de grupos. Gracias porque lo vais a dar todo en la mierda de la Europalí. Gracias por recordarnos que no somos tan mierdas como los mierdas que sí. Gracias porque el sábado en Sevilla podréis hacer feliz a Quique Setién ganando a su equipo por más de uno. Gracias porque seguís imbatidos en Liga, con paso firme en Copa, con posibilidades de volver a ser supercampeones de Europa. Pero sobre todas las cosas, gracias por no ser como ellos, por hacerme ser cada vez más fuerte, por hacerme feliz.
Aúpa Atleti. Siempre
domingo, 3 de diciembre de 2017
Carta de un Filipense
Atleti 2 - Real Sociedad 1
Hermanos en la fe atlética, os escribo como filipense convencido. De los de antes y después del breve error azul. Como agradecido aficionado rojiblanco del trabajo desplegado por Filipe Luis Kasmirski, el brasileño propietario de la banda izquierda del Metropolitano. Un lugar en el que tanto en ataque como en defensa -y a pesar del despliegue físico y táctico de Odriozola y Eusebio- consiguió salir airoso y triunfante (aunque echásemos de menos las ayudas de Koke, de Saúl y de Carrasco).
Ayer Filipe fue el amo y señor de la izquierda rojiblanca. Fue tal su dominio que se permitió empezar la remontada marcando con la derecha. Es el décimo gol que firma nuestro brasileño, el tercero que le clava a la Real Sociedad de Griezmann a la que el francés acabó de finiquitar en un remate cargado de fe a dos minutos del final.
Se volvió loco Filipe en la celebración, casi tanto como los 50.000 aficionados atléticos (la zona de clientes VIPkingos volvió a registrar una triste imagen) que habíamos visto como el equipo de Ñoñosti nos pintaba la cara durante la primera media hora perdonándonos la vida en tres ocasiones de gol. La de William José solo ante Oblak por encima del larguero nos hizo sentir que no somos los únicos. Fue algo solidario. Un espejo de nuestros delanteros. El gol en un penalti tan innecesario como inexistente (el delantero txuriurdin jamás hubiera llegado a ese balón) fue el revulsivo. El Atleti se puso las pilas cuando vinieron mal dadas. Y empezó el festival de Filipe en ataque. Y las ocasiones falladas por Gameiro y Correa. Otra vez y otra más.
En la segunda parte el equipo parecía otro. Los filipenses dejamos de quejarnos por la falta de apoyos al brasileño en defensa (era un ataque constante de los nuestros). Ellos contraatacaban muy rápido y con mucho peligro, pero nuestra izquierda era un puñal. Filipe volvió a correr la banda y se metió con el balón hacia el centro, en el área, regateó para cambiársela de pie y disparó. Gol. Por fin. El lateral izquierdo era el que marcaba para empatar.
Luego vino el monólogo de errores del Atleti. Los Cholocambios (Torres y Carrasco por Gameiro y Correa) funcionaron desde la primera jugada en u balón que Torres prolonga por la izquierda a Carrasco para que la ponga al área y Griezmann avise de que vamos a por el partido. Y a falta de dos minutos, el gol, el éxtasis, las emociones del Calderón en un estadio nuevo, a cubierto, con un frío de pelotas y recortando dos puntos al líder que había empatado en casa.
Y ahí andamos. A seis del Barça, habiendo jugado con todos los de arriba, sin haber podido fichar y pensando en el error azul de Filipe, de Costa, en ese Chelsea al que tenemos que ganar en Champions aunque sabemos que todos los caminos llevan a Roma.
Los filipenses nunca dejamos de creer.
Aúpa Atleti. Siempre
jueves, 30 de noviembre de 2017
En las botas de Vietto
Atleti 3 - Elche 0
Empatía es la participación afectiva de una persona en una realidad ajena a ella, generalmente en los sentimientos de otra persona. Meterse en sus zapatos. Ponerse sus botas.
