miércoles, 19 de febrero de 2020

El secreto está en la grada

Saúl celebra con el equipo y con la grada -sin móviles para la foto "pipera"- el gol marcado en el minuto 4 de partido.

"Mucha gente nos quiere matar, pero los atléticos estamos en las buenas y en las malas", este fue el segundo gol que marcó Saúl. El primero lo anotó nada más empezar el partido, a los cuatro minutos, en un balón suelto en el área pequeña que empuja para abrocharlo a la red. El segundo lo hizo frente a los micrófonos de los periodistas, nada más acabar el partido, con la verdad saliéndole del corazón tras los 90 minutos aguantando al mejor equipo de Europa, ese que es el actual campeón de la Champions, el que le saca 25 puntos al segundo en la liga inglesa, en la Premier; el que llevaba nueve partidos sin encajar un gol y más de un año sin perder. El Liverpool de Klopp.

"A mí me veréis en la grada del estadio, animando a mi equipo", soltó Fernando Torres en la previa para dejar muy claro que él es del Atleti -aunque los de casa sabemos que él es el Atleti-. Y con él, otros 50.000 atléticos de los de verdad, unimos nuestras gargantas para llevar a los de rojo y blanco a una noche inolvidable que sirvió para dejar mudos a los que vaticinaban entre cinco y diez goles en contra. Los mismos que llevan ocho años queriendo descabalgar al Cholo para que no desestabilice el duopolio de la industria futbolística en nuestro país.

Ayer había 3.500 aficionados del Liverpool en el Metropolitano. Intentaron cantar pero apenas se les oía. Ayer había 50.000 hermanos en la grada que se olvidaron de los 13.500 vips que parten en dos nuestra afición con los palcos de empresa, los palcos de la experiencia Neptuno, los palcos de autoridades, los palcos de invitados, los palcos de la madre que parió a los que van a mirarnos y no a apoyar a los nuestros (y a los que lo permiten). Los 50.000, espoleados por los de siempre, los que nunca fallan, la grada de animación más grande de Europa, los jóvenes del Frente Atlético que cantan bajo la lluvia sin chubasquero, en las buenas y en las malas, aquí y donde haga falta, porque viven y sienten el Atleti con una intensidad y una pasión que no necesita el beneplácito de los dueños ni el impostado postureo de falsos e interesados amores por los colores.

Empezaba el partido a las siete de la tarde cortando la Avenida de Arcentales para recibir con banderas y bengalas (no fire, no party) al autobús de los nuestros. Pelos como escarpias. Seguía con la entrada de la afición para preparar el tifo o mosaico con el que recibiríamos a los jugadores. Ya en el calentamiento del Liverpool la pitada fue tan sonora que los ingleses se dieron cuenta de que no lo iban a pasar bien, que aquello no era lo mismo que cuando vinieron de fiesta a jugar una final contra los de Pochetino. Allí estaban los seguidores del Atleti. Los de verdad. Los que aman a su equipo por encima -incluso- del Cholo (lo mejor que nos ha pasado en 116 años de historia).

La salida del Atleti al campo fue gloriosa, como el equipo. Tifo y mosaico apoyado por el club desde megafonía y -oh sorpresa- acaba lo que estaba organizado y la afición que arranca de nuevo con el himno a capela. Más fuerte aún que la megafonía con la musiquita de la Liga de Champiñones. Se veía que aquello iba en serio.

Arranca el partido y el estadio en pie con un interminable Atleeeeeti, Atleeeeeti, Atleeeeti bufandas en alto. Y gol. La hecatombe. Hasta el sexagenario matrimonio londinense que me sentaron al lado se abrazó con la "familia" del sector 237. Espectacular.

Luego vino la exhibición táctica del Cholo. El grandísimo juego del Liverpool avanzando como una tricotadora desde atrás, pasando en horizontal, muy juntitos y ocupando todo el ancho del campo hasta alcanzar el área de los nuestros  para intentarlo sin éxito una y otra vez. Soberbios nuestros laterales en defensa. Lodi, incluso en ataque. Y lo de Felipe. Madre mía de mi vida. Dejó seco a Salah. Ni un tiro a puerta en los primeros 45 minutos y la segunda amarilla perdonada a Mané en un despropósito arbitral unos segundos antes de enfilar el túnel de vestuarios.

