El sábado el Atleti colmó mi paciencia. Mi hermano y yo nos fuimos antes de que el Málaga nos metiera el tercero en casa. Un Málaga que pelea por evitar el descenso, con un presupuesto (a pesar del jeque) muy inferior al nuestro, con una historia ridícula comparada con la nuestra. El tercer gol lo oímos en el semáforo de la glorieta de Pirámides. Y pensábamos que había sido del Atleti porque los 400 aficionados malaguistas gritaron más que todo el Calderón apesadumbrado y resignado a un equipo en el que no pinchamos ni cortamos. Somos aficionados pasivos.
Le decía yo a mi hermano al llegar al campo que iba al partido como quien va al trabajo. Sin muchas ganas. Esperando a ver qué Atleti nos encontrábamos. En cuanto vimos la alineación (con Quique es más fácil acertar una quiniela de quince que la alineación del fin de semana) nos miramos y dijimos: "la cagamos". Otra vez Elías en la banda, otra vez Raúl García dejando solo a Mario Suárez en el medio centro. Forlán en el banquillo y el inefable Diego "Rantamplán" Costa acompañando a Agüero arriba. Eso sin contar con que Perea volvía a estar en el once titular. Y encima no le colocan en su puesto, de lateral, sino que vuelve a ponerlo de central acompañando a un Godín tan inseguro como lento. Estaba claro que nada bueno podía pasar.
Y así fue. El Málaga jugó como un grande (sin esperar al Atleti, sin especular con el empate, sin perder tiempo, sin conformarse con el 0-1). El Atleti ni siquiera jugó. Aquello parecía un corral en el que los rojiblancos hubieran perdido la cabeza. La única diferencia era que nuestros pollos no corrían, sólo caminaban desorientados por el campo mientras el Málaga (muy organizadito, muy colocado, muy serio) seguía generando ocasión tras ocasión. Y fueron cayendo las oportunidades y los goles mientras Quique dejaba que los socios viésemos cómo calentaba Juanfran en la banda para no sacarle y demostrar lo mal entrenador que es. Un tipo, el sobrino de la faraona, que no ha sabido gestionar una de las mejores plantillas de primera división. Un fulano que ha generado una tensión y desconfianza en los futbolistas que ha alcanzado cotas difíciles de igualar. Un elemento que pone de titular un mes seguido a Valera (alucinante) y luego le hace desaparecer del mapa, o que se quita de enmedio a Fran Mérida sin motivo aparente, o que hace debutar a Juanfran sin presentarle a sus compañeros en una eliminatoria copera contra el Real Madrid, que apuesta por Costa dejando en el banquillo a un tío que es doble bota de oro, máximo goleador del mundial y mejor futbolista de la máxima competición planetaria. Un fulano que insiste en cambiar de posición a los futbolistas. Que nunca pone a Elías en su sitio, que no sabe motivar a los chicos y que genera tanta incertidumbre que lo único que demuestra es que su puesto es el de un títere al servicio de los delincuentes que robaron el club y que no pinta nada en la institución, de ahí que tenga que hacer en cada alineación una demostración de poder en su parcela, la de desestabilizar al equipo. Quique, vete a la mierda. Y a ser posible llévate contigo a Pitarch, a Gil, a Cerezo y a toda la gentuza que se sirve de la emoción y el sentimiento de los que creemos en un equipo de fútbol para engañarnos una y mil veces. Aunque no hayamos entrado en Champions a pesar de tener el tercer mayor presupuesto de la Liga, aunque el fracaso de la Europa League (que aún no está segura) nos lo quieran vender como un gran éxito en una competición donde ya hemos demostrado que somos los mejores... y empezará el baile de fichajes mediocres a bombo y platillo, un nuevo proyecto, otra mentira infame... iros a la mierda. Que os den.
Mañana jugamos contra el Racing. Nos queda en casa el Hércules y acabamos en Mallorca una temporada triste, gris, mediocre, insana, llena de rutinas, de bufandas de plomo, de protestas verde y oro, de futbolistas desorientados, de partidos insípidos, de fracasos vestidos de fe, de esperanza, de que somos una gran afición y toda esa milonga.
A este paso no sólo dejo el blog sino que dejo de cantarle a mi hija el himno del Atleti, y prendo fuego al Calderón.