En el caso de Vietto no es fácil. Un delantero que lleva muchos partidos sin marcar, que tiene pocas oportunidades de jugar y que, cuando juega, lo hace bien pero no ve puerta. Un chico que deslumbro en Villarreal, que nos marcó un golazo en el Calderón y que, desde que llegó al Atleti ha sentido el peso de la camiseta de nuestro equipo como una auténtica losa. Salió hacia Sevilla para tener más minutos con el fin de que recuperase la confianza a base de goles. Pero tampoco. Regresó para estrenar el Metropolitano, el escudo chino, la horrorosa camiseta de rayajos diagonales... pero no porque el Cholo le quisiese, no. Regreso porque alguien en el club no hizo bien su trabajo y nos sancionaron sin poder inscribir a nuevos futbolistas. Y se quedó. Y Simeone trató de rescatarlo para el fútbol. Y el chico vale. Y cuando sale, como ayer contra el Elche, hace todo bien. En defensa es el primero que sujeta la salida del balón. En ataque corre, se desmarca, regatea, pasa y dispara. Pero no marca. Y aunque luche y falle, hay algunos errores que son inexplicables. Ayer, en un Metroplitano con mas público del esperado -en una noche fría, con horario infame, ante un segunda B y con miles de butacas vacías por culpa del doble anillo para los clientes VIPkingos que parte a los aficionados del Metropolitano en dos- Luciano Vietto marró hasta en ocho ocasiones un gol que parecía huirle en jugadas físicamente imposibles de fallar. Especialmente la última, en la que con un 3-0 y doblete de Fernando Torres (muy cerca del triplete si no falla otra tan cantada como esta) el argentino acabó bajando los brazos ante los primeros pitos y risas de los aficionados que habían animado a Luciano -como no dejó de hacer el Cholo- tras fallar las siete anteriores. Había superado al portero. Estaba solo. Sólo tenía que empujarla. Vino un defensa y se la robó. Increíble.
Las redes sociales atléticas (o lo que sea que sean) empezaron a arder con el sarcasmo de los que se ven en octavos y necesitan un chivo expiatorio para verter la amargura de sus vidas miserables. Luciano Vietto fue el elegido para la chanza general. Un futbolista que, supongo, no estará pasando un buen momento. Un profesional que, supongo, querrá hacer su trabajo lo mejor posible para poder seguir viviendo de ello. Un delantero que, supongo, quiere marcar todos los goles posibles para revalorizarse, para sentir el cosquilleo de la fama y el poder que otorgan las masas a los triunfadores.
Eran inevitables los comentarios humorísticos en la grada con los compañeros de abono. Pero de ahí a pitar a uno de nuestros futbolistas cuando está pasando una mala racha que nos afecta a todos... O reírse de él como si no nos afectar su rendimiento... en fin, que a veces perdemos el norte y no nos damos cuenta de que todo lo que afecte a los que van de rojo y blanco nos afecta a nosotros. Y no se trata de empatía, es puro interés.
Dicho esto, me quedo con las palabras del Cholo sobre Luciano: "Es uno de los que mejor juega, de espaldas, con diagonales, el uno contra uno, elige bien el pase... su posición es ingrata porque si no hace gol hay crítica. Le valoro que no se esconde, que lo intenta, que juega. Malo sería que no esté fino cara al gol y perdiese todas las pelotas. Es uno de los que mejores delanteros que tenemos de cara al juego por eso lo protegemos como hacemos”. Y ojalá siga sumando y marcando mientras sea uno de los nuestros. El resto es filfa.