La segunda parte, atacando el Atleti contra el fondo sur fue un auténtico festival. Salió Marcos Llorente en un estado de forma alucinante. Luego vino el cambio de Correa que se vació y jugó otro gran partido saliendo del campo con una de las mayores ovaciones que se ha llevado en sus años de rojiblanco. Y por último, la entrada de Costa el esperado. Nuestro rantamplán. Casi se cae el estadio.

Antes Morata tuvo el 2-0 en una ocasión clarísima que lanzó por encima del larguero tras resbalarse cuando recibe dentro del área solo ante el portero. Pero da igual. Había que estar allí. Es uno de los nuestros. Sabe que todo nos cuesta el doble, que no va a bajar los brazos por ello. Y otra vez la grada, enorme, animando a Álvaro como antes lo había hecho tras el fallo garrafal en el despeje de Oblak.

"Si animáramos así todos los partidos que quedan de la temporada, nos llevábamos la Liga", sentencia mi hermano con la sabiduría del que lleva más de medio siglo disfrutando, sufriendo, llorando y riendo por tener el Atleti metido muy dentro. Y yo pienso lo mismo.

Queda la vuelta en Anfield. Pero ahora hay que pensar en el Villarreal y, sobre todo, recordarles a los cérvidos patrios y periodistas varios, que somos el Atleti y que, parafraseando a Neruda: "Me gusta cuando callas porque estás como ausente".

Forza Atleti, oé.

Aúpa Atleti. Siempre.




lunes, 21 de octubre de 2019

El Atleti, Jekyll en Liga y Hyde en Champions

El equipo celebrando el gol del empate frente a la Juventus en el primer partido de la Champions 19/20 en el Metropolitano.


Mi amigo Youssef me ha mandado este fin de semana un audio de wasá comentándome la actualidad de nuestro querido Atleti desde Casablanca. Eran cinco minutos de análisis sobre el estado del equipo con el que coincido plenamente. A Youssef le conocí gracias a este blog hace ya más de diez años. Desde entonces nos hemos visto en dos o tres ocasiones, en el Calderón y en el aeropuerto de Casablanca, animando al Atleti y hablando siempre de nuestra pasión común. Ahora, además, se ha convertido en un agente FIFA y conoce el fútbol profesional desde dentro.

Coincido con Youssef en que el Atleti en Liga está falto de gol. No hay más que ver los números. Y en que nuestros delanteros no tienen la efectividad que se les supone. Yo añadiría aún más. Creo que Diego Costa ha perdido la mala leche que le ayudaba a marcar la mitad de cada gol y que Morata no acaba de comprender que a los del Atleti todo nos sigue costando el doble. No lo entiende Álvaro ni lo entienden unos miles de aficionados que vienen al Metropolitano a VER un espectáculo en lugar de a VIVIRLO, en vez de FORMAR PARTE de él.

Ambiente de Champions

Dice mi hermano Rícar, que lleva medio siglo viviendo en rojiblanco, que el estadio en Champions se transforma como el equipo. Que no tiene nada que ver con el ambiente de Liga. Y creo que tiene toda la razón. La explicación quizá tenga que ver con que en Champions se acercan hasta el Metropolitano (y antes hasta el Calderón) los atléticos que vienen de lejos, que no tienen la posibilidad de seguir al equipo durante la competición doméstica y que, por eso mismo, llegan al campo con más ímpetu, fuerzas renovadas y el deseo de empujar desde la grada fuerte la voz. Y se nota. Y los futbolistas lo notan. Y en el juego se refleja. Lo tengo clarísimo.

Quizá sea este el motivo por el que en Champions estamos coliderando el grupo con la Juventus, a la que empatamos en casa remontando un 0-2 con la gasolina de la pasión contagiada desde la grada y tras vencer a los rusos en casa de san Pedro. Sin embargo, en Liga, acabamos de caer de los puestos de Champions y somos quintos, empatados con la Real -cuarto- y el Sevilla -sexto- y por detrás de Barcelona, los de ACS, la sorpresa rojiblanca del Granada. Y aunque no marcamos apenas goles (llevamos 8 en 9 partidos) tenemos a obli-Oblak (cada día te quiero más) al que sólo le han marcado cinco.

No voy a entrar a valorar la tarea de Simeone. Es obvio que algo falla en el equipo cuando apenas hacemos gol. Y que el entrenador tiene mucho que ver con ello. Pero en una plantilla donde hay ocho futbolistas nuevos (Lodi, Trippier, Felipe, Hermoso, Llorente, Joao, Herrera y Saponjic) y de la que han salido pesos pesados como Godín, Filipe, Juanfran, Rodrigo o Griezmann creo que lo suyo es tener paciencia y esperar a que asimilen las rutinas del entrenador, se empapen de la cultura del equipo y no dejen de sentir el aliento desde la grada. Yo confío en Simeone, pero no soy ciego. Hay mucho margen de mejora.

El martes, cuando el Atleti despliegue su brillante cara europea, -y aquí me la juego y hago un vaticinio sin necesidad de sacrificar ningún animal para leer sus vísceras- los mismos que salieron echando espumarajos por la boca del estadio -y sobre todo en las redes sociales y los chiringuitos subvencionados- serán los primeros que saquen pecho por el resultado, por la clasificación, por el juego y hasta por el planteamiento del Cholo y los cambios en los que, dicho sea de paso, suele acertar casi siempre (no en vano tengo una etiqueta en el blog que dice "Cholocambios" casi desde que llegó).

Aúpa Atleti. Siempre.

"Dale, dale alegría a mi corazoooooooon, la Liga de Campeones es mi obsesiooooooon..."


jueves, 10 de octubre de 2019

Vuelve el fútbol

Con el parón de selecciones he estado buceando en algunos textos antiguos que había en una carpeta olvidada de mi ordenador. Y me encuentro con este articulito escrito en agosto de 2015. He progresado muy poco. Casi todo sigue exactamente igual. Lo comparto.




Estuve echando cuentas y me salían más de ocho horas a la semana. De ahí para arriba. Ese es el tiempo que dedico al fútbol cuando el balón echa a rodar. 

Porque si el Atleti juega en casa… que si vas, que si te tomas algo, que si te desfondas animando, que si te vuelves afónico. Total, cuatro horas no te las quita nadie. Luego mírate los resúmenes de los otros nueve partidos de primera a razón de cinco minutos por encuentro. Tres cuartos de hora de reloj-despertador. Que si te enganchas en la tableta y -ya que tienes los cascos puestos, y tu cómplice en la vida está dormida, a tu vera, ahorrándote esas miradas compasivas cada vez que el Atleti se cruza en tu camino- te pones a ver los cinco mejores goles de la jornada, las cinco mejores paradas, las declaraciones de los más destacados… y hasta los goles de Segunda. Otros tres cuartos de hora. La una y media de la mañana. A esto hay que sumar la lectura de crónicas, noticias y comentarios chuscos en distintas redes sociales. Una horita más, fijo. Y, por supuesto, las conversaciones en wasá con amigos rojiblancos y la peña virtual de los Riesco. Ya digo que me salen más de ocho horas a la semana. Más que nada porque el Atleti también juega Copa y Champions. Una jornada de trabajo, vaya. Y eso que tengo abandonado el blog que abrí para contar cómo iba de mi enfermedad, de esto de hacer el indio.

He titulado “Vuelve el fútbol” pero en realidad a mí el fútbol, como que no. En serio. Ya pueden jugar el enésimo partido del siglo las dos superpotencias mundiales del balompié que, si no juegan los de rojo y blanco, para mí tiene el mismo interés que la defensa de una tesis doctoral sobre el crecimiento de las coles sin pesticidas agrotóxicos en Bruselas y sus merindades.

Tenía que haber titulado “Vuelve el Atleti”. Este fin de semana regresa la locura, mi pasión, el hacer malabares con el tiempo para no desatender lo esencial sin dejar de disfrutar de lo importante. Porque el Atleti, como decía en uno de sus spots, “me mata, me da la vida”. Y como cantamos en el Calderón: “Muchachos, hoy viajamos juntos otra vez. Enamorado del Atleti, no lo puedes entender”.

lunes, 26 de agosto de 2019

Thomas Partey es del Atleti antes que vosotros


Leganés 0 - Atleti 1

Las redes sociales, el anonimato y la ignorancia son una cóctel peligroso. Tanto que, lo mejor, es dejar de seguir o bloquear a ciertos 'infraseres' sin otra ocupación que la de insultar sin conocimiento, sin sentido y, con mucha probabilidad, sin vida offline.