Aúpa Atleti. Siempre.
jueves, 23 de noviembre de 2017
Torres nos devuelve la fe
Atleti 2 - Roma 0
Hoy las portadas son para un remate acrobático de una estrella del fútbol que, para nuestra desgracia, habla más fuera que dentro del campo. Un golazo en toda regla de Griezmann. Golazo que, oh casualidad, comienza en las botas del mejor delantero que tenemos ahora mismo, el mejor que hemos tenido nunca y el que siempre será discutido porque, oh casualidad, nunca quiso fichar por la multinacional de la otra acera, porque siempre se ha declarado del Atleti y porque nunca ha abierto la boca para protestar por su situación en un equipo en el que ha llegado a ser la última opción de nuestro querido Cholo. Porque Fernando asume que el grupo está por encima de los intereses particulares. Es un hombre de club, de equipo, de dar un pase magistral a Correa por encima de la defensa para que este asista el primer gol en una noche en la que el Atleti volvió a ser el Atleti, Torres volvió a ser titular y el Metropolitano sonó como el Calderón.
Torres, el chaval de Fuenlabrada que ha batido casi todos los récords en el Atleti, en la Premier, en la selección española. Un tipo que ha ganado todos los títulos que un futbolista puede soñar (Mundial, Eurocopa, Champions, Ligas, Copas, Supercopas...) y que ha dejado de ingresar los millones chinos, cataríes o norteamericanos porque a él, lo que más le gustaría en este mundo, es ganar algo en el club donde se crió, donde debutó, donde se hartó de marcar goles para devolvernos a Primera, donde dejó una millonada para que volviésemos a entrar en Europa (con su venta fichamos a Forlán, Maxi y Simao), donde vino como un regalo de Reyes en la presentación más brutal que jamás se recuerde en la historia del club. Un regreso tildado por la apisonadora mediática que no aguanta sus éxitos como el de un jubilado cojo justo antes de marcarle dos goles al todopoderoso Real Madrid de los desprecios. Luego vino lo del gol cien, después que si estaba enfadado aunque jamás saliese una declaración suya contra nadie y contra nada. En fin... que sí, que Torres está muy mal, y es muy mayor, y está cojo y lo que queráis. Pero en el derbi salió y cambió el rumbo del partido generando una ocasión inmejorable que Gameiro no pudo culminar. Y que ayer, por fin, de titular, se dejó los huevos en el campo y no dejó de presionar desde el minuto uno. Que sigue fijando los centrales, generando espacios, creando un peligro inmenso y acojonanado a las defensas rivales. Vale más Torres por la experiencia acumulada y la rentabilidad de sus esfuerzos que cualquiera de los negados delanteros que tenemos actualmente en la plantilla. Ojalá que fueran todos mejores que él. Creo que el propio Torres firmaría por eso. Porque además de ser el mejor profesional, es también el más atlético de todos ellos.
Hoy las portadas son para el que más cobra y menos rinde, para el que sale siempre de titular y celebra los goles vendiendo champú o echándonos en cara que juega cuando le sale de las pelotas, que para eso es la estrella. Hoy los que no ven más de dos partidos al año del Atleti se vuelven locos hablando maravillas de Antoñito y hasta de su paisano Kevin tras un primer tercio de temporada para meterles en la cárcel por estafa. Y de Torres, ni una línea. Del nueve del Atleti, nada. Del que ayer tuvo en jaque a la defensa y consiguió abrir la lata, nada de nada. Porque jamás le perdonarán su militancia atlética, su antimadridismo, su señorío y elegancia. Su fútbol de equipo sin estridencias.
Mención especial merece el Cholo con su sorprendente alineación defensiva incluyendo a Thomas en el lateral y arriesgándose con dos centrales casi juveniles como Giménez y Lucas, o incluyendo a un combativo Augusto en el centro del campo con Koke dejando fuera a Gabi. Otra vez tuvo razón Diego Pablo. Y otra vez sus cholocambios fueron mano de santo. Impresionante la labor de Filipe Luis que ayer, junto con Torres, fue el hombre del partido.