Ayer en Butarque el Atleti se encontró con un Leganés al que jamás había vencido. Nunca. Un equipo aguerrido y ordenado capaz de desactivar un centro del campo con la calidad de Lemar, la polivalencia de Saúl, la experiencia de Koke y el músculo versátil y espectacular de Thomas.

No fue el mejor día del "sueco", que es como mi hermano llama al bueno del ghanés. Ni mucho menos. Thomas Partey estuvo muy desacertado en el pase, lento en las recuperaciones y cometió errores soeces incluso dentro del área. Pero de ahí a insultarle como se le insultó en las redes sociales hay un abismo.

El bueno de Thomas Partey tiene 26 años y juega en casi todas las posiciones que un entrenador pueda soñar. Y lo hace con garantías -aunque no siempre tenga su día-. El africano llegó al Atleti con 19 años para hacer un temporadón en el Madrileño de Alfredo Santaelena. Luego se fue una temporada cedido al Mallorca en Segunda y después otra al Almería en Primera. Esta es su quinta temporada en el Atleti de Simeone.

Ha jugado la friolera de 140 partidos con la rojiblanca y ha metido 12 goles sin ser su cometido. La mayoría auténticos obuses por la escuadra. Y algunos tan decisivos como el pepino que le clavó al Depor de falta directa en el último minuto y que supuso el 0-1 de la victoria en la 2017-18.

Ayer, en Leganés, no tuvo un buen día. Hizo un mal partido. El Cholo le cambió por Marcos Llorente y, sin que el compañero que le sustituyó tocase el balón, marcó el Atleti su único gol. Trippier -un lateral inglés con pinta de encofrador del que soy devoto- se la puso a Joao Maravillao para que, en una de sus diabluras (quizá la única en la que no le rascaron el tobillo) se la dejó a Vitolo para que la depositara, con esa finura canaria que tanto nos gusta, en el fondo de la red.

Faltó tiempo para que los que se han apuntado al Atleti ganador del Cholo se tirasen a la yugular de Thomas. En lugar de celebrar el gol que nos ponía por delante, la jugada espectacular, la resurrección de Víctor Machín, el récord de partidos de Koke, la portería a cero de Oblak y el ambientazo rojiblanco de un Butarque con la rabia vikinga entreverada en sus gradas... no, lo mejor es hacer comentarios asquerosos contra uno de los nuestros. Contra un futbolista que se entrega y lo da todo cada vez que se enfunda nuestra camiseta.

Podrá gustar más o menos un futbolista pero, si lleva la rojiblanca, hay que animarle hasta reventar. Y si tiene un mal día, se dice, pero con respeto. De lo contrario, a la otra acera a berrear.

No digo nada de la lucha sin premio de Morata, el carácter de Savic -y su gesto de sicario kosovar-, los Cholocambios que volvieron a funcionar y, como bien dice mi amiga Helena Platas, esa posición ahí arribita en la tabla que nos convierte en CHOLÍDERES (con dos goles a favor, seis puntos de seis, que los del equipo del pueblo somos muy 'apañaos' y administramos lo poco que tenemos).

Para los ciervos que echan espuma por la boca y berrean contra "lo mal que juega el Atleti" sólo queda advertirles que si jugando mal llevamos seis de seis, ojito a cuando empiecen los de rojo y blanco a jugar bien. Mucho ojito.

Señores, yo soy del Atleti...


lunes, 19 de agosto de 2019

Los nueve nuevos y Joao Maravillao


Juan Félix, el Niño, el Chaval, el Menino es el fichaje más caro en los 116 años de historia del Atleti. Y va a resultar barato.

He de confesar que hasta que no le fichamos desconocía quien era Joao Félix Sequeira, el portugués de Viseu que en noviembre cumplirá 20 años y que tenía enamorada a la afición de las águilas en la capital lusa. Del Benfica ya nos trajimos a Oblak. Ahí lo dejo.

En una pretemporada televisada desde Estados Unidos y Alemania, en la que el Atleti ha jugado siete partidos -sólo uno en España, en el Burgo de Osma- y ha salido invicto, la joven perla portuguesa ha brillado con goles, asistencias, desmarques, detalles, brega y mucha humildad. Un espectáculo, vaya.
El domingo 18 de agosto se estrenaba el Atleti en Liga, frente al Getafe, para inaugurar la temporada 19-20 en el Metropolitano. Hay nueve nuevos: Felipe, Nico Ibáñez, Lodi, Mario Hermoso, Trippier, Héctor Herrera, Marcos Llorente, Saponjic y Joao Félix.

Atleti 1 - Getafe 0

El nuevo Atleti es el Atleti de siempre. Vuelve el unocerismo del Cholo que provoca espumarajos en la boca de todos los gurús balompédicos. Diego Pablo dio ayer un nuevo golpe en la mesa y sacó a los feos en el once titular. Enfrente estaba el Geta de Bordalás, un hueso que se metió en Europa y que hizo un grandísimo partido impidiendo el fútbol del Atleti yendo continuamente al choque, al límite. Parecía el Atleti del Cholo cuando la plantilla era como la del Geta. Puro sacrificio.

Las nuevas normas y el penoso colegiado apellidado Cuadra dejaron el partido en diez contra diez a la media hora, poco después del cabezazo de Morata tras espectacular servicio del profundo, certero, serio y trabajador lateral derecho que ha venido desde el Reino Unido para deleitarnos con sus pases medidos tras envenenada carrera. Me enamoró ayer Trippier. 

La expulsión de Lodi, por doble amarilla en menos de un minuto, parecía una pésima compensación arbritral tras la roja directa -VAR mediante- por entrada de Molina tocando el talón de Aquiles a uno de los nuestros. En dos minutos, dos expulsiones.

Lo mejor del partido, sin embargo, no fue el gol de Morata-Trippier, ni ver a los nuevos derrochando coraje y corazón como los viejos. Tampoco la falta de trabajo de Oblak, o los nuevos dorsales que recordaban a Godín en el cuerpo de Josema Giménez. Lo mejor del partido, sin ningún lugar a dudas, fue el jugadón de Joao Maravillao.

Juan Félix recupera en nuestro campo y regatea a un contrario que le hace falta. Pero sigue. Sortea a otros dos, que también le hacen falta. Continúa. Se mete en el área y le vuelven a hacer falta. Penalti. 
En una misma jugada creí ver la velocidad de Futre, la potencia de Vieri, la clase de Torres, el regate de Alemao, la sabiduría de Luis, la picardía de Sabas, el duende de Kiko, la personalidad de Arteche y la humildad de Gárate. El penalti lo tiró Morata. El portero del Geta lo paró. ¿A quién le puede importar esto después de contemplar esa obra de arte rojiblanco concentrado?

Uno cero. Tres puntos. Y el Cholo -una vez más- ejerciendo de entrenador animador.

Luis Aragoneeeeeeees, Luis Aragoneeeeees, Luis Aragoneeeeeeees, Luis Aragoneeee eee eeees.

lunes, 27 de agosto de 2018

Atleti, las cosas de casa


Atleti 1 - Rayo 0

El sábado estrenamos la temporada 2018-19 en el Metropolitano. Segunda jornada tras el empate en Mestalla contra un Valencia muy sólido, primera en casa frente a un recién ascendido Rayo Vallecano que se encontró con un Oblak soberbio y con un equipo que, jugando muy mal, tiene a Griezmann arriba y es capaz de meter gol en la única que toca. Así es la vida de los ricos, gastar poco y ganar mucho, esforzarse al mínimo para rentabilizar al máximo. Aunque esto último no es del todo cierto. El Atleti corrió. No le salieron las cosas como otras veces, pero corrió. Y no es una sensación subjetiva, basta con repasar el partido para ver las carreras de Rodrigo y Saúl tras cada pérdida para  recuperar el balón. Pero no hay por qué poner paños calientes: mal partido y muy buen resultado. Primera victoria en Liga. Cuatro puntos de seis posibles. Todo por mejorar.