Hoy los clientes del Wanda y los aficionados del Metropolitano estamos igual de contentos. Y me gusta que los clientes hayan recuperado la fe. Me encanta que haya sido por el partidazo de Torres. Y me pone a mil por hora saber que no saben. Me provoca ternura verles salir del estadio diez minutos antes. Me apena que no estén cuando los jugadores salen tras el partido al césped para agradecer el apoyo. Me sorprende su silencio en nuestros cánticos y me encabronan sus pitidos a los nuestros.
Su ignorancia es mi fortaleza. Orgulloso de no ser como ellos.
Gracias Fernando, gracias Cholo.
Aúpa Atleti. Siempre. ¡Y que viva el Qarabaj!
lunes, 20 de noviembre de 2017
Mi derbi no es el vuestro
Atleti 0 - Ciervos 0
A veces me hacen dudar. Y llego a pensar que a lo mejor no estuve allí. Sí, lo sé, eso me pasa por consumir, por tener amigos que consumen. Pero es que es inevitable. Lo del sábado sólo fue la última de muchas, la primera del Metropolitano. Un empate que se me antojó escaso si nos atenemos a las oportunidades claras que fallaron Correa al inicio y Gameiro al final. Ellos apenas si tuvieron un churro en jugada de Kroos, media manga de Cristiano en una falta y manga entera de Ramos al meter las napias en el área pequeña. Sumando todas, los de las mocitas apenas inquietaron a Oblak. Aunque, eso sí, en la radio no paraban de decir que el árbitro se había comido tres penaltis, tres, en el área rojiblanca y que Fernández Borbalán había favorecido claramente al Atleti. Y claro, eso es para que uno dude de verdad. Porque allí, en la grada media del fondo sur, entre cánticos y banderas de apoyo a los nuestros, no dejamos de silbar y protestar a un árbitro infame que a cada falta de los nuestros sacaba tarjeta mientras que dejaba a los vecinos y visitantes que disfrutaran del nuevo estadio sin recibir apenas castigo (seis tarjetas al Atleti por dos de los otros). Nada escuché en la radio de la entrada de Isco con los tacos por delante que se fue de rositas. Ni de la posterior mano del malagueño que también quedó sin tarjeta aunque el árbitro la sancionase. Tampoco dijeron nada en la tele de un posible penalti de Cristiano Ronaldo a disparo de Carrasco que a mí me pareció clarísimo porque todos los nuestros lo reclamaron a la vez. No leí nada de la carrera que se metió Juanfran para robarle la cartera al jugador mejor pagado de la multinacional incolora. Tampoco vi en los periódicos reflejada la valentía y la personalidad de un entrenador que quita a su estrella para dar salida a un delantero que lo pueda hacer mejor. El entrenador musulmán del equipo de Concha Espina no quitó a su siete que, dicho sea de paso, está hecho un ocho. Por cierto, el cambio de Griezmann (yo le hubiera dejado en la caseta al descanso) trajo con Fernando Torres aire fresco en la delantera. Suya fue la cesión a Gameiro en ese balón que sacaron bajo palos los defensas blancos.
Ya digo que mi derbi no es el vuestro, el de los medios, el de la gente que sólo ve partidos que se venden como el del siglo, el del año, el clásico y demás eslóganes publicitarios. Pero es que tampoco fue el del resto de los atléticos. Ni siquiera de los que piensan y sienten el fútbol como un servidor.