La prensa, que no suele tratarnos nada bien, se ensañó con el césped del José Zorrilla, el campo de otro de los equipos que ha recuperado la Primera División. ¿Raro, no? Pues no. Allí jugaba el actual campeón de Liga y una de las dos multinacionales que copan el fútbol mundial. La verdad es que estaba de pena y es impropio de la que se autoproclama como "la mejor Liga del mundo" y todas esas gilipolleces de Tebas para vender fuera un producto que no cuidan en casa. Piqué lo explicó muy clarito. Pero a lo que iba, que me despistáis con vuestros rollos. Decía que el césped del Metropolitano estaba para llorar. Impropio de un supercampeón de Europa, del campeón de Europa League y del subcampeón de Liga. De pena. Y lo que es peor, el lunes -hoy mismo- el Rayo Majadahonda (que ha subido este año a la Segunda división) jugará en el Metropolitano contra el Real Mallorca para acabar de reventarlo. Veremos si alguien dice algo.

Un detalle que tampoco saldrá en los medios y que tanto mi hermano Ricar como mi vecino de abono Jose, el padre de Darío (que es el que sale en la foto con la camiseta de Fernando Torres), no dejaron de recordar -con una queja amarga, algún grito destemplado y muchos gestos de desaprobación- fue el pésimo funcionamiento de la megafonía del Metropolitano. Fatal. Sólo al final de la yanquicelebreision de la Supercopa alguien tocó el botón y pudimos escuchar la música y, sobre todo, la insoportable e innecesaria voz del tío del micro. En fin... con lo bonito que es ver a los jugadores dar la vuelta al estadio mientras los aficionados aplaudimos y cantamos con un mínimo de naturalidad. Y ya. Cada vez somos menos auténticos y más ridículos.

No saldrá tampoco en las televisiones ni dirán nada los periodistas, pero han puesto unas lucecitas en las tremendas escaleras de cemento que ocupan gran parte de la grada del Metropolitano y, cuando oscurece, al estar los aficionados del Atleti en la penumbra, se ven como si estuviésemos en el plató de Noche de Fiesta o algo así. Muy hortera todo. Aunque, intuyo, será cuestión de seguridad para evacuaciones y todas esas cosas modernas.

Otro detalle novedoso es la retransmisión del partido en las tres pantallas "gigantes" del Metropolitano en tiempo real. Que a mí me despista y me pone nervioso. Pero parece que este es el fútbol del VAR, el que empuja a los aficionados a verlo en el BAR. Y si no, que se lo pregunten a los que vinieron a animar al Rayito, que les calzaron 40 euros por subirles al ático del estadio, junto a una de las tres pantallas, envueltos en una red de pescar. Por cierto, el VAR no vale para nada si el árbitro hace lo que le sale de los cojones.

El sábado estrenamos septiembre y jugamos en Vigo. Espero que de rojiblanco, porque nuestra segunda equipación coincide en colores con la del Celta. Aunque igual jugamos con la tercera, o con la cuarta, o con la que a Nike se le ponga ahí mismo con el consentimiento de los dueños del negocio rojiblanco.

Por cierto, no he dicho nada de la emoción que supone volver al campo y encontrarte, como cada año desde hace dos décadas, a la misma buena gente. Comentar cómo ha ido el verano. Felicitar a Jesús por su paternidad, abrazar a Fran después de demasiado tiempo, comprobar que no eres el único que ha cogido peso, escuchar a Darío que este es su último año con abono infantil, ver a Jose con las mismas ganas de Atleti que tú tus hermanos, acompañar a tu sobrina que estrena abono y peña este año (Peña Mauri, de Valdemoro) y echar de menos a Alberto que desde Tenerife envía dos whatsapp de audio con sus críos Dani y Sergio cantando el himno del Glorioso con acento guanche al tiempo que miramos al Frente para ver si encontramos a Mayte y a Raúl que se han cambiado de sitio para cantar y bailar con su pequeña Saray un poco más abajo.

Cuántas ganas tenía de Atleti.

Aúpa. Siempre.

martes, 21 de agosto de 2018

No me gusta este Atleti


Valencia 1 - Atleti 1

No me gusta este Atleti vestido de azul turquesa, o celeste, o cielo o como quiera que se apellide este azul incomprensible y absurdo que vistió ayer en su debut liguero a orillas del Turia. No me gusta este Atleti supercampeón de Europa que ya no le cae simpático a los dos que se repartían la Liga y la Copa y la Champions y las teles y todo lo que hubiera que repartirse. Y que le hagan pasillo los rivales que aún creen en el fútbol. No me gusta este Atleti que ha dejado de ser el segundo equipo de casi todos para convertirse en el objeto de las iras y las envidias del resto de aficionados. No me gusta este Atleti del que los futbolistas que se han hecho grandes en él no quieren irse a ningún otro lugar donde les ofrecen más billetes y más títulos. Porque cuando llegó Griezmann hace cinco años no costaba lo que hoy quieren darnos por él. Porque cuando llegó Oblak tuvimos que aguantar las críticas por haber fichado a un portero errante, joven y desconocido por 16 millones de euros. No me gusta. No me gusta este Atleti que sigue teniendo casi la misma plantilla que cuando llegó el Cholo hace ya ocho temporadas. No me gusta que nos acusen cada año de una cosa. Esta temporada el mantra una y mil veces repetido es que el Atleti es el que más ha gastado en fichajes. No me gusta. No me gusta que hayan venido futbolistas desequilibrantes como Lemar y Gelson Martins, y mucho menos me gusta que Rodrigo haya regresado para convertirse en el mediocentro más espectacular del fútbol mundial, un Gabi moderno y joven con clase y talento para dar y regalar. No me gusta que mi tocayo Arias sea un lateral con vocación ofensiva dispuesto a darnos tantas asistencias de gol como Koke o Saúl. No me gusta que el tercer delantero sea un tipo del este como Oblak y Savic de esos que si te encuentras en una calle desierta cruzas inmediatamente de acera. 

No me gusta que el Mono Burgos y el Cholo Simeone digan que tenemos que mejorar la clasificación de la temporada pasada. No, no me gusta, porque miro hacia atrás y veo que quedamos segundos en Liga y campeones de Europa League. No me gusta que Gameiro y Vietto hayan salido, ni que la pretemporada la hayan realizado los chavales de la cantera dejando bien claro que por detrás vienen arreando fuerte y son de la casa, de los que saben quiénes somos, de dnde venimos y dónde estamos. Pero, sobre todo, saben cómo lo logramos. 

No me gusta que los que buscaban rival digno se suban por las paredes después de haber encontrado al más digno de los rivales. No me gusta que ya no les caigamos bien, ni que digan que ya no quieren que ganemos. No me gusta que Valdano se rinda a la evidencia y elogie el trabajo del Cholo en estos ocho años. No, no me gusta. Tampoco escuchar a Santiago Segurola diciendo que el Atlético de Madrid es uno de los equipos más importantes de Europa por su planteamiento claro y su capacidad de competir. No, claro que no me gusta. 

No me gusta que Costa se parta el alma para intentar marcar en Valencia aunque Gil Manzano pase del VAR. No me gusta que Correa vuelva a marcar el primer gol de la temporada y sea convocado con la selección de Argentina. No, que va, no me gusta. Ni tampoco ver a Koke y a Saúl como dos titanes en el centro del campo. No me gusta Lemar desbordando y dando rapidez, ni me gusta Juanfran subiendo y bajando, poniendo pases increíbles arriba y robando balones peligrosos abajo. No me gusta Godín con Savic mostrando poderío en el área (a pesar del fallo de ayer), ni tampoco me gusta Filipe Luis dejándose la vida en el campo con las botas cubiertas de cal por correr encima de la línea de banda. No me gusta Oblak parando todo lo que se puede parar, y hasta algunas de las que creíamos imposibles de atajar. No me gusta este Atleti supercampeón, no, qué va.

Y no me gusta este Atleti por una sencilla razón, porque me encanta, me enamora, me sublima, me flipa, me alucina, me entusiasma. Este Atleti es el mejor que he visto nunca. Este Atleti al que tanto amo no me puede gustar más. Pase lo que pase. Aunque empate en Mestalla.

P.D. Lo de las camisetas azules contra un equipo que viste de blanco no me gusta nada de nada. Odio eterno al fútbol moderno. Nike, vete a la mierda. Tebas, vete con ellos. 

Aúpa Atleti. Siempre.

(Gracias, Cholo)