Mi derbi empezó tomándome una pastilla de valeriana con una infusión de tila. Después vino el golpe en la rodilla cruzando Arcentales y rematando un bolardo en el semáforo. Continuó viendo la butaca de Fran vacía porque una gastroenteritis le había dejado doblado en casa entre la tele, el Acuarius, el sofá y la taza. Siguió con mi mujer acompañándome en la grada y pidiéndome que no cantase el MHDP que tantas veces se merecieron los contrarios. Y con el bocata de jamón, aceite y tomate que se había currado mi hermano. Y con la tortilla de patata de mi suegra. Y con las monedas de chocolate que repartió Darío para celebrar sus primeros doce años acompañado de su abuelo porque su padre tenía guardia. En mi derbi no se silbó a Griezmann porque creemos lo mismo que el Cholo. Sí, es cierto que en ataque se esconde, y que se pasó todo el partido charlando en gabacho con Varane sobre si era mejor el baguette o el cruasán para el café au lait (¡olé!). Pero el "gremlin" se batió el cobre en defensa presionando y robando balones. ¿Qué coño le pasará? En mi derbi, ya digo, animaban los del Frente Atlético y sonaba casi todo el estadio nuevo que -aunque se empeñen los publicistas que me hacen dudar de mi presencia en la Peineta- siguió sin llenarse una vez más. Y es que en mi derbi, mientras desnudábamos el bocata de su papel de plata asistíamos a la desbandada del canapé y la barra libre en el lateral este de vikingos vips, en el anillo superior de la grada media donde están palcos de empresa, en el lateral oeste con el palco de honor vip, y los vips especiales y en las butacas acristaladas de otros vips y la madre que parió al fútbol moderno y chic que se ha apoderado de nuestro campo, de nuestro equipo. Por cierto, ahí sí se puede consumir alcohol. ¿Es que los ricos lo toleran mejor?
Mi derbi, y no me repito más, no es el vuestro. A mí me gustó el Atleti. A mí me pareció que el rival ha sido de los más flojos que he visto desde que llegara el Cholo. Y que si llegamos a tener un delantero inspirado, nos los merendamos. Aunque se empeñen en convencerme de lo contrario. Aunque los medios y sus clientes no paren de decirme que el Atleti se salvó por los pelos, que el árbitro nos favoreció y que el Real Madrid nos perdonó la vida porque no está en forma su delantero (obviando, así como quien no quiere la cosa, el arsenal que tenían en el banquillo y que el francés de Argelia no quiso o supo aprovechar). Por cierto, seguimos invictos en Liga. Por cierto, ya hemos jugado contra Barça, Valencia y Madrid, algo que ellos aún no han acabado de hacer entre sí.
Señores, yo soy del Atleti. El miércoles, contra la Roma, a dar el primer paso para demostrar que nunca dejamos de creer, que jugamos cada partido como si fuera el último, que mientras otros duermen nosotros seguimos soñando.
Siempre Atleti.
martes, 7 de noviembre de 2017
El parón, el parado y el paredón
El parón
Se ha consumido el primer tercio de la temporada y, a pesar de las malas noticias que circulan sobre el Atleti y su juego, estamos ahí arriba. Es curioso, pero los que más me hablan de lo mal que jugamos son los que apenas ven dos partidos del Atleti en toda la temporada. Pero bueno, tendrán razón. Como lo dice la prensa... Yo, que suelo ver alguno más, tengo que decir que no jugamos como antes, cierto. También creo que la base del Atleti va cumpliendo años y que la sanción del TAS (porque los del palco no hicieron bien las cosas -y aquí no se oye ni mú-) ha frenado la natural renovación del equipo. Pero el equipo está el cuarto empatado con el transatlántico incoloro a puntos. A ocho del líder e imbatido como él. Así, como suena. Seis victorias y cinco empates. Veintitrés puntos. En puestos Champions. Y hablando de competiciones europeas. Parece que ya estamos eliminados. Algunos medios (y algunos pesebreros periodistas que han visto mermados sus ingresos con la llegada del Cholo y su salida del entorno rojiblanco) confunden sus deseos con la realidad. Que sí, que hace falta un milagro para pasar de ronda. Que sí, que hay que ganar al Chelsea en Londres y a la Roma en el Metropolitano que, por ahora, es comos si jugáramos fuera (los de los pitos a los nuestros se han equivocado de campo, en serio). Que el Qarabaj tiene que puntuar. Que sí, que lo sé. Pero también sé que el Atleti es el equipo de conseguir imposibles. Estos jugadores, con el Cholo, son capaces de ganarle una Copa en su casa a la Central Lechera y una Liga en la suya a los del "prusés". Y, si me apuran, hasta de remontar en Copa al Elche en nuestro estadio aunque algunos se empeñen en que no acabemos de sentirlo como propio. Al rico silbido vikingo.Yo solo digo que el parón nos va a venir muy rico. Que los números ahí están y que ladren los que están rabiosos, porque luego será mucho peor. Para ellos, digo.
El parado
Cuando llegó recuerdo que le llamábamos Antoñito. No estaba fino el chaval. Estuvo hasta Navidad sin rascar bola. Fallón y muy nervioso. Falto de ritmo. No cogía el sistema del Cholo y llegaba siempre un segundo tarde a todo. Chupó mucho banquillo. Era normal que le cambiaran. Y le aplaudíamos y le animábamos en el Calderón. ¡Vamos, Antoñito! Llegó el año nuevo y se hinchó a jugar al fútbol. A defender, a dar asistencias y a marcar goles. Golazos que valían puntos y clasificaciones. Así hasta fallar un penalti decisivo en la segunda final de Champions. Y nadie le reprochó nada a don Antonio, que había dejado de ser Antoñito. El problema llegó después, tras ese robo en Milán, tras ese penalti que pegó en el larguero rebotó en el césped y salió hasta fuera del área. Inolvidable. El problema es que hay jugadores que pasan por el Atleti sin que el Atleti pase por ellos. Y al gabacho le pasa esto. Que él y su entorno son muy de redes sociales, de hablar más de la cuenta, de no respetar la historia del club ni la idiosincrasia de su afición. Que hoy me quedo y hago un bailecito y mañana digo que me voy; que quiero ser como Messi y celebro los goles como Cristiano. Que ahora me enfado y no respiro. Que si seguimos así vamos a Segunda, que yo soy del Atleti pero no tanto. Un delirio.Y es que cuando uno deja de hacer lo que sabe, que es jugar al fútbol, para preocuparse por lo que quiere, que es protagonizar anuncios. Pues como que la cosa no acaba de funcionar. Y más en un juego como el fútbol, que es muy de equipo. De modo que el parón dará para hablar del parado mejor pagado de la plantilla. Porque el Gremlin Griezmann ha dejado de ser de los nuestros, porque se mueve para no salir en la foto.
El paredón
Y lo mismo que el parón liguero dará para llenar páginas y minutos del señor de los peinados, también debería dar para que se hablara mucho y bien del muro defensivo del Atleti donde don Obli Oblak hace que cada día le queramos más. Sólo ha encajado seis tantos en once partidos de Liga. Y hemos jugado contra Barsa y Valencia, que son los más goleadores. Y contra el Sevilla y el siempre peligroso Athletic. Y contra el Villarreal que vuelve a resurgir. Que son once partidos y sólo seis goles encajados, señores. Y con un Atleti sin intensidad y con dos laterales entrados en años a los que ya no les resulta tan sencillo recuperar la posición tras subir a centrar. Un muro, una pared, un paredón. El mismo que tenía yo frente a las narices el otro día, en Ávila, cuando mi teléfono empezó a pitar anunciando el gol de Thomas en el descuento. Un muro. Una muralla. Pero de esto, ya lo veréis, no se hablará. Ni del récord de imabatibilidad del Cholo fuera de casa, ni de que los culpables de que no hayamos podido fichar hayan cambiado de escudo y de estadio sin contar con la masa social. Si acaso se hablará de que Oblak se va al equipo vecino de la capital, que se viene el derbi y, ya se sabe, estas dos semanas darán para que más de media plantilla del Atleti se vaya en enero, para que el Cholo firme por dos o tres equipos diferentes, para eliminarnos de Champions y de Copa sin esperar a milagros ni partidos de vuelta y para darnos por muertos en Liga como cuando el Girona ganó a los vikingos que, entre su hinchada (o lo que sean), sólo se oían juramentos y daban por perdida la competición.
Lo dicho, que aúpa Atleti. Siempre.